El Homenaje a Raúl González Blanco

No pude ver el partido del muy devaluado Trofeo Santiago Bernabeu, pero si pude leer por tuiter como viene siendo mi costumbre, evitando contaminarme de noticias y comentarios de Marca y As, a pesar de que de vez en cuando leo sus páginas.

El trofeo se interpretó como un homenaje a Raúl. Un justo homenaje a aquel Raúl grande que todos recordamos. El primer Raúl, ese que además de comerse el césped tenía la capacidad para ser el delantero titular del Real Madrid. Aquel Raúl dejó paso a otro, que en herencia de anteriores capitanes, no ayudó a regenerar el vestuario con sangre nueva.

Raúl, como cualquier otro gran jugador, se resistió a ser suplente, pero por el camino algunos perdimos gran parte de la admiración. Se borró el recuerdo del Raúl fresco y veloz para dar paso a uno impreciso, inerte sobre el campo, que vivía de goles en el área pequeña sin aportar mucho más al equipo.

La necesidad de dar paso a nuevos jugadores choca muchas veces con el necesario respeto a aquellos que fueron grandes en el equipo. En todos los clubes ha supuesto una difícil transición pero en pocos ha tenido el impacto del Real Madrid. Porque este equipo como pocos se ha visto representando con sus jugadores. Lo que empezó con Bernabeu eligiendo a Molowny en vez de Di Stefano, más tarde obligó también a que Butragueño le dejase paso al propio Raúl o a que se vendiesen o no renovasen a jugadores tan carismáticos como Roberto Carlos, Mijatovic o Hierro, por citar solo a unos pocos.

Pero el Real Madrid no puede vivir ni de sus títulos pasados ni de las grandes leyendas, porque pocos clubes tienen la exigencia de ser cada día el más grande. Por eso, incluso jugadores como Raúl o Di Stefáno han de dejar paso a los que vienen por detrás.

Y ahí es donde confluyen muchos aspectos claves para evitar una traumática ruptura. La determinación del entrenador, la actitud del jugador, el apoyo del presidente y ,por supuesto, la presencia de jóvenes promesas. Esa gestión es la que garantiza una transición pacífica que pocas veces se da.

Y esa transición de muchos años fue la que provocó que muchos pensásemos que el mejor Raúl había pasado y que ese otro, más lento, más torpe, menos determinante, ya no tenía sitio en el Real Madrid. Lo mismo que en opinión de muchos ocurre ahora con Casillas, y lo mismo que seguro que pasará en cuatro o cinco años si se renueva a Cristiano Ronaldo.

Esa gestión puede ser ejemplar como en el caso de Giggs o Scholes en el caso del Manchester United, si se aúnan factores como un entrenador con personalidad, una grada que entiende que las leyendas seguirán siendolo aunque jueguen menos, y unos jugadores veteranos que asuman su rol de suplentes sabiendo que ellos también fueron jóvenes.

De lo que al final se trata es de que el Real Madrid siga siendo grande y para eso han de jugar los mejores. Se tiene que aplicar una meritocracia indispensable que a veces puede ser dolorosa, como cuando el entrenador de instituto no puede alinear a su hijo. Pero es por ese camino, y también por la vía posterior de homenajear a esos jugadores leyenda cuando se retiren, gracias a la cuál el Real Madrid tiene la grandeza actual. De lo contrario, Di Stefano no haría dado paso a los jugadores del Madrid Yeye, Camacho habría jugado con 40 años y Raúl jamás habría tenido la oportunidad de debutar dejando en el banquillo a Butragueño.

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