Arbeloa, capitán de capitanes

Arbeloa, capitán del Real Madrid

Arbeloa, capitán del Real Madrid. Fuente: Diario As

No hace falta llevar el brazalete para ser el capitán de un equipo. No hace falta ni siquiera ser uno de los jugadores claves ni incluso jugar como titular. Basta solamente con comportarse como un capitán; ese es el atributo más necesario para ocupar ese puesto.

De Alvaro Arbeloa algunos se acordarán solamente de sus últimos años. Para él, como para casi todos, los peores de su carrera. Otros ilustres madridistas antes que él vivieron sus últimos años en el banquillo como Butragueño o Sanchís. Y solamente unos pocos, tan pocos, que solo se me ocurre uno, Zinedine Zidane, se retiraron como titulares y siendo todavía jugadores de primerísimo nivel.

Así que en este caso hace falta echar la vista atrás y recordar al mejor Arbeloa, pleno de juventud y velocidad: al Arbeloa indispensable para todos sus entrenadores, sin excepción. Con Benítez en el Liverpool, Pelegrini y Mourinho en el Real Madrid y Del Bosque en la selección, Arbeloa fue titular indiscutible. Y lo fue por criterios futbolísticos exclusivamente. Por su inteligencia táctica, por su capacidad de marcaje y sus cualidades defensivas en general. Arbeloa ha sido uno de los grandes defensas de los últimos tiempos.

Después llegó la relevancia de Arbeloa fuera de los terrenos de juego, y no por afán de protagonismo, sino por la necesidad de defender a su club y a sus compañeros. La época de Mourinho trajo consigo un aluvión de ataques contra un club que pretendía volver a su senda de triunfos. Y eso, en un contexto de dominio del F.C Barcelona en todos los niveles, también el futbolístico, supuso una batalla dentro y fuera del campo. Batalla por cierto que había comenzado mucho antes desde el Barcelona. Pero esa historia ya está contada.

Y ahí emergió Arbeloa como el capitán indiscutible de un club necesitado de ese liderazgo. El canterano no hizo otra cosa que tomar el relevo de otros grandes madridistas como Camacho, Santillana, Juanito o Hierro. Me imagino a todos esos jugadores haciendo el mismo uso de la palabra en redes sociales que Arbeloa, en defensa de su club y de sus compañeros.

Podríamos decir que Arbeloa no hizo nada a lo que no se viese obligado como madridista y compañero, pero desgraciadamente en los tiempos que corren, significarse como él en la defensa de unas ideas concretas pude traer muchos enemigos. Siempre es más fácil claudicar ante el enemigo y ahorrarse muchas críticas. Pero a ese tipo de futbolista nuestro protagonista nunca ha pertenecido. Y para él, siempre ha sido más importante salir en defensa del compañero, del entrenador-fuese quien fuese-, y en todo caso del club que le formó como futbolista de élite. Club al que siempre mostró su respeto y admiración.

Hay decenas de ejemplos de este comportamiento, propio de un capitán, de un gran capitán. Pero me voy a quedar solamente con dos, que para mí ejemplifican a la perfección el comportamiento de Arbeloa y su relación con compañeros y club.

El primer ejemplo se produce con la el auge de Carvajal y su titularidad en detrimento de Arbeloa. La juventud y calidad del primero relegó a un segundo plano a Alvaro. Una suplencia siempre difícil para quien como Arbeloa había sido siempre titular y ganado dos Eurocopas, un Mundial y una Copa de Europa. Y su reacción fue modélica, reconociendo públicamente el buen trabajo de su compañero y apoyándole en todo. Y no fueron meras declaraciones sino que el apoyo de Arbeloa a su compañero devino en amistad. Sin duda un ejemplo de profesionalidad.

El segundo ejemplo revela la personalidad de Arbeloa y es un claro ejemplo de como debe comportarse un capitán. Durante un partido contra el Getafe y ante las críticas de la grada a Benzema, Arbeloa pidió el apoyo para su compañero y consiguió revertir la situación. Su apoyo llegó más allá e incluso lo hizo meses más tarde con el conflicto del francés ante la justicia.

