A vueltas con el VAR: Relaño opina

Dice hoy Alfredo Relaño (le leo para saber que opina el enemigo), que no le gusta el VAR, que al menos antes se tenía la excusa de que el árbitro se equivocaba porque tenía que decidir en décimas de segundo. Ya no utiliza la excusa de que el VAR supone algunos minutos para tomar decisiones críticas, que también, sino que se aferra al estruendoso error de interpretación que tuvo el otro día el árbitro durante el Alemania-Chile.

Ante un codazo flagrante de un jugador chileno y tras ver el VAR, el árbitro decidió sacarle solo la tarjeta amarilla. Todos los telespectadores vimos una roja de manual, como en tantas otras agresiones, pero el árbitro debió ver otra cosa. Eso, o prevaricó ante el miedo o vaya usté a saber cualquier otro motivo. En todo caso, un error grave. Pero al menos, el VAR le dio la oportunidad de rectificar su error inicial de no ver ni siquiera el codazo.

img_lbuxeres_20161214-141704_imagenes_lv_terceros_var_2-k3jB-U412617047118scG-992x558@LaVanguardia-Web-696x391

Eso es lo que significa esta nueva tecnología, la oportunidad de rectificar, de corregir errores, de árbitros que por distintas circunstancias pueden no ver una acción determinada del juego o verla erróneamente.

Y hasta ahora, ha cumplido su función en la mayoría de los casos aplicados y ha evitado que suban al marcador goles injustos. Que por el camino los árbitros siguen cometiendo errores, es incluso normal, en tanto en cuanto ni el sistema está perfeccionado ni la tecnología es infalible ante la interpretación humana.

Pero miren, es tan fácil como sancionar al árbitro del partido Alemania-Chile sin volver a pitar un partido internacional por no saberse la norma o aplicarla mal intencionadamente. Además se puede solventar el posible criterio discrecional del árbitro, obligando a que la decisión sea tomada entre tres personas, los dos árbitros de la sala de arbitraje y el árbitro de campo. Y problema solucionado.

Otro de los problemas del VAR reside nuevamente en la discrecionalidad del árbitro en decidir cuando o no aplicar el videoarbitraje, estando sometido nuevamente a las presiones de los jugadores.  Y tenemos también la respuesta aplicando el criterio del fútbol americano: cada equipo puede reclamar dos jugadas por parte( o una o tres, es cuestión de analizar cuantas jugadas polémicas relevantes hay por partido) y si se equivoca pierde un cambio, por ejemplo, o como en el tenis, se queda sin reclamaciones. Y así, cuando los jugadores sepan que ha habido una jugada dudosa, lo único que tienen que hacer es pedírselo a su entrenador. Y además, el árbitro podría decidir a instancias de la sala de videoarbitraje, rearbitrar otras jugadas no solicitadas, cuando así se considere.

Miren, no es tan complicado aplicar la tecnología al fútbol. Y no es el primer cambio ni evolución que se ha hecho. Se trata solamente de querer progresar. Sí, ya se que se pierde la esencia del fútbol, pero ya me harté de ver como decenas de jugadas polémicas cada fin de semana, no se resuelven y estamos días con la TV, cebando esa polémica. O quizá a algunos les parece que se pierde poco tiempo cada vez que hay una jugada de este estilo y se monta un barullo de jugadores protestando. Y ahí sí, el árbitro, sin medios tecnológicos tiene que soportar una presión que ahora no tiene. Decide lel VAR y punto. Y a quien no le guste que no hubiese cometido la infracción.

Si ya, pero ya no podremos celebrar los goles igual. Otra tontería. La mayoría de los goles, diría que el 95% se producen legalmente y no hay ni faltas ni fueras de juego ni jugadas dudosas en su ejecución. El aficionado podrá seguir gritándolo sin miedo a que lo anulen. Pero a cambio, ese 5% de goles dudosos serán escrutados para evitar que suba de manera injusta al marcador. Si por el camino hay que deshacer la felicidad de millones de hinchas que cantaron el gol para que el resultado final del partido sea justo, creo que bien merece la pena.

Así que, háganme caso a mí y no a Relaño, que además de antiflorentinista y antimadridista es un tipo que necesita la polémica para vender panfletos, y lo último que le interesa es que el fútbol progrese.