El Tic-tac de Lopetegui

Cuarto partido sin ganar y 3 derrotas son motivo suficiente para hacer tambalear el puesto de Lopetegui y el tic-tac blanco ha empezado a sonar. Por momentos, Lopetegui parece tener la misma cara que tenía Benítez poco antes de ser destituido, y desde luego las sensaciones son parecidas.

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Pero lo cierto es que volcar toda la responsabilidad en el técnico vasco sería tan injusto como  hacerlo individualmente con los jugadores. Parece claro que Benzema está lejos de la faceta goleadora de los primeros encuentros, pero hoy con Mariano en la segunda parte tampoco se han generado apenas ocasiones. El medio del campo, con Modric, Casemiro y Kroos parece a menor nivel que otros años y la defensa en general no parece encontrar su mejor versión. Sin los laterales titulares se ha perdido hoy pero también se perdió en otros partidos con Marcelo y Carvajal. Y algunos de los suplentes no dieron la talla en Moscú. Y en la portería, si bien Courtois no ha estado afortunado en el gol, si lo estuvo en otras ocasiones.

Así que convendría repartir las culpas, aunque en fútbol la primera víctima es siempre el entrenador. Es evidente que este Real Madrid juega distinto al de otros años. Falta una pieza llamada Cristiano Ronaldo, un jugador que ha condicionado el juego del Madrid desde su llegada, siendo capaz de garantizar un gol por partido.

Este Real Madrid, capaz de estar 4 partidos sin marcar, se parece más al Real Madrid de antes de llegar Cristiano, más vulnerable, menos intimidante. Y eso no puede estar exclusivamente en el debe del técnico vasco. Su misión era suplir la carencia del jugador luso, intentar que el liderazgo lo asumiesen otros jugadores y apostar por un modelo de juego donde se encajasen menos goles. Lopetegui apostó por un modelo de fútbol de posesión y presión alta que fuese capaz de jugar en campo contrario y generar ocasiones. Pero lo que debería ser una posesión de toque rápida se ha convertido en transiciones lentas y previsibles, y lo que debía ser una presión alta, es apenas un amago de presión, que batida la primera línea, casi siempre es capaz de generar peligro en el área blanca.

El equipo parecía haber encontrado al principio de la temporada a un líder en Bale y dos fieles escuderos en Benzema y Asensio, pero a las primeras dificultades parecen diluidas las responsabilidades. Y ahí incluyo también al resto de pesos pesados. En general las responsabilidades también deberían recaer sobre todos ellos.

Y es que desde la marcha de jugadores como James, Morata o Pepe, la plantilla parece configurada en dos bloques, con los pesos pesados, titularísimos, casi inamovibles y un bloque de claros suplentes, chavales jóvenes y prometedores. Una brecha clara, que apenas rompen Nacho y Asensio. Este último con suficiente nivel para no ser suplente, pero quizá sin nivel suficiente para ser titular indiscutible en el rol de atacante decisivo del Madrid.

Un modelo de equipo que debía  gestionar Lopetegui. Si el plan A a principio de temporada fue el técnico vasco, se debe seguir apostando por él, mantenerle todo el año y darle otro más, independientemente de los resultados. Pero debe tener manos libres para hacer y deshacer, y debe hacerlo con personalidad. Si por el contrario, Lopetegui fue un parche y no se cree realmente en este modelo, se debería cambiar inmediatamente al entrenador y buscar refuerzos en el mercado invernal.

Ahora mismo su situación es francamente delicada porque es un racha realmente mala si atendemos a la historia del club. No se pierden 4 partidos en 11 partidos desde la temporada 2005 y la racha de 4 partidos oficiales sin marcar solamente se compara con otra que data de 1985. Si atendemos al comienzo, no es nada positivo comparado con los entrenadores recientes.

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Pero en uno u otro caso el mensaje debe ser claro. El Madrid post-Cristiano y post´Zidane tenía que vivir estos vaivenes, sí o sí. No es sencillo gestionar la ausencia del mejor jugador del mundo y de uno de los entrenadores más carismáticos de la historia del club. Quizá ahora se valore más el récord de victorias o de partidos consecutivos marcando gol. Que los dos se hayan marchado al mismo tiempo, dejando un gigantesco hueco es algo muy complicado de gestionar, y el club debe actuar como un solo bloque. Incluso en derrotas dolorosas como las de hoy, se debe mantener la serenidad. Señalar únicamente a Lopetegui como responsable sería además de injusto un error.

Zidane sigue ganando

Nueva victoria del Real Madrid de Zidane, que sigue invicto en esta liga, y que mantiene el liderato a pesar de la falta de brillantez en su juego. O al menos eso dicen todas las crónicas, porque lo cierto es que ayer se vieron varios goles de bella factura. Pero sí, el resultado no muestra esa superioridad real del equipo blanco ni ese rodillo que debería ser.

Se podría decir que el equipo de Zidane defiende mal, aburre y que no juega a nada, aseveración, esta última, aplicable al Real Madrid de los últimos 25 años.  Pero gana. Y ayer lo hizo frente al mismo equipo que en jornadas previas había sacado una victoria en el Camp Nou y un empate ante el Atlético de Madrid.

Así que, aunque sea comparativamente, el Real Madrid lo hizo sustancialmente mejor que sus dos rivales directos. Ambos, por cierto, sufrieron ayer para ganar sus respectivos partidos. Así que quizá haya que ser un poco más indulgente con el equipo de Zidane.