Este es el Arbeloa capitán, el compañero que echarán de menos tras su despedida. No hay muchos de su talla aunque cabe el consuelo de que más pronto que tarde le tendremos dentro del club ejerciendo su condición de madridista. No un madridista cualquiera, sino un perfil de futbolista inteligente y con criterio. Uno que defendió con honor y coraje su escudo, cuando fue titular o suplente. Cuando las cosas iban bien e iban mal. Cuando le aplaudían o le silbaban. Siempre.

Ha sido durante todos estos años el gran capitán del Real Madrid, y siempre un espartano más, siempre dispuesto a la batalla, siempre preparado.

¡Hasta siempre el espartano Arbeloa!

La hora de Benítez

Llega Benítez al Real Madrid con la difícil misión de contentar a la prensa, aficionados y presidentes, y sobre todo con la misión de ganar títulos. Ese será su gran aval para aguantar como entrenador tras las destituciones de Ancelotti, Mourinho y Pelegrini, todos acusados del mismo delito: no ganar un título grande en su año de cese. Con un vestuario descontento por la marcha de Ancelotti, una prensa siempre en pie de guerra y una afición desconcertada con el rumbo de acontecimientos, es la hora de Rafael Benítez.

El técnico puede emular a Camacho, que sustituyó a Queiroz, la apuesta después de Del Bosque, o puede intentar parecerse a Mourinho y aguantar 3 años en el equipo blanco, hasta ahora el máximo tiempo que le han durado los entrenadores a Florentino Pérez (y al resto de presidentes del Real Madrid desde 1970). No lo tendrá fácil en ningún caso, y aunque algunos precedentes no le avalan, quién sabe si con la mejor plantilla del Real Madrid en mucho tiempo puede el técnico madrileño triunfar.

Historial de Benítez

Historial de Benítez

En sus anteriores etapas en clubes de exigencias parecidas al Real Madrid, el Inter de Milán del triplete o el Chelsea, salió mucho antes de la cuenta enfrentado con los pesados pesados. Zanetti y Materazzi y Lampard y Terry respectivamente lideraron una rebelión que dio con el técnico español en la calle. Aquí le esperan Casillas y Ramos, ambos idolatrados por la prensa y afición (gran parte), con más de un precedente de expulsión de un entrenador y de pulso al presidente y con el apoyo silente de unos y ruidoso de otros. Jugadores como Marcelo o Pepe, segundos capitanes o Cristiano Ronaldo es fácil que no acepten los corsés tácticos y las imposiciones de un técnico obsesivo y controlador.

El mejor momento de Benítez como técnico coincide precisamente con sus primeros años en un equipo de élite, el Valencia F.C al que entrenó después de lograr un ascenso con el Tenerife, con el handicap de motivar a unos jugadores que venían de perder dos finales de Champion League. En esos 3 años ganó dos ligas, siendo el resultado en eliminatorias agridulce, cayendo eliminado en 2ª ronda en la copa del rey además de una descalificación, pero compitiendo en Europa hasta conseguir la Uefa League en su último año, logrando un doblete histórico para el equipo che.

Curiosamente, de las tres temporadas, la segunda fue la peor, cayendo el equipo en una relajación, en palabras del propio técnico, siendo en ese momento incapaz de motivar a unos jugadores que venían de ganar la primera liga del Valencia en décadas.

Después se hizo con las riendas de un Liverpool sin demasiadas exigencias y sin estrellas, más allá de un imberbe Xabi Alonso, del eterno capitán Gerard y del mejor Torres. Con aquel Liverpool consiguió la Champion League, con una remontada histórica, precisamente ante el Milán de Ancelotti, pero nunca logró ganar una liga, con resultados más bien discretos.

Rafa Benítez es ante todo un estudioso del fútbol, alguien que entiende el deporte como multitud de factores donde el talento y la creatividad son solo uno más, y quizá no los más importantes. El aspecto táctico o el físico son detallados al milímetro por todo su equipo, debidamente preparado y concienciado.

