Raúl González Blanco: el fin de una era (II)

Raúl, Raúl González Blanco se retira. Aquel que en mi memoria es el chaval que debutó contra el Zaragoza, fallando dos goles clamorosos pero presentando credenciales del auténtico crack que después sería.

Raúl González Blanco en su debut

Raúl encarando a Cedrún en su debut (no marcaría ese gol)

Quiero pensar que ese es el Raúl que permanece vivo en mi memoria y no aquel otro que usurpó su identidad al primero y ya buscó solamente su gloria personal por encima del club. Una historia en realidad similar a la de Casillas e incluso con alguna traza similar a la de Di Stefano (aunque con resultados muy diferentes).

La maldición de los grandes mitos es envejecer y no poder seguir siendo el mismo jugador competitivo de antes. Envejecer y perder peso en el equipo y liderazgo. Y ese mal, no ha sido ajeno al Real Madrid, plagado de mitos y estrellas. Y quizá por eso mismo nunca ha sabido gestionar el ocaso de todos ellos: unas veces frustrados por no jugar, otras sobrevalorados por su pasado o en ocasiones hiperpagados. Pero casi siempre creando un problema para el club que les vio crecer y que adicionalmente les dio la oportunidad de triunfar. Esa es la asignatura pendiente del Real Madrid.

Pero no quiero desviarme demasiado porque el título de esta entrada tiene en su primera palabra el nombre de Raúl. El 7 blanco fue un digno heredero de ese número y sus goles y títulos se echan hoy de menos, sobre todo estos últimos. Porque si algo fue Raúl fue un animal competitivo, un ganador que hacía que sus compañeros ganasen.

Por eso mismo ayer se despidió con su última liga y antes pululó por otros campos del mundo también ganando partidos. En ligas menores, con menos exigencia colectiva pero no propia. Porque Raúl es y será un ganador.

 

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