El Real Madrid quema Munich y va camino de Lisboa

Aquellos que  vieron al Real Madrid caer en las tres últimas semifinales de Champion League, los que tantas veces han visto al equipo hundirse en Alemania y caer contra el Bayern de Munich, los niños que nunca vieron a su equipo llegar a una final de Champion y todos aquellos que siempre hemos esperado un Real Madrid dominante, imperial, como en los tiempos de Don Alfredo Di Stefano, vivimos ayer el mejor partido del Real Madrid en Europa en años, lustros y décadas.

El 0-4 en el Allianz Arena haciendo parecer al Bayern de Munich un equipo ridídulo, menor, insulso, aburrido e inoperante, es un partido para la historia. Un partido perfecto, jugado por cada uno de los jugadores y por su entrenador sin error. Solamente la tarjeta amarilla de Xabi, que se perderá la final, empaña algo ese resultado, aunque nadie en su sano juicio renunciaría al principio a la tarjeta a cambio de un 0-4.

Los que vimos el partido constatamos lo que pensábamos que habíamos vislumbrado en la ida y en la final de la Copa del Rey, que este equipo ya está maduro para ganar y ser campeón. Fueron 6 años de ridículo en Europa y 3 de impotencia en semifinales, para al final hacer el partido perfecto contra el rival perfecto en el escenario perfecto.

Los dos goles de Ramos no fueron sino consecuencia de la mentalidad de los jugadores. Concentrados, perfectamente colocados, permitiendo al Bayern jugar en zonas sin peligro, desde el minuto 1 el partido parecía lo que fue. Un Real Madrid como el de hacía años, el de las grandes citas europeas, el de Old Traford, el de aquel equipo de las tres copas de Europa que jugaba como quería. Un equipo que controló el partido de principio a fin. Un equipo que dominó con mayúsculas, sin necesidad de posesión. Dominó porque jugó como quiso.

No solo fue el peligro de los atacantes, con Bale callando bocas a los que decían que era individualista, con Cr7 batiendo el record de goles y con Benzema demostrando que su pausa es fundamental para el equipo, sino que además la defensa estuvo sencillamente perfecta. Pepe fue inexpugnable todo el partido, Ramos fue el que debía haber sido siempre y Coentrao y Carvajal se consagraron como grandes laterales. El canterano anuló e incluso intimidó a Ribery, al que algunos consideraban el mejor jugador del mundo. Y Coentrao demostró que es un lateral válido y necesario para el Real Madrid. Ya es hora de que algunos periodistas paguen sus deudas, con él y con Modric, pero también con otros jugadores, perjudicados por la falsa españolidad. En el Real Madrid solo caben los mejores, sin importar la procedencia.

El medio fue de Modric y Xabi, una pareja perfecta que Ancelotti tendrá que recomponer en la final. Para algo se han gastado más de 60 millones en Isco e Illaramendi. Quizá la opción de Casemirro o hasta incluso la llegada de Khedira en el último tramo de la temporada.

Junto con Di Maria, necesario para atacar pero también para defender, el Real Madrid defendió como un muro y atacó como un martillo. Apenas hubo momentos de inquietud y el Bayern de Munich tardó 60 minutos en disparar su primer tiro a puerta. Mientras, el Madrid parecía crear peligro en cada jugada. Con Modric dominando por completo el medio del campo, en el enésimo partido perfecto de la temporada, y con el peligro de la BBC, más la aportación de Carvajal y Di Maria, el equipo le hacía muchísimo daño a un Bayern roto.

El equipo alemán fue menos robusto que nunca. Por un lado, los jugadores que sacó Guardiola al campo no supieron desarrollar el juego de toque propio del técnico catalán, pero por otro el equipo bávaro no supo defender. Quizá este Bayern no tenga a los jugadores adecuados para ese estilo de juego. Ribery y Robben, jugadores destacadísimos el año pasado, este no lo han sido tanto. Y los también verticales Kross o Muller es posible que tampoco encuentren su sitio. Sí lo hacía Thiago, que era la pieza fundamental para ese nuevo engranaje. Era el Xavi del Barcelona, el jugador que debía ser el centro de todo el sistema. Pero aún así, contra equipos cerrados a Guardiola le ha faltado su Messi, ese jugador capaz de romper sistemas propios y ajenos con tres simples toques y una galopada.

Hoy ganó el fútbol, ese deporte que dicta que gana el que más goles marca. Ese deporte que se ha jugado siempre no en función de la posesión sino de las oportunidades. En un partido en el que el Bayern tuvo casi el doble de posesión que el equipo blanco, 64% frente a 36%,  nadie que lo haya visto recordará jamás este partido del equipo alemán, pero sí del Real Madrid, que dispuso de muchas oportunidades.

En el fútbol, el patrimonio fundamental es el gol, y todo lo demás, desde los pases, los centros, los tackles, las faltas y sí, también la posesión son elementos secundarios. Y este Real Madrid, el máximo goleador de la Champion League, con el máximo goleador en la historia de la competición, Cristiano Ronaldo, pero con infinita calidad en sus filas, representa el gol.

Este partido debería ser el penúltimo antes de lograr la ansiada décima, pero al igual que el Bayern ha cometido el error garrafal de menospreciar a este Real Madrid, los jugadores y los aficionados cometerían un tremendo error menospreciando la capacidad bien del Chelsea o del Atlético de Madrid de ganarles en la final.

La realidad es que el Real Madrid es finalista 12 años después, gracias al magnífico trabajo de un Carlo Ancelotti que poco a poco ha construido su estilo, pero también gracias a las decepciones y aprendizajes de años anteriores. La mayoría de las veces, para levantarse hay que haberse caído antes y para ganar hay que haber perdido.

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Algunas fotos tuiteras con no poca gracia:

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