La concepción del madrileño del fútbol se resume en las siguientes palabras publicadas  en ‘El País’ en 2010:

A veces, tengo la sensación de que se confunde la calidad técnica con el talento y jugar bien con tener mucha posesión del balón. Para mí, cuando un futbolista juega bien es cuando hace lo que tiene que hacer en cada momento, cuando elige la mejor opción. A veces, un despeje en una situación comprometida es la única solución y, por tanto, tomar esa decisión demuestra calidad. Dominar el balón muy bien, regatear o pasar muy bien puede resultar erróneo si se hace cuando no se debe. Evidentemente, la calidad técnica ayuda a ejecutar mejor lo que el jugador ha pensado, pero la clave está en pensar, en entender el juego, y elegir bien. Por eso me gusta hacer razonar a los jugadores para que comprendan ellos mismos por qué hacemos las cosas de una manera u otra

Conjugar esos criterios con las demandas de parte de la afición y prensa, que reclaman, por ejemplo, la presencia de jugadores ofensivos sin tener en cuenta las necesidades defensivas del equipo, va a ser una de sus grandes tareas. Sus equipos se empiezan por atrás y es un entrenador que antepone el equilibrio y la solidez por encima del resto de conceptos. Quizá por eso sorprenda que en último año en el Nápoles su equipo haya recibido 50 goles, la peor cifra encajada por todos sus equipos.

Desde el punto de vista de manejo de vestuario y relación con los jugadores se parecería más a Mourinho que a Ancelotti aunque no tiene la mano izquierda del primero con los jugadores. Mientras que Mou era para muchos una especie de padre-líder-amigo, Benítez mantiene la distancia siempre como entrenador, siendo quizá ese su principal defecto. Si Ancelotti ha sido un entrenador condescendiente en exceso, Benítez es rígido en exceso.

Para Benítez los jugadores son como soldados, que tienen que cumplir un papel y un guión. Y eso, es algo factible en clubes sin estrellas como eran el Valencia o el Liverpool, sus dos mejores equipos, pero difícil en el Real Madrid. En el equipo blanco son más las estrellas que los gregarios. Y existe además cierta tendencia a la autogestión y autocomplacencia. Algo que se ha visto por ejemplo este año con jugadores acostumbrados a jugar lesionados si lo consideraban, a no cuidar su peso, a reprochar a un compañero que marque un gol, a desórdenes tácticos…Nada de eso lo va a tolerar Benítez. Y tampoco las imposiciones de un presidente al que le gustan demasiado los mediapuntas y fichar a la estrella de turno.

Esa cuádruple gestión de vestuario, presidente, prensa y afición es el gran reto de Benítez. Avalado por el todopoderoso Jose Ángel Sánchez (JAS), auténtica mano derecha de Florentino Pérez, tiene ante sí conseguir rentabilizar deportivamente una plantilla de ensueño, más todos los fichajes que pueda pedir. Ahora bien, en el momento en que la balanza se desconfigure y alguno de esos 4 elementos se descompense, Rafael Benítez puede seguir el mismo destino que el resto de entrenadores: salir por la puerta de atrás del mejor club del mundo.

Lo cierto es que es la oportunidad deseada para un entrenador que empezó su carrera en el Real Madrid B. Quizá por eso y ya curtido con las experiencias de Inter y Chelsea; conocedor de las exigencias propias del Real Madrid , sobre todo a nivel de juego y con el apoyo total de un presidente al que no le quedan más cartuchos, sea capaz de adaptar sus múltiples conocimientos futbolísticos y lograr muchos títulos.

 

 

Los estragos de las selecciones

En mitad de la temporada y todavía con todo lo importante por disputar, el Real Madrid se encuentra por obra y gracia de las selecciones con la mitad de sus defensas y un puñado del resto de jugadores lesionados o tocados. No cabe duda de que las lesiones forman parte del fútbol, pero lo que no se puede concebir es que el equipo que paga a sus jugadores y que ha invertido una fortuna por ellos, se vea de pronto privado de ellos para beneficio de las selecciones.

 maginemos un mundo sin clubes, solamente con el mundial y el europeo y copa América. El fútbol no sería un deporte de masas y los futbolistas serían muchos menos y peor pagados. O mejor dicho no existiría como deporte profesional. Imaginemos ahora la opción segunda, con un mundo sin selecciones. No tendríamos esos veranos patrióticos cada dos años pero sustancialmente nuestras vidas como aficionados no cambiarían demasiado.

