El hundimiento del Real Madrid

Pjanic celebra el gol en el Bernabéu. Foto: Ligue 1Era un miércoles a las 20:45, la extinta hora Champions, un 10 de marzo, y el segundo proyecto de Florentino Pérez parecía empezar hundiéndose. Fallaba su primera reválida de verdad, los octavos de final de la Champion League, segundo fracaso de la temporada, tras el famoso alcorconazo. Una fase de grupos que el club no pasaba desde hacía 5 años, cuando el primer proyecto de Florentino había comenzado a hundirse. El resultado a remontar era un 1-0 y el equipo acabó empatando a pesar de adelantarse en el marcador Cristiano Ronaldo, con un balón al palo de Higuaín en el recuerdo del madridismo.

Hoy, 9 años después, el equipo vuelve a caer en octavos de final ante un rival, a priori sencillo, el Ajax, como aquel Olympique de Lyon, aunque esta vez el resultado es infinitamente más estrepitoso. Sin embargo, aquello se vivió con la misma indignación porque a pesar de la fabulosa inversión en jugadores, el club seguía sin ser capaz de superar esa fase de grupos por sexto año consecutivo. El intento de reflotar al equipo por parte de Florentino Pérez parecía no surtir efecto, y el club seguía deportivamente hundido.

Resultado de imagen de real madrid ajaxHoy, la indignación es por el resultado y por la costumbre (mala) de llegar a semifinales y de ganar Champions. Ocho semifinales y cuatro títulos levantados acabaron avalando aquel proyecto que se empezó a construir con la derrota del Real Madrid de Pellegrini y que acabó con el Real Madrid completamente reflotado, convertido de nuevo en un trasatlántico. Concretamente el mejor y más bonito de Europa.

Hoy, mientras el barco sigue hundiéndose poco a poco, ya se empieza a pensar en cómo reflotarlo y construir otro proyecto desde esta derrota. El apabullante 1-4, un resultado sin paliativos, con un Ajax que fue hoy mucho mejor y también en la primera parte en la ida, deja hundido un proyecto en el que apenas unos cuantos eran capaces de agarrarse al mástil sin ahogarse.

Se acabó un ciclo maravilloso que se empezó a construir aquel 10 de marzo de 2010 y con la posterior llegada de Mourinho, Ancelotti y Zidane. El proyecto tuvo como base aquellos jugadores fichados en ese verano (especialmente Cristiano Ronaldo, Benzema y Xabi Alonso) y otros que fueron llegando (Bale, Modric, Kroos, Varane, Casemiro o Carvajal) más algunos que ya estaban como Pepe, Marcelo y Ramos. Un elenco de jugadores de gran calidad, que fueron adquiriendo competitividad también a base de alguna dolorosa derrota (5-0 en el Camp Nou o la eliminación en semifinales contra el Bayern de Munich).

De aquel grupo, ya este verano se marcharon algunos imprescindibles como Cristiano Ronaldo o Pepe, en menor medida. Y otros empezaron a coquetear con su marcha como Bale o Modric. Un grupo saciado de Champions League y de muchos trofeos (no de ligas) y que en años anteriores y que ya esa misma temporada había dado muestras de agotamiento.

La apuesta conservadora del club, mezcla de confianza en la plantilla, pocas ganar de gastar dinero en un mercado inflacionista y confianza en los títulos pasados como colchón ha salido estrepitosamente mal. También la apuesta en un entrenador como Lopetegui e incluso poner de sustituto a Solari, aunque sería muy injusto culpar al argentino, cuando ya heredó un proyecto medio hundido, con más agua dentro que fuera.

Pero fue el día que Zidane anunció su marcha cuando el barco empezó a zozobrar y producirse las primeras grandes grietas.Y hasta hoy, con el club hundiéndose a estas horas irremisiblemente hasta las profundidades de la derrota y del negro océano.

Fue posiblemente la apuesta del año pasado por un conjunto menos competitivo lo que empezó a crear esas grietas. Son siempre aseveraciones a toro pasado porque algunos ya veían el fin de ciclo en 2014. Y son además conclusiones siempre ventajistas puesto que el corto plazo choca con el largo, al igual que las necesidades financieras y deportivas no siempre son las mismas.

Lo cierto y real es que esta temporada ha sido calamitosa y hay cierta sensación de vuelta a un 2010, que creíamos ya muy lejano, aunque por el camino hemos vivido el mejor ciclo histórico en Europa en los últimos 50 años.

En ese hundimiento han colaborado indudablemente las dos derrotas contra el Barcelona, en liga y en copa. El sueño de cualquier culé era precisamente ese, ayudar a hundir al Madrid (bueno ese y ganar 3 Champions seguidas y una al Madrid si es posible). El efecto anímico de ambas derrotas, especialmente la primera, dejó ya a la actual plantilla en mínimos emocionales y futbolísticos, achicando tanta agua que era prácticamente imposible dedicar los esfuerzos a recuperar la fuerza necesaria.

Ese golpe de gracia ha dejado al Real Madrid tan tocado que los 90 minutos de hoy no son más que un innecesario tiempo extra, innecesariamente cruel para el tricampeón de Europa, y para la mejor generación de jugadores que hemos visto muchos madridistas. Como el boxeador noqueado, que solo espera irse a casa, pero al que le queda otro asalto, y tiene que ver cómo su rival va como un vendaval a rematarle y dejarle herido de muerte. Y como era el Real Madrid, ninguno quisimos tirar la toalla y anular el combate, aunque era evidente que el equipo ya no podía más.

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Solari, probablemente no quería tampoco tirarla y quiso morir con lo puesto. Esto es, su equipo base, el mismo que le había ayudado a remontar en liga, hacer un gran partido en el Camp Nou y ganar en el Wanda. Y el mismo, o parecido, que había también caído claramente contra el F.C.Barcelona en dos partidos, principalmente por la falta de gol, uno de los grandes problemas del equipo aunque desde luego no el único, porque el equipo encaja goles con una facilidad asombrosa.

Era una última apuesta al todo o nada. A blanco o negro. Buscar un par de buenos golpes y seguir pasando rondas. Ya funcionó en el pasado. Pero ha salido cruz, un partido negro, con el equipo fundido y ya aturdido a los 8 minutos con un gol tempranero del Ajax. ¿Era una repetición de las eliminatorias del año anterior del Bayern y de la Juventus? No. No lo era, porque el equipo no tenía ni fuerza ni ganas para remontar.

Podría señalar el mal partido de muchos pero me quedaré con el bueno de Modric, de los pocos que compareció durante los 90 minutos. El sí intentó liderar al equipo, pero a diferencia del año anterior, en circunstancias parecidas cuando el equipo perdía en el Bernabéu, le faltó la presencia aún más carismática de dos jugadores imprescindibles para entender este ciclo victorioso: Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo. El segundo, el primer en irse del proyecto, y el primero, fuera por considerar hecho ya hecho el pase, en un error de soberbia imperdonable. Más allá del croata, un peleón Reguilón y un Benzema intentando hacer algo que no lleva en la sangre, que es liderar, aunque lleva todo el año intentándolo.

Ahora toca reunir al mejor equipo de expertos e ingenieros para reflotar un barco hundido en las profundidades, y que seguramente durante los próximos meses de primavera se seguirá hundiendo hasta tocar fondo definitivamente. En ese momento habrá que rescatarlo. Costará mucho dinero, habrá que sustituir a parte de la tripulación que no ayudó a que no se hundiese, cambiar al capitán del barco y renovar también otras estructuras del proyecto. Y quién sabe si incluso se querrá cambiar al armador, aunque eso ya serían palabras mayores.Un trabajo arduo que ya se hizo en 2010, con el armador Florentino Pérez, pero que costó varios años de trabajo y mucho dinero.

Nueve años después, un 5 de marzo de 2019 a las 21:00, la nueva hora Champions, acabó de hundirse, otra vez, el trasatlántico más exitoso y potente de Europa, un barco llamado Real Madrid. Y lo ha hecho para volver a ser reflotado, quién sabe si en 10 años o en 32. Pero sí tenemos la certeza de que tarde o temprano el Real Madrid volverá a navegar de nuevo por las aguas de la Copa de Europa a la máxima velocidad.

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