Raúl González Blanco: el fin de una era (II)

Primera parte

Su cuesta abajo lejos de ser un impedimento para Raúl, le hizo aún más fuerte, adquiriendo un poder desmesurado dentro de un vestuario tan jerárquico y difícil como el del Madrid. Avalado por sus 10 años en la élite y por su conocimiento del club, Raúl manejó el vestuario, apadrinando jugadores o crucificando a otros, apoyando a los entrenadores o dejándolos a su suerte. Sin mucho ruido, Raúl ha manejado el vestuario sabiéndose el más antiguo del lugar y el más importante de todos, por encima de entrenadores, presidentes o nuevas estrellas.

Hierro-Raúl

Hierro colocándole el brazalete de capitán a Raúl

Este modelo de club no era nuevo, y provenía sobre todo de la etapa en la que Fernando Hierro controlaba con mano de acero el vestuario, tanto en el Madrid como en la selección. Y Raúl lo adoptó como algo natural, casi incluso necesario para la supervivencia del club.  Uniéndolo a la vieja doctrina madridista de enseñar a los jóvenes los valores del club y su funcionamiento, Raúl se arrogó unas  obligaciones y derechos que estaban casi por encima del entrenador y del presidente. Consciente o inconscientemente, su poder era tan grande que incluso los jóvenes valores destinados a derribar la puerta, como él hiciese años atrás, se veían cohibidos y acorbardados.

Este modelo, ya exportado por Fernando Hierro a la selección, lo intentó consolidar Raúl, apoyado también por una prensa que reclamaba del 7 -de España por aquella época- un liderazgo que Raúl ya no podía ni debía asumir. Al menos futbolísticamente. El mismo liderazgo que no permitía que otros jugadores más jóvenes y con más calidad, velocidad y potencia, explotasen. El liderazgo a veces se tiene pero otras muchas veces se otorga. Hay jugadores que necesitan sentirse apoyados para liderar. Otros en cambio necesitan un liderazgo compartido.

Toda esta situación, que no es más que un ejemplo típico de gestión de recursos humanos, fue rápidamente interpretada por Luis Aragonés. El sabio, con muchos años a sus espaldas de jugador y de entrenador, conocía perfectamente el rol de los jugadores veteranos y de los jóvenes.  Y sabía que la influencia de Raúl incomodaba a otros jugadores y no permitía que los jóvenes liderasen un proyecto que contaba con más talento que nunca. Por eso, el sabio decidió que ya era hora de un relevo generacional. Y lo hizo de la única manera que podría hacerlo, eliminando al máximo exponente de una época, Raúl González Blanco. Su manera de actuar no era nueva y ya muchos años atrás se hizo algo parecido con la quinta del buitre.

Y sin embargo, nunca una decisión  de un entrenador ha sido tan discutida y traumática para una selección de fútbol. La eliminación del que tiraba del carro suponía poco menos que dejar el carro a la buena de Dios. Sin líder, sin referencia, parecía que España se quedaba huérfana del que muchos consideraban el único capaz de llevar a la selección al triunfo, tal y como lo hiciese en el Real Madrid.

Por el camino, muchos se olvidaban que Raúl no había liderado al Madrid al estilo de Maradona con Argentina o Nápoles, si no que más bien lo había liderado al estilo de Pelé con Brasil, junto con otros grandísimos jugadores. Como Pelé con Garrincha, Didí  o Zagallo y otros jugadores de primer orden mundial, Raúl contó para liderar al Madrid con jugadores tan carismáticos como Fernando Redondo, Fernando Hierro o Roberto Carlos primero, y con Luis Figo o Zidane después.

Se trataba por tanto de un liderazgo compartido que no sólo ejerció Raúl, y sin el cuál seguramente Raúl no habría pasado a los anales de la historia como no lo hicieron muchos otros delanteros con más cualidades que él. El 7, supo sin embargo aprovechar sus oportunidades y fue capaz de rendir incluso por encima de su capacidad y de sus limitados recursos. Raúl sería el ejemplo de empleado terriblemente eficiente, que con pocos recursos es capaz de sacar adelante el trabajo brillantemente. Raúl fue capaz de exprimir su capacidad competitiva hasta la extenuación, hasta el absurdo incluso, contabilizando récords, cargados de valor histórico pero carentes de épica y de importancia real para el día a día del equipo.

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