James se apunta a la rebelión de la plantilla

James, seguramente el mejor jugador de la plantilla del Real Madrid y uno de los jugadores con más futuro, se ha unido a la moda de las declaraciones poniendo en duda al entrenador, iniciada por Ramos.

James Rodríguez con la selección de Colombia

james tras marcar un gol durante el mundial de Brasil

A eso hay que añadir que Cristiano Ronaldo ha decidido realizar una serie de declaraciones poniendo en duda su futuro, con la inestabilidad que este tipo de afirmaciones suele provocar en un club como el Real Madrid.

Y si James, Ramos y Cristiano Ronaldo no están contentos con el devenir del equipo, es fácil que otros les sigan los pasos. Es lo que ocurre cuando los capitanes en vez de liderar el equipo con declaraciones correctas lo hacen al revés.

Hasta hace poco considera a James uno de los “listos” del equipo; uno de esos jugadores de equipo, que acataban las decisiones del entrenador y luchaban por ser mejores y por ganarse al entrenador, respetando las normas. Con estas declaraciones, James demuestra ser lo suficientemente listo como para haber aprendido como funciona el vestuario del Real Madrid y sus resortes para presionar, y lo suficientemente tonto como para ayudar a arruinar un nuevo proyecto del equipo

El entrenador del Real Madrid, Rafa Benítez es quien manda sobre la alineación, el máximo responsable de sus resultados y la máxima autoridad, nos guste o no. Y por tanto, poner en duda sus decisiones equivale a poner en duda lo más básico del club.

Es absolutamente impensable alguna de estas declaraciones en tiempos de Don Santiago Bernabeu. Y en caso de haberse producido, el resultado habría sido muy distinto,como se observa en este artículo.  Ninguno de estos jugadores, ni de otros que anteriormente osaron levantar la voz contra su club, presidente, afición o entrenador, seguiría en el equipo.

Dicho esto, para mí James tiene que ser titular siempre. Me parece desde el primer día que llegó un jugador espectacular. Pero ese error de Benítez no lo puede juzgar ni el propio jugador ni ningún otro de la plantilla. Lo juzgará en todo caso el presidente o los resultados.

De lo contrario, el equipo se convierte en lo que ya es, una jaula de grillos donde todos opinan en público, poniendo en duda al entrenador, al médico o a quien sea.

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