Los derechos televisivos en Inglaterra y la quiebra del modelo español

La noticia de la venta millonaria de los derechos televisivos del fútbol en Inglaterra ha hecho temblar a más de uno y es muy probable que sea el principio de grandes cambios por venir en el fútbol europeo y español. Y si esto no ha hecho temblar los cimientos del fútbol debería hacerlo porque a partir de este momento la competitvidad de  la exmejor liga del mundo se verá seriamente comprometida. Como si uno fuese la NBA y otro la ACB, un escenario inmediato supondría la fuga de los mejores futbolistas a la Premier League.

Logotipo de la Premier League inglesa

Logotipo de la Premier League inglesa

 Los que todos estos años han seguido llamando a la liga española la mejor liga del mundo o la liga de las estrellas, quizá se basen en otros tiempos, en los que el pelotazo inmobiliario también llevo a nuestro fútbol al máximo nivel. En aquella época, el Betis, un equipo modesto aspirante a jugar en un año bueno la Uefa, se podía permitir gastarse en la nueva perla brasileña Denilson, 4000 millones de pesetas. En ese modelo de crecimiento masivo y alocado, donde el dinero circulaba a espuertas, todo parecía optimismo, a imagen y semejanza de lo que vivía España.

 Pero, hete aquí, que la crisis llegó, y los equipos que antes tenían las arcas llenas se encontraron con inmensas deudas y hubo que recurrir a subvenciones públicas y a todo tipo de ardides para, no ya seguir compitiendo, sino sobreviviendo. Lo cierto es que desde hace años, muchísimos clubes de fútbol no son viables económicamente, sostenidos por ayuntamientos o comunidades, que tratan el fútbol como un bien público, y tolerados por unas Federaciones y poderes del estado mucho más permisivos que con cualquier otra empresa o un particular.

 Solamente la entrada de nuevos inversores extranjeros y las políticas aplicadas por los clubes viables económicamente, Real Madrid y Barcelona, principalmente, han logrado sostener una liga cada vez menos competitiva y abocada a una reforma profunda o un colapso inmediato. Y es que a final de cada año lo importante es que los clubes reciban suficientes ingresos para mantener su competitividad y para seguir pagando sus deudas.

 Y eso, es algo que en el fútbol requiere de un triple concepto: derechos televisivos, merchandising y explotación del estadio. Precisamente algo que si han logrado los ingleses y no solamente a través del primer concepto. Los clubes de la Premier y muchos de la Second Division se basan en aficiones numerosas y leales a su club. Eso, más un modelo de organización óptimo hace que los estadios se llenen cada fin de semana; los aficionados ayuden a sus clubes en la expansión de su modelo de negocio y a su vez, los dirigentes sean capaces año a año de configurar plantillas competitivas.

 Evidentemente, un modelo con un reparto equitativo de los derechos televisivos ayuda a esa viabilidad, pero eso es consecuencia previa de una excelente organización de la liga a todos los niveles. A modo de ejemplo, mientras que en Inglaterra se puede obtener una entrada para cualquier partido de fútbol sabiendo la fecha y hora exacta, en España se programan casi 15 días antes. Mientras que todos los estadios ingleses cumplen con las condiciones perfectas para jugar al fútbol, en muchos estadios españoles vemos como muchos céspedes no aguantan ni 45 minutos y cómo algunos estadios no cumplen las mínimas condiciones. De igual manera, mientras que por ejemplo una Federación ha implantado una mejora tecnológica para detectar los goles fantasma, otras a duras penas consigue lograr que los árbitros cumplan y hagan cumplir el reglamente.

 En definitiva, uno es un fútbol moderno, avanzado, con unas instituciones, a todos los niveles, preparadas para el máximo profesionalismo, el otro, es un fútbol improvisado, con estructuras caducas y dirigentes incapaces. Solamente hay que ver al presidente de la Federación, Villar, y su reacción en el caso de la muerte de un aficionado del Deportivo de la Coruña en los aledaños del Calderón. Como este señor, decenas de dirigentes igualmente incapaces pueblan los principales estamentos futbolistas, incluyendo también a los dirigentes de las plataformas televisivas.

 Serán estos señores los más perjudicados porque junto con la decadencia de los clubes irá la suya propia. Algo lógico de explicar tras comprobar como se cometían aberraciones como programar partidos para las once de la noche. Por no hablar del parón navideño, que implica que mientras en Inglaterra todos los aficionados pueden disfrutar del fútbol durante sus vacaciones, en España, los futbolistas, con su sindicato al frente, se consideran iguales que cualquier otro trabajador y demandan sus quince días de descanso, para desconsuelo de quienes finalmente les pagan el sueldo. Algo dantesco y absurdo que finalmente llevará a la ruina del fútbol español, o al menos de los clubes más débiles.

En la medida en que se logren rectificar estos aspectos (como se ha hecho este año con la liga en navidad), la liga podrá seguir siendo competitiva. Ahora mismo los equipos de la Premier tienen un poder económico que se puede ir incrementando año a año.

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