Explicado lo malo, conviene detenerse en la parte buena. Kovacic hizo ayer un gran partido y ya ha enlazado varios con buenas intervenciones. Cuando cambia de ritmo es un jugador peligrosísimo y tremendamente vertical. Le falta todavía continuidad en el juego y ser un poco más atrevido, pero con apenas 24 años se puede decir que es un jugador de presente y de futuro. También volvió ayer Cristiano Ronaldo, o al menos sus goles. Se le vio con algo más de velocidad y regate y a fin de cuentas marcó un Hat Trick que no todo el mundo puede hacerlo. Y luego está Morata, enchufadísimo al equipo, enseñándole el camino del banquillo a Benzema. Suyo fue el gol más bonito del encuentro, tras una maravillosa asistencia de Marcelo.

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Zidane, que todavía no ha dispuesto en lo que va de año de la plantilla completa, con numerosas bajas en estos meses, está sacando adelante al equipo, primero, con 24 puntos, 7 victorias y 3 empates. Con una dinámica en la que los suplentes se sienten casi titulares, sin jugadores tan claves como Casimiro, Modric, Ramos y ayer Carvajal, y con una BBC todavía en funciones, el equipo responde.

Habrá que ver lo que es capaz de hacer el francés con todo el equipo en plena forma. Hasta ahora no lo ha tenido, y cuando lo tuvo, que fue a finales de la temporada pasada, el equipo lo ganó prácticamente todo.

 

 

Ronaldo Luis Nazario Lima: el brasileño que daba miedo

La primera vez que vi en directo a Ronaldo fue un 7 de diciembre. Corría el año 1996 y un jovencísimo Ronaldo aterrizaba en el Bernabeu. El año anterior había sido el máximo goleador de la Eredivise y había sido nombrado balón de plata, por detrás de Matías Sammer, en una de las votaciones más raras en la historia de este trofeo.

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Ronaldo jugando con el PSV

Pero no eran sus premios lo que intimidaba de él, sino los goles que ya había marcado en lo poco que llevaba de liga. Mezcla de calidad, velocidad, potencia, anticipación y juventud, mucha juventud.

Aquel Ronaldo, insultantemente joven, fue el primer jugador que en el campo vi que producía miedo de verdad. En las defensas, pero también en los aficionados. Más tarde llegaría Rivaldo y después Messi, pero ninguno como el fenómeno.

Sabíamos los aficionados que en el uno contra uno era imparable, pero también en el uno contra dos y hasta en el uno contra tres. Ronaldo era una especie de locomotora milimétricamente teledirigido capaz de romper cinturas y defensas en segundos.

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Ronaldo frente a Fernando Hierro en un derby

Ronaldo era tan bueno y tan estético que uno además de miedo hacía sentir respeto e incluso pena por las patadas que le daban. Concretamente en aquel partido, Hierro fue el encargado de pararle a base de patadas “made in Malaga”, collejas e intimidaciones. Lo curioso es que lograron pararle entre todos, y el Real Madrid ganó ese partido por dos goles a cero, para ganar finalmente una liga disputada.

Se vengaría meses más tarde el brasileño marcando un gol en la Copa del rey, eliminando al conjunto blanco. Lograría el Barcelona a la postre la recopa y la copa del rey pero no sería suficiente para retener a Ronaldo.

Nunca supe los motivos de la venta de Ronaldo. Supongo que se darían muchas circunstancias, pero estoy convencido de que los aficionados del Barcelona se darían cabezados contra las paredas por dejar marchar a un jugador de ese nivel, al que ha sido para mi, el mejor jugador de la historia, el más determinante sobre un terreno de juego.

En la mejor temporada que hizo Ronaldo en toda su carrera no pudo ganar la liga aunque difícilmente alguien podrá pensar que él no lo intentase. Se proclamó pichichi con 34 goles, con actuaciones memorables, para lograr en total en toda la temporada acabar con 47 goles en 49 partidos entre las competiciones de Liga (34), Copa del Rey (6), Recopa de Europa (5) y Supercopa Española (2).

Años más tarde le volví a ver en directo, casi transformado en otro hombre, al menos físicamente. Con muchos kilos de más, con un cuerpo que ya no era pura fibra, y sin ese aspecto juvenil, Ronaldo pisaba el Bernabeu debutando con el Real Madrid contra el Alavés. Venía de un gran mundial ganado con Brasil pero se temía por su estado físico y por su rendimiento.

Su estado físico no era el óptimo y su rendimiento pudo haber sido mucho mejor, pero los que pudimos disfrutar viendo a Ronaldo en nuestro equipo sentimos esta vez como el miedo ya no estaba en nuestra defensa sino en las contrarias.

Lo constatamos todos en su primer partido, en el que marcó sus primeros dos goles. A partir de ahí el miedo sería la tónica general de las defensas visitantes, sobre todo la del Atlético de Madrid que sufrió al fenómeno especialmente.

Años después, Ronaldo aterrizó en Milán y más tarde en Brasil. Supe por la prensa que siguió metiendo goles y siguió descuidando su cuerpo tan castigado por las lesiones y por la mala vida.

Cuando vi algunos goles me fijaba por supuesto en la definición de los mismos. Parecían todos tan sencillos de marcar: un tiro ajustado, un tiro potente: un regate, un amago y gol. Y sin embargo, viendo los vídeos a cámara lenta me daba cuenta de que lo que Ronaldo seguía haciendo era lo mismo que años atrás.

Paré la imagen y me fijé en la cara de uno de los defensores. Miraba a la bola pero de reojo intentaba descifrar los gestos de Ronaldo. Sabía que no podría averiguar por que lado iba a salir el fenómeno ni si iba a tirar a colocar o fuerte. Sabía que estaba perdido y que todo dependía de la voluntad del fenómeno.

Y entonces ví algo en el rostro de aquel defensa que ya había visto antes, años atrás en las miles de caras que abarrotaban el Bernabeu. Fue un 7 de diciembre y vi por primera vez como un estadio entero reflejaba en sus caras algo que compartirían años mas tarde aficionados y defensas: MIEDO.