Benítez es destituido: llega Zidane

Benítez se marcha como vino, entre lágrimas. Estará llorando en su despacho,  impotente, sintiéndose seguramente totalmente incomprendido ante el reto de su vida. Al fin y al cabo, el equipo está a solo 5 puntos del primero y en la siguiente fase de la Champion League, pensará. “Y solo he tenido 7 meses para desarrollar mi método” se dirá a sí mismo, en la soledad eterna de quien ha perdido el favor del pueblo. Pero nada de eso importa porque esto es el Real Madrid y las cosas funcionan de otra manera.

Benítez llorando en su presentación

Benítez llorando en su presentación

La cuerda siempre se rompe por el lado más débil y en este caso Benítez lo era. Aunque en realidad, la cuerda viene rompiéndose por el mismo lado desde hace décadas. Florentino Pérez no es tan distinto de Mendoza o de Lorenzo Sanz y devora igualmente entrenadores. Si antes se echó a Antic yendo líder, porque no hacía fútbol espectáculo; después a Heynckes tras lograr la Copa de Europa 32 años y hace no tanto a entrenadores como  Mourinho o Ancelotti, ¿como no le va a  tocar su turno a Benítez?

De Benítez comenté que o ganaba la liga con claridad o que no se comía el turrón. Se lo ha comido por muy poco pero seguro que se le ha indigestado. Ya comenté el día de su fichaje que tenía la cuádruple labor de convencer a jugadores, prensa, afición y presidente. Y no ha logrado convencer a nadie y especialmente a los jugadores, que empezaron a rebelarse muy pronto. Ellos son los mismos de siempre, los verdaderos ganadores de todas las crisis. “Que pase el siguiente” pensarán, mientras eligen de modo asambleario, como la CUP, hasta cuando le dan de margen.

Dependerá de si hay que entrenar muy duro o no, de lo que esté dispuesto a ceder el entrenador (concentraciones, permisos…), del respeto debido a las vacas sagradas o del sistema de juego. Dependerá, en definitiva, de si el entrenador quiere o no mandar donde no debe, el vestuario del Real Madrid. Propiedad de sus jugadores casi desde la muerte de Don Santiago Bernabéu, y no del entrenador, quien tiene que asumir responsabilidades ante los resultados.

Tampoco ha convencido Benítez a la afición, siempre impaciente, con el recuerdo más fresco de los éxitos del pasado que de los fracasos del presente. Esa misma afición que creé recordar las 5 Copas de Europa seguidas, que casi ninguno vimos, o las 5 ligas ganadas de la quinta hace tanto que fue en el siglo pasado. Los años sin ganar ni un título, las temporadas en las que los jugadores eran capaces de ganar una Copa de Europa y quedar quintos en liga o las sonrojantes humillaciones en Copa del Rey o contra el Barcelona, no sirven a la exigente afición madridista que tiene el mismo listón de 1958, a pesar del evidente cambio de época.

Y qué decir del presidente, desolado con Benítez,  perdido y sollozando en su sillón porque no jugaban todas sus estrellas. ¡Engañado por su propio entrenador! James, su último gran fichaje, humillado en el banquillo. No, Florentino Pérez o no supo o no quiso saber que fichaba no a un gestor de estrellas sino a un obseso del método, sin mano izquierda para manejar egos, tan cuadriculado que profesionales sin tacha como Arbeloa o Xabi Alonso habían huido de sus métodos. Cada vez menos omnipotente y más cerca de la humanidad del resto de los mortales, Florentino Pérez es el único que sobrevive a las mismas crisis que él ayuda a crear.

Florentino Pérez enfadado

Florentino Pérez enfadado

Y finalmente, Benítez también perdió pronto el favor de la prensa. La misma prensa que había reclamado antes a un entrenador español y de la casa, y que no ha dudado en criticar a Florentino Pérez por no hacer fichajes que conozcan al Real Madrid. La prensa, ese animal aparentemente etéreo, sin cuerpo definido aunque con rostro claro y visible en forma de portadas que son capaces de hundir a un portaaviones como el Real Madrid.

