¿Dopaje en el baloncesto?

La noticia saltó ayer y varios medios de comunicación españoles se hicieron eco. Por lo visto, la directora de la agencia antidopaje lituana aseguró que había resultados anómalos en dos jugadores, uno macedonio y otro español. Más tarde FIBA Europa descartaba toda posibilidad de dopaje, zanjando el caso.

Logotipo de la FIBA

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Partiendo de la base de que falta demasiada información para hacer un juicio de valor respecto de lo que realmente ha pasado, si me gustaría señalar varios puntos de interés:

1) Convendría establecer, tanto para el baloncesto como para el resto de deportes un cauce oficial para este tipo de comunicados. Por un lado debe primar la transparencia con cualquier tipo de dopaje, evitando así el interés creado de evitar que los sucios casos de dopaje salgan a la luz, y por otro lado, se debe ser escrupulosamente cuidándose con el tratamiento de la información. No es lo mismo un caso de dopaje, un supuesto caso de dopaje o un resultado dudoso. Conviene por tanto manejar con claridad los términos y asegurar que todas las personas relacionadas con la cadena de información se expresen mediante los cauces adecuados en los momentos adecuados. De lo contrario se pueden dar dos situaciones: a)Un tratamiento injustificado a los deportistas, b) Una preocupante ocultación de información.

2) En los deportes de equipo los casos afectan necesariamente de manera diferente que en los deportes individuales. En estos últimos, es el deportista en su totalidad el responsable de sus logros, y por tanto ha de ser sancionado, conllevando con ello la pérdida de lo ganado. Ahora bien, ¿cómo afecta esto a los deportes de equipo? ¿Puede un jugador influir en el resultado final de un equipo compuesto por 12 personas? La respuesta, como los gallegos es depende. Depende de qué jugador se trate. No es lo mismo que hubiese sido Ibaka, imaginemos que hubiese un hipotético caso en el que el jugador hubiese consumido sustancias, tal y como ocurre en Estados Unidos, que Navarro. En el último caso, la relevancia del catalán en el juego español fue determinante mientras que la de Ibaka, sin desmerecer sus tapones no lo fue tanto. Así pues, es difícil determinar qué tipos de sanciones se deberían realizar.

3) ¿Que son los resultados anómalos? Normalmente los deportistas pasan controles antes de ir a las competiciones y después. Los niveles de los distintos parámetros deberían ser en principio similares con alteraciones solamente en supuestos especiales de consumo de determinadas sustancias. Así pues, ¿es posible, cómo se suele decir que sea el propio cuerpo el que genere esas sustancias? Puede ser posible desde luego que una persona tenga un índice de un parámetro más elevada que otra, pero en condiciones normales ese nivel debería ser siempre regular. Lo que no tiene sentido es que con el mismo entrenamiento un jugador tenga un nivel, digamos como en este caso, de testosterona, y que tres días más tarde ese nivel sea extraordinariamente alto. En este punto, es demasiado grande el agujero legal que se produce, pero también la inseguridad jurídica. Convendría en este punto delimitar de manera clara que es un resultado anómalo.

4) Presumiendo la presunción de inocencia de todo deportista y de toda persona en general, hasta que no se demuestre lo contrario, no podemos evitar pensar que por analogía con otros deportes de élite, en el baloncesto existe el dopaje. Si existe en el ciclismo, atletismo o fútbol, como no va a existir en el baloncesto. Si atendemos a las noticias son en realidad decenas los casos de dopaje que salpican los deportes anualmente. Distinto es que de no tratarse de casos importantes no se le preste la atención debida.

5) ¿Y si hubiese dopaje en el equipo español? Si hubiese un caso de dopaje, da igual Reyes que Navarro o Ibaka que Claver seguiríamos pensando que España es muy superior al resto de equipos. Pero eso no evitaría pensar que no se ganó en buena lid y que se utilizó una ayuda externa no necesaria. A veces es tan sencillo como consumir una sustancia que simplemente te de seguridad mental además de la propia mejora física. Le pasa incluso a los estudiantes que a veces consumen curiosas pastillas mezcla de cafeína y taurina, que en realidad actúan más como “aseguradores mentales” que físicos. Nada de ello impide, en el primer caso, que se trate de un consumo inapropiado de sustancias que bien pueden determinar que un jugador esté más atento que otro y logre o evite una canasta clave.

Por todo ello, el dopaje es un mal a evitar y contra el que luchar, porque crea una sensación de inseguridad demasiado grande en algo tan noble como en el deporte. Más allá de grandes palabras y pequeñas actuaciones, lo que se necesitan son reglas estrictas, profesionales capacitados y toda una estructura tan exigente con el deportista que  evite que a éste se le pase si quiera la posibilidad de consumir sustancias dopantes.

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