 Y ahora veamos la tercera y cuarta opción. Por un lado, tenemos la opción actual donde los clubes están supeditados a las selecciones. Estas marcan el calendario trufándolo de encuentros en mitad de la temporada y obligando a los clubes a ceder a sus mejores jugadores. La otra opción, es la contrario, con los clubes determinando la política de cesiones, el calendario y las contraprestaciones.

 ¿Les suena? Hay un deporte profesional, la NBA, que tiene esta política. La FIBA sabe que los mejores jugadores están allí y que tiene poco sentido organizar campeonatos sin contar con las estrellas americanas. Por eso, todo se hace por y para su beneficio. Por supuesto, la NBA no se para para que los jugadores jueguen una pachanga a 10.000 kilómetros ni un partidillo contra Malta o Andorra. Los jugadores que se saben muy bien pagados tampoco acuden a cualquier campeonato si eso hace peligrar su salud física en su campeonato doméstico. Por no hablar de unos seguros cuantiosos que garantizan una suculenta indemnización en caso de que el jugador sea dañado.

 Es cierto que la NBA maneja mucho más dinero que los europeos, con un sistema de merchandising y de marketing espectacular. Pero no olvidemos que gente como Messi o Cristiano ronda los 10 millones de euros anuales. ¿Qué pasa si se lesiona cualquiera de ellos?

 Al Real Madrid le ha tocado que sean defensas como Marcelo, Coentrao o Arbeloa. Económicamente son jugadores de la plantilla medios, pero a nivel repercusión defensiva son muy importantes. El equipo blanco ha tenido la «suerte» de que sea todavía en un tramo de la temporada poco importante, pero si esto sucede en marzo o abril el equipo se juega las competiciones y con ellas el dinero.

 Es hora de dar un puñetazo en la mesa. de hacer prevalecer los derechos de los clubes, y de sus aficionados, y de supeditar las selecciones a  estos, y no al revés. Copiando la fórmula del baloncesto y rebajando la importancia de dirigentes mediocres como Platini o Villar.

 Los partidos entre selecciones se jugarían después de acabar la temporada por aquellos jugadores que lo deseen, sin imposiciones. Se jugaría el clasificatorio para el mundial o europeo en el verano, en el mes de junio. Inmediatamente después de finalizar la temporada se disputarían los cuatro o cinco partidos correspondientes, eliminando los encuentros absurdos contra equipos sin relevancia futbolística. Así, se cubrirían esos meses sin fútbol y se evitaría la carga de partidos a los futbolsitas durante la temporada. Luego, al europeo o al mundial irían ya los buenos jugadores.

 Dirigentes de los clubes pónganse las pilas o dejen paso a los que nos gusta el fútbol profesional.

Se busca capitán para el Real Madrid

El «affair Ronaldo», mas allá de servir para atizar sin parar a su principal protagonista, sirve también para poner de manifiesto muchos otros aspectos de un club que desde hace demasiado tiempo tiene demasiadas disfuncionalidades.

 Una de ellas que ahora se aprecia con nitidez es la figura del capitán. En el Real Madrid el capitán se elige no por votación o por designación como ocurre en Inglaterra, si no por antigüedad. Actualmente son capitanes por este factor Casillas, Ramos, Higuain y Marcelo. Ninguno de los cuatro ha atestiguado una cualidad especial para ejercer la capitanía más allá de su antigüedad. Es más, en algún caso podrían ser incluso malos capitanes por diversas razones: egoísmos propios, falta de inteligencia, profesionalidad…

 Hay que remontarse a Fernando Hierro para encontrar al último gran capitán del Real Madrid. Un capitán lo es dentro del campo ejerciendo como tal la labor, ayudando a compañeros o reprendiéndoles, hablando con el árbitro y también por supuesto levantado los trofeos y portando el brazalete. Pero mucho más importante es su labor interna dentro del vestuario como canalizador de los problemas entre compañeros. Y como ejemplo y modelo. Hierro, vilipendiado por un sector de la prensa si realizaba esta labor.

El capitán perfecto además sabe realizar las declaraciones fuera del terreno cuando es adecuado: bien defendiendo a su club, a sus compañeros o poniendo en valor lo que le pueda interesar al club.

 La pregunta es, ¿representa Casillas algo de esto? ¿Alguien ha escuchado a Casillas salir a defender a Pepe? ¿Alguien ha escuchado durante estos días a Casillas diciendo algo sobre lo de Ronaldo?

