Hasta aquí hemos llegado: fin de liga para el Madrid

A falta de los 5 minutos de descuento todavía tenía el Real Madrid esperanza para seguir vivo en liga. Pero el pitido final  acabó con un esperpento que suficiente ha durado. El Real Madrid lleva dos temporadas jugando con un portero que directamente no tiene el nivel de primera división. Tampoco la selección española, con el mismo protagonista, Casillas, y dos cómplices, Carleto Ancelotti y Del Bosque, dos técnicos que muchas semejanzas y con una trayectoria con el Real Madrid sospechosamente parecida.

 El empate de ayer no es culpa al 100% de Casillas. Evidentemente. El equipo estuvo físicamente poco fresco, poco concentrado y el Valencia aprovechó esta fragilidad. Pero es en ese tipo de partidos en los que un delantero entonado o un portero top te salvan los muebles. Justo lo que hace no tanto representaba un Madrid que decían que era Casillas y Ronaldo Nazario.

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 Pero ayer ese portero que debía estar para salvar lo imposible, tal y como hizo por ejemplo Diego Alves en el área contraria, estuvo para no hacerlo (el segundo gol de Javi Fuego) y para regalar lo factible como ocurrió en el primer gol. Los reflejos de Casillas para rechazar el remate de Pepe a un lado fueron insuficientes, metiéndose el gol en la portería.

 Es curioso como un portero que ha vivido de sus reflejos y de su uno contra uno sea precisamente en esos momentos en los que sufra sus peores pesadillas. Iker Casillas ya no tiene esos reflejos, porque tiene 15 años más que cuando debutó. Sencillo. Y tampoco tiene lo que si tienen el 90% de los porteros veteranos: mejora de destrezas como el juego aéreo, la colocación o el juego de pies. El resultado, un portero que no es de la categoría del Real Madrid.

 Casillas es solamente un episodio más en la gestión de los pesados por parte del Real Madrid. Pero el caso más singular y traumático porque un portero leyenda y querido por todos se ha convertido en un enemigo de la afición y del propio equipo. El de Móstoles ha seguido los pasos de Raúl o Hierro finalizando su andadura con más detractores que seguidores, incapaz de reconocer su propia decadencia, envuelto en una soberbia mala para él y para el equipo.

 Quizá sea la maldición del Real Madrid, comenzada muchos años atrás cuando Di Stefano, en decadencia también, le hizo un pulso a Santiago Bernabeu obligándole a elegir entre él o el entrenador. El presidente lo tuvo claro, y aunque seguro que fue la decisión más difícil de su carrera, le ofreció la puerta al que fue el santo y seña del equipo. El argentino se marchó disgustado al Español y la relación entre ambos fue fría hasta muchos años después.

 Pero esa decisión permitió al Real Madrid seguir creciendo y apostar por otros jugadores nuevos y jóvenes. Seguro que a muchos de ellos les habría venido bien el consejo y ayuda de un veterano como Di Stefano, pero por desgracia no fue así. La imposibilidad de que esos jugadores leyenda se retiren como jugadores en el Real Madrid, asumiendo pocos minutos pero liderando al equipo emocionalmente, es un déficit histórico del club. Lo que ejemplarizaron Giggs o Scholes en el Manchester United jamás ha pasado en el Real Madrid.

Unos, como Casillas o Raúl opusieron toda su resistencia, utilizando si era necesaria a la prensa para por ejemplo denostar a los jugadores que se estaban delante suyo como Diego López o Benzema. Otros, como Butragueño o Michel buscaron un retiro fuera del club, aprovechando esos últimos años de fútbol pero sin perjudicar al club. Y solamente unos poquísimos se fueron por la puerta grande, como Zidane, que perdonó su último año de contrato.

 La vida es cíclica y el fútbol también. Y los jugadores perecederos. Unos deben de dar un paso atrás para que otros den un paso adelante. No creo que a nadie le guste ver a un mito como Casillas encajar goles absurdos y ver en su cara la más absoluta desesperación. Pero con su actitud soberbia y arrogante, incapaz de asumir sus limitaciones, más pendiente de echarle la culpa a la defensa y de echarse a correr refugiándose en la prensa amiga, Casillas ha tenido el peor final posible.

 Pero ojo, que la culpabilidad se extiende también al banquillo y a la presidencia. Ancelotti parece ser la única persona que no ve lo que el resto consideramos evidente. No sé si Keylor habría parado o no las que falló Casillas. Pero si se que el costarricense, que apenas ha tenido oportunidades, cuajó un mundial excelente. La insistencia en alinear al de Móstoles resulta incomprensible bajo cualquier punto de vista, incluido el de paz social, paz con la prensa, paz de vestuario…Porque la consecuencia es un equipo menos competitivo. Y eso se extiende a cualquier posición y partido.

 Y Florentino Pérez tampoco se libra porque él, como Bernabeu debió haber dado hace tiempo las instrucciones para acabar con ese acoso de la prensa hacia la competencia de Casillas, apoyando a Diego López y fichando a 2 porteros de nivel.

 Pero esta es la historia del Real Madrid. La historia de cómo un equipo con los mejores jugadores del mundo, con una plantilla de cientos de millones, de un club que debió ser hegemónico (más aún), se conformó con unos pocos títulos, aunque fuesen la novena o la décima.

 El siguiente capítulo de esta historia lo escribirá Ramos, el próximo super intocable, el próximo peso pesado que utilizará su historia, influencia y jerarquía para mantenerse en el puesto hasta que el ridículo le obligue a apartarse.

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