La tarjeta amarilla a Xabi Alonso

La tarjeta amarilla a Xabi Alonso, que le hará perderse la final de la Champion League y que evitará que el público disfrute de uno de los mejores medios centros de la última década, debería plantear un debate en cuanto a las normas de la FIFA/UEFA.

Xabi Alonso

Xabi Alonso

 El fútbol es un espectáculo, justificado por la calidad de sus actores principales, los futbolistas. Cuesta entender por tanto que en un evento como una final, un jugador, sea Xabi Alonso u otro, se pierda el partido por una tarjeta amarilla que vio en otro partido. El efecto de la amarilla consiste en limitar el número de faltas que puede hacer un jugador por partido, con la amenaza de una tarjeta roja que le expulse definitivamente.

 Esa norma, que también está contemplada en muchos otros deportes no debería en absoluto influir en partidos futuros, y mucho menos, cuando hablamos de finales, mundiales o europeos.

 Para estos casos en los que el deporte rey se ve obsoleto, solamente hace falta mirar al otro lado del charco, a Estados Unidos, donde nos llevan décadas de ventaja en cuanto a la gestión del deporte. Allí, un deporte tan bien gestión como el baloncesto, por citar uno, jamás permitiría que una estrella se perdiese las finales de los playoffs.

 En cambio, lo que si tienen muy claro allí es que el jugador tiene que ser modélico y ejemplar, y cualquier conducta antideportiva es castigada con severidad. Pero evidentemente estamos hablando de agresiones o comportamientos inadecuados, y nunca de una falta, que  en el caso de Xabi, pudiera ser o no amarilla, pero es en todo caso un lance del juego.

 La regla debería cambiarse en el futuro, como muchas otras. El fútbol seguirá siendo el deporte rey pero si quiere seguir evolucionando necesita cambios en su reglamentación.

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