 Quizá podría haber dado un paso adelante y hacer como hizo Arbeloa con sus magníficas declaraciones:

«Le queremos. Es un compañero fundamental para nosotros. Es un ídolo excepcional. Nuestro jugador franquicia. Es un fenómeno. Un miembro de la familia al que vamos a ayudar».

Arbeloa aplaudiendo a Benzema

Arbeloa aplaudiendo a Benzema

Aquí es donde se ve de verdad a los auténticos capitanes. Aquellos que hacen declaraciones con sentido, remando siempre en la dirección del club. Arbeloa lo viene haciendo durante varios años. Otros como Casillas no aparecen en estos momentos mientras que jugadores como Higuain o Xabi directamente escurren el bulto. No se trata de hacer declaraciones que agraden a todo el mundo. No se trata de aspirar a ser el Premio Príncipe de Asturias si no de proteger a tu club y defender sus intereses.

 Y luego está Pepe. El portugués si es el auténtico capitán emocional del Real Madrid. Un jugador especial que siente más al Real Madrid que cualquier español. Un jugador que demuestra en sus múltiples gestos su compromiso con el club y su intención de ayudar a sus compañeros. No lo invento, hay decenas de imágenes con Pepe hablando con canteranos, saludando con cariño a fichajes como Modric, separando a jugadores o yendo a la gresca. Algo que ya hacia Hierro.

 Si por mi fuese Arbeloa y Pepe serían los capitanes.

La tangana de la paz

Hay tanganas buenas y otras malas. Hay tanganas que algunos pronuncian como tánganas y otros como tangánas. Ciertamenta nadie dice tanganás, pero al tiempo. Lo importante en todo caso es diferenciar la tangana de la paz de la tangana de la violencia. No es lo mismo un empujón en un amistoso contra Chile que uno en un derby precedido de todo un año de rivalidades. No es lo mismo que lo haga la selección nacional a que lo haga otro equipo. Lo importante es calificar dos hechos idénticos de manera distinta, buscando las excusas necesarias para ello. Si hay que culpabilizar a un hombre se hace. Se puede apelar a su extenso historial como hombre conflictivo o a su nacionalidad portuguesa, que al fin y al cabo, siempre queda bien culpabilizar al vecino extranjero.

Lo que está claro es que ayer en la tángana (el acento le da exotismo al término) Mourinho no estuvo presente en cuerpo pero sí en alma. Primero insufló su macarrismo a Iniesta que se encaró con el contrario innecesariamente. Hacerlo ganando y en el minuto 93 no tiene demasiado sentido pero como no es la primera vez que lo hace el manchego nos parece habitual e incluso simpático. Eso si, siempre desde la humildad.

Después se encaró Arbeloa, este sí,absolutamente abducido por la personalidad violenta y agresiva de Mourinho. Nada importa que el canterano del Madrid se haya curtido en las ligas inglesas y traiga de fábrica ese instinto chulesco y algo macarra a veces tan necesario para no dejarse pisotear. Lo importante es obviar lo obvio y culpar a Mourinho de todo. ¿Y del Bosque? Este se hallaba en el banquillo pensando en lo que diría en la rueda de prensa de esa manera tan natural y espontánea. En todo caso, al amable salmantino nada se le puede reprochar porque los jugadores protagonistas de la tángana, principalmente madridistas y barcelonistas, estaban influenciados por el derby anterior y por Mourinho y su rictus violento.

Da igual que Busquets reaccionase o que lo hiciese Pedrito más tarde, o toda el combinado nacional en bloque.Todas acciones equivalentes a las que vimos unos días atrás y que sin embargo tienen la comparecencia de algunos periodistas como el muy neutral Luis Martin, miembro del equipo de demolición y destrucción mouriñista de la sección de deportes del país, que finaliza su artículo resumen de ayer con las siguientes frases:

Arbeloa se encaró con la zaga chilena y a su rescate acudió Busquets. Azulgranas y madridistas, con Iniesta de maestro de ceremonias en la trifulca y en la cancha, confirmaron en un inistante que ciertamente la paz ha vuelto a La Roja. Unos se parten la cