Las lágrimas de Nadal

Todas las derrotas duelen: duelen las que se producen por aplastamiento del rival y también las denominadas dulces en las que se está muy cerca de la victoria. Ayer Nadal sufrió una de esas dulces derrotas que en realidad supo más amarga que ninguna de las anteriores.

 Y eso, porque ayer por primera vez en las 7 veces que el serbio ha vencido a Nadal, el español tensó la cuerda al máximo. Lo hizo logrando llevar a Djokovic al quinto set, tras sufrir durante los sets anteriores lo indecible. Pero Nadal aguantó incluso en el cuarto set cuando con nada a cuarenta en contra el serbio tenía la oportunidad de ganar el juego u quedarse con 5-3 a uno solo del partido. Lo hizo también durante el quinto set, aguantando las embestidas del serbio.

 No pudo sin embargo aguantar al final del partido cuando cada punto es oro y cuando las fuerzas flaquean. Parecía que iba a ser Djokovic el que sucumbiese a la exigencia física del partido, pero muy atrás quedaron los tiempos en los que el español era superior físicamente al serbio.

 Nadal es mejor que el 99% de los jugadores del circuito y sobre todo a todos ellos les saca una diferencia abismal en lo referido al físico y a la mentalidad. No así a Djokovic. El serbio se ha reinventado teniendo incluso en este momento una superioridad física y mental respecto a Nadal.

 Y eso, unido a una superioridad técnica hace que las opciones de Nadal de ganarla en cada partido sean reducidas. Dkojovic tiene un revés casi tan bueno como su derecha. Y no hablamos de un drive cualquier sino de uno capaz de martillear al rival como lo hizo el serbio en el último juego. Si además a eso se le suma un saque potente y difícil de defender, tenemos la fórmula perfecta.

 Mucho ha mejorado Nadal respecto a anteriores enfrentamientos pero aún así no es suficiente. Se nota sobre todo en el saque en el que no logra sacar la ventaja que por ejemplo si consigue Djokovic. Bien es cierto, que el de Manacor ha aumentado su agresividad  y su determinación. Pero todavía hoy no es suficiente para ganar a un tenista que parece un cyborg. En tierra, hierba o pista dura, el serbio le ha privado a Nadal de tres Gran Slams y de varios torneos importantes.

 Un castigo demasiado severo para un jugador como Nadal que se las prometía muy felices cuando hace justo tres años le sacaba unas lágrimas de impotencia al todopoderoso Federer. Aquel parecía el inicio de una nueva dictadura, la de Nadal. Hoy es Dkojovic el que gobierna con mano de hierro como ningún otro tenista lo había hecho en la historia, sacando a Nadal unas lágrimas de impotencia como las que vimos ayer en la entrega de premios.

 Las lágrimas que se intuían en la cara de Nadal son las lágrimas del guerrero vencido que lo ha dado todo en la batalla y aún así ha perdido. Son lágrimas que no se ven pero que se sienten y que se ven detrás de un rostro destrozado por la más dura de las derrotas. Son las lágrimas de la incomprensión de quien no sabe porqué pierde. Son lágrimas de impotencia y de rabia que esperemos que algún día se tornen en merecidas lágrimas de alegría tras vencer al hoy mejor tenista del mundo, Novac Djokovic.

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