¡Malditas lesiones!

Primero fue Cristiano, luego Kaká, más tarde Higuaín y ahora yo. En todos los casos existe un denominador común: las lesiones siempre vienen en el peor momento. Ya sea porque finalmente se está cogiendo la forma, porque ya estás en forma o porque estás en el comienzo de coger la forma, lo cierto es que las lesiones son malditas en todos los sentidos.

Tengo comprobado en mi ya dilatada carrera como deportista de élite de barrio que no hay año sin lesión. Sería el equivalente al «no hay verano sin romano» que dicen los estudiantes de derecho. Cuando piensas que ese año te has librado de la lesión viene el frío y el mal calentamiento, y te contracturas algo; te dan una patada o golpe; o simplemente te lesionas el tobillo después de saltar con tus colegas en una estúpida noche de borrachera.

Las lesiones son simple y llanamente una prueba mental, un obstáculo más en la vida del deportista. Le hacen más fuerte o simplemente acaban con él,siguiendo la teoría de la selección natural propugnada por Darwin, otro deportista reconocido sin duda. En el primer caso, el deportista que estaba tan cerca de coger la forma ha de pasar por los pertinentes días de reposo,recaída, vuelta al reposo, otra prueba más y otra recaída, reposo y finalmente fisio. Es un largo y estúpido proceso que podría simplificarse con un reposo y vuelta a la actividad si fuésemos lo suficientemente pacientes.

Por desgracia, los que hacemos deporte habitualmente realmente lo necesitamosfunciona en nuestro cuerpo como cualquier droga convencional y por tanto nos engancha. Así que renunciar a él supone largos días con el mono,que difícilmente superan la pregunta sencilla de «¿te vienes a echar un partidito?». Lo que al principio es un no rotundo más tarde se convierte en un «bueno, quizá pueda forzar», para ser tras muchos ruegos un «venga va, me apunto».

Tras la recaída vuelve el reposo, y por fin el deportista es consciente de su error. Ni carreras, ni pachangas y ni siquiera correr tras el autobús. Lo primero es la lesión y hay que recuperarse a cualquier precio (fsioterapeuta incluido). Por el camino, se pierde la forma, en muchas casos la moral y con frecuencia la silueta. Lo que nos había costado meses de esfuerzo y tesón lo echamos a perder en unas pocas semanas.

Y vuelta a empezar.

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