Benítez pondrá rumbo al Leicester o algún equipo similar, que era a donde se dirigía en primera instancia, antes de que el Real Madrid se cruzase en su camino. De aquí habría que preguntarse si Benítez era el entrenador apropiado con la plantilla dispuesta. Seguramente no y sus últimas experiencias no le avalaban precisamente. Y es ahí donde también hay responsables, más allá de los jugadores, que ya sabemos hace mucho que son los que mandan.

La realidad es que apenas hay media docena de entrenadores capaces por currículo y por capacidad de entrenar al Real Madrid.  Y algunos de ellos como Heynckes, Mourihno o Ancelotti ya han pasado, fracasando incluso, y otros como Guardiola jamás lo harán. No basta con conocer la casa, ni con haber ganado una copa de Europa como jugador o entrenador, ni tampoco con haber sido un gran jugador o tener mucho carácter o mucha mano izquierda. Es mucho más complicado que eso, porque no hay entrenador que pueda imponer su autoridad absoluta y dictatorial si desde arriba el apoyo no es incondicional. No, la llegada de Zidane o de cualquier otro, la limpia del vestuario, la realización de los mejores fichajes cada año o incluso la marcha del presidente no resuelven el problema.

Butragueño y Sanchís levantando un título

Butragueño y Sanchís levantando un título

El Real Madrid lleva desde la quinta del Buitre precisamente sin un modelo deportivo y futbolístico claro. Más de dos décadas apostando por entrenadores tan dispares como Capello, Hidink, Del Bosque, Mourinho, Pelegrini o Benítez. Cada uno con sus preferencias futbolísticas y todo ello trufado de millones de euros en gastos de los mejores futbolistas. Por eso, por el talento innato que siempre tiene el Real Madrid en sus plantillas, el equipo sigue compitiendo y ganando títulos.  Pero esos títulos, dos de ellos tan significativos e importantes como el doblete de Ancelotti hace solo dos años, no impiden que los aficionados y el entorno en general perciba al Real Madrid en crisis constante. Da la sensación de que cada vez cuesta más, de que se acerca algo parecido al ciclón que arroyó al Benfica, aunque ni siquiera esté a la vista.Y lo cierto es que lleva sumido en esa crisis deportiva casi el mismo tiempo que el Barcelona lleva sumido en lo contrario, la estabilidad deportiva.

La diferencia entre el Barcelona y el Real Madrid en todos estos años no es Messi ni tampoco la mayor o menor valía de los entrenadores. Ha tenido cambios de entrenador el Barcelona, pero prácticamente todos ellos han respetado un mismo modelo deportivo y de juego: Cruyff, Boby Robson, Val Gaal, Rexach, Rijkaard, Guardiola, Villanova y Luis Enrique han propuesto un fútbol similar. Incluso entrenadores como Serra Ferrer o Tata Martino, aunque de estos el club se desprendió rápidamente.

No es que sus presidentes sean mejores que los del Real Madrid. Bartomeu no es más listo que Florentino Pérez ni sus jugadores son mejores que los del Real Madrid. Hacen fichajes buenos y malos, la cantera funciona a veces sí y a veces no, y su afición tampoco es sustancialmente mejor. La prensa si apoya más y es un factor diferencial, pero no suficiente.

Y con todo, ese modelo deportivo estable no garantiza por sí mismo el éxito, aunque es cierto que en la última década el Barcelona se acerca al máximo a ese concepto de éxito. Al final, todo en su conjunto tiene que cuadrar perfectamente y el presidente tiene que respetar la labor del técnico y este dominar un vestuario compuesto por los mejores jugadores para ese modelo.

El problema del Real Madrid no era Benítez, ni tampoco Zidane es la solución, pero que nadie descarte que este año se gane la undécima y el club, el mejor club del siglo pasado, siga sumido en esta crisis perenne con una Copa de Europa más.

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