Las chicas españolas son guerreras

A las jugadores españolas de balonmano las llaman las guerreras olímpicas. Representan como pocos españoles la antigua furia española, ahora denostada, y que muestran sin embargo a un grupo de chicas con carácter, con garra, con fuerza, con algo de furia, pero también con mucho talento. Tras ganar a Croacia en un excelente partido están en semifinales aspirando a todo.

De igual manera se podría hablar de las chicas del waterpolo, guerreras acuáticas, de cuerpos fuertes, mentalidad de hierro y pulmones de litio. Competidoras natas que en su primera participación olímpica se juegan esta noche el pase a la final contra Hungría.

Ese sentimiento de fuerza y orgullo lo ha mostrado en estas olímpiadas con más claridad que nadie la waterpolista española Maica García: “Yo por una medalla mato”. Esa es la actitud que he echado de menos en muchos deportistas, un inconformismo puro, un hambre de lucha y de victoria. Parece como si el hecho de competir en Londres, con todo un Imperio Británico en liza nos hubiese empequeñecido, recordando otros tipos en los que España perdía su Imperio a manos de Nelson. Quizá haya que recordar tiempos mejores como cuando Blas de Lezo destrozaba a la flota inglesa unas décadas antes.

 En algún momento de nuestra historia las mujeres han tomado el relevo de la verdadera furia española, ese sentimiento de fuerza, casta y orgullo que hace que te sobrepongas al dolor, al esfuerzo e incluso a una relativa superioridad rival.

 Es fácil ganar cuando se es el mejor, el más rápido, el más fuerte o el más talentoso. En esos casos, uno tiene la sensación de que se impone el orden natural, como cuando un león caza a un cervatillo.  Me ocurre cuando veo a Federer casi ganar sin esfuerzo o incluso a un Bolt con una zancada prodigiosa. Tiene mérito sin duda porque entrenan duro pero lo tendría mucho más si no tuviesen ese talento privilegiado. Quizá por eso ver ganar a Nadal me resulta más esperanzador o ver a Pistorius sobreponerse a su discapacidad. Quizá ese sentimiento explique porqué normalmente apoyamos al más débil, al pequeño, frente al fuerte.

Ese sentimiento de David contra Goliat es el que veo con las chicas españolas, sobreponiéndose a todo y escalando año a año puestos. Lo aplicado para estos dos equipos también vale para muchas otras deportistas.

 Al frente de todas ellas, la sevillana, Marina Alabau, talento puro, es cierto, pero explotado al máximo lo que le ha hecho ganar con holgura, sin dudas, sin miedo, pero con fuerza y garras.

La primera selección española campeona del mundo

Hubo en un tiempo en el que España no era noticia por sus victorias individuales y en los deportes de equipo. Apenas asomaban en el panorama internacional media docena de deportistas individuales destacados, mientras nuestros combinados nacionales se conformaban con asomarse cada cierto tiempo por el podio, en el mejor de los casos.Ese tiempo comenzó a cambiar tras las Olimpiadas de Barcelona, el auténtico punto de inflexión de nuestro deporte. De aquel evento surgieron grandes campeones pero sobre todo un cambio de mentalidad que se iría  reflejando en los años venideros, eclosionando definitivamente durante la última década.

Un año antes de aquel evento que cambió para siempre el deporte español, en 1991, asomaba por las lejanas aguas australianas, en la ciudad de Perth, una joven generación de jugadores de waterpolo que marcaría una época y que lograría  varios títulos mundiales y medallas olímpicas. Aquella selección estaba liderada en la piscina por uno de los más grandes waterpolistas de la historia, Manuel Estiarte, y en la portería, por uno de los jugadores más carismáticos de aquella selección, el inolvidable Jesus Rollán.


Sus historias, paralelas en éxitos durante muchos años, sin embargo pronto convergieron en dos líneas muy distintas. Manuel Estiarte se convirtió en delegado olímpico y en directivo del Barcelona después, mientras que Rollán tuvo un trágico final fruto de una profunda depresión. El mítico portero se suicidó, incapaz de superar varios traumas personales. Con él, murió una personalidad única y especial, pero no el recuerdo de una época tan grande que logró que muchos nos juntáramos alrededor de la televisión para seguir un deporte tan minoritario como el Waterpolo.

Mi primer recuerdo de este deporte es precisamente durante las Olimpiadas de Barcelona. Aquel verano España se empachó de éxito. Llegaron los oros de la vela, el judo y hasta el hockey hierba femenino, aunque por encima de todos ellos el oro de Fermin Cacho en 1.500 logrado en una carrera para la historia y el oro de  la selección de fútbol. Se lograron otros oros y otras tantas medallas de otros colores, entre ellas la de plata para la selección española de waterpolo.

Aquel magnífico premio fue en realidad una profunda decepción para todos los que seguimos a España en aquel campeonato, incluidos los propios jugadores. En una disputadísima final, Italia le birló el oro a España por solamente un gol, en un vibrante partido que incluyó varias remontadas de España y una prórroga. Aquella final acabó con las lágrimas de muchos jugadores, mostrando por primera vez el ansia de triunfo y victoria y la decepción por la derrota.

El carácter y calidad de aquella selección, que incluía un nutrido grupo de talentosos jugadores, hizo que cuatro años más tarde España se proclamase campeona olímpica, venciendo en la final a la difícilísima Croacia y en semifinales a Hungría. Se lograba así un hecho histórico y se continuaba además con la presencia en el podio de una selección que dos años antes había logrado la plata en los mundiales.

Los siguientes años traerían la decepción de Sidney, con un cuarto puesto logrado tras perder contra la subcampeona olímpica, Rusia, pero también traería la confirmación de que aquella selección estaba siempre entre las mejores del mundo, logrando dos oros consecutivos en los mundiales de Perth y Fukuoka.

Aquellos resultados, que mostraban claramente la capacidad de una generación para mantenerse durante muchos años en la élite, fue la primera constantación de un cambio de mentalidad en el deporte español, sobre todo a nivel colectivo. Lo que hoy nos parece  habitual, ver a nuestros combinados nacionales en el podio, logrando campeonatos de manera regular, hace una década era impensable. Y quizá también lo sea en el futuro, como ahora ocurre con el waterpolo español, lejos del oro desde el conseguido en el último mundial, y con dificultades para acceder al podio de manera regular a pesar de la plata lograda recientemente en 2009.

Por eso, las imágenes de aquella maravillosa selección comandada espiritualmente por Rollan y deportivamente por Estiarte permanecerá en el recuerdo de los que derramamos lágrimas de tristeza en Barcelona y de felicidad en Atlanta. Aquella selección será siempre recordada como la pionera de muchas victorias que vendrían después y como la selección que tenía en su portería a un coloso llamado Jesus Rollán.

¡¡El Barceloneta, el mejor equipo de la historia!!

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Mil días sin perder, 100 partidos levantando los brazos en señal de victoria cuando suena el pitido final y tres años consiguiendo triplete en Liga, Copa del Rey y Supercopa. Este es el resumen de la trayectoria del técnico aragonés, Santi Fernández, al frente del Barceloneta.

La verdad es que no podiá faltar una mención en mi blog al “mejor equipo de la historia”. Vi la noticia hace poco y me pareció increíble que la prensa no se hiciera eco de algo asi. Estar mil días sin perder durante 100 partidos es algo que muy pocos equipos de ligas competitivas habrán conseguido. En mi búsqueda por internet no he encontrado algo al respecto, aunque es posible que haya pasado en algún país pequeño o en una liga menor, no profesional.
En todo caso, el waterpolo en España es un deporte competitivo con clubes importantes como el Canoe o el Barcelona, lo cuál aumenta sin duda el mérito del Barceloneta. Por poner un pero, no ha sido capaz de mantener esta racha en el campeonato europeo. Sigue leyendo