Vuelve la ilusión en el Bernabeu

El Bernabéu pareció ayer de nuevo ilusionado, animoso, con ganas de ver a su equipo remontar un resultado que pronto se tornó adverso. En la primera jugada con peligro del Gerona, la defensa del Real Madrid descuidó la marca y rápidamente se endosó el 0-1 en el marcador. Para ser eliminatoria, con los goles con valor doble en campo contrario, el inicio era esperpéntico, como gran parte de la temporada.

Pero la novedad fue que esa adversidad en vez de achicar al equipo, lo agrandó. El equipo de Solari atacó y disparó a puerta en la primera parte en numerosas ocasiones, y el 2-1 bien pudo haber sido un 4-1.

Luego la segunda parte trajo un formato similar. Buen juego del Real Madrid y un error, esta vez individual, que provocó el 2-2. Parecía nuevamente una situación para bajar los brazos, con un resultado nada beneficioso para los intereses blancos.

Pero volvieron a aparecer algunos de los jugadores destacados del partido. Los goles de Benzema y Ramos resolvieron el resultado y llevaron la alegría a un Bernabéu que por fin vuelve a recuperar las esperanza. ¿Y si ha vuelto el Real Madrid? se preguntaban algunos.

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Lo cierto es que los jugadores son los mismos campeones de Europa que hace un año. La gran diferencia hasta ahora, además de la presencia de Cristiano Ronaldo, era la falta de tono físico, y también psicológico. Ayer el equipo sí notó esa subida de nivel. Algo que se observa en jugadores como Modric o Casemiro, que ahora empiezan a mostrar su mejor versión. Es evidente que el mundial ha provocado que el inicio de temporada para el Real Madrid fuese físicamente muy bajo y ahora, como en otros años, muchos jugadores empiezan a adquirir su mejor momento físico.

También influye la presencia de jugadores menos habituales que le aportan al equipo vigor y frescura. Ayer, Odriozola fue muy incisivo en ataque, Ceballos mostró equilibrio y control del medio del campo y Vinicius fue un puñal por su banda. Y quiero volverme a parar en el jugador brasileño, como he hecho otras veces.

No, no es normal que un chico de 18 años levante al Bernabéu y aporte esa producción ofensiva. Logra generar ese rumor de expectativa, que solamente han logrado jugadores como Zidane o Ronaldo. Cuando el joven carioca coge el balón, el público sabe que va a encarar, que va a regatear y buscar el área contraria. Y logra el objetivo muchas veces, aunque muchas otras malogra la última jugada. Algo por otra parte normal en un jugador todavía por madurar, que necesita aprender a elegir sus mejores opciones. Cuando lo haga, y va muy rápido, será un atacante de primerísimo nivel.

Esas novedades lograron que ayer el Real Madrid marcase 4 goles y espantase los fantasmas de la falta de gol, algo que lleva persiguiendo al equipo toda la temporada. A cambio, se encajaron dos goles, en fallos muy concretos, y eso es algo a seguir mejorando.

Pero la noticia es que el Real Madrid, con pie y medio en semifinales, va a comenzar los meses vitales con el mejor ánimo y probablemente con toda la plantilla a disposición de Solari. Y ahí, veremos si el técnico toca las piezas y mejora lo que ya empieza a funcionar o por el contrario el equipo empeora. Pero es de suponer que contar con jugadores como Bale o Asensio debería ser más una suma que una resta. De como gestione el técnico argentino a la plantilla dependerá su futuro, y lo más importante, el presente de esta temporada del Real Madrid.

Gebreselassie, un merecido Premio Príncipe de Asturias

La historia de Haile Gebreselassie es una de tantas historias de niños africanos que recorren grandes distancias yendo a sus colegios andando, corriendo o en bicicleta, y desarrollan después una extraordinaria resistencia. En el caso de Haile, además el destino quiso que se convirtiese probablemente en uno de los más grandes fondistas de la historia.

Con un particular estilo de correr que tenía como elemento diferencial una blanca sonrisa que parecía conferirle la capacidad de correr sin esfuerzo, Gebreselassie dominó con mano de hierro la distancia de los 10.000 metros de 1993 a 2000. En ese tiempo ganó 4 oros en mundiales y otros dos en las Olimpiadas, convirtiéndose siempre en el rival a batir.

Y como todo deportista fue batido después por otro gran atleta, Bekele, aunque siguió estando en el podio ganando otras medallas hasta que decidió pasarse al maratón.

Es la historia por tanto de un hombre que ha dedicado su vida al atletismo,ganando lo inimaginable y batiendo toda clase de records. Por eso, su nominación a los Premios Príncipe de Asturias y la posterior concesión del mismo es sin duda un acierto.

Son estos premios al deporte una extraña mezcla entre el reconocimiento a una trayectoria y el reconocimiento a un gran año o varios años. Así, la concesión del premio a nuestras selecciones nacionales de fútbol o baloncesto o a Alonso o Nadal rompen con la dinámica de entregar el premio a un deportista a toda su carrera.

Quizá debería el jurado tener la paciencia suficiente para entregar el premio a deportistas ya retirados, adquiriendo así cierta distancia sobre el hecho logrado. La mayoría de las veces, los logros deportivos adquieren mayor relevancia cuando se contemplan en perspectiva. Así, ahora somos conscientes de la dificultad de ganar dos mundiales de fórmula 1 o de ganar lo que ganó la selección española de baloncesto.

De esa manera, los premios tendrían quizá algo más de épica y de recuerdo a una gesta lograda. Al estilo del oscar a toda una carrera, los Príncipe de Asturias de los deportes deberían ser como el resto de galardones que premian toda una carrera.

En todo caso, la concesión a Gabreselaise ahora o diez años más tarde debía llegar porque nos encontramos ante un atleta único, con esa inconfundible sonrisa que despitaba a rivales y telespectadores, y que tenía también después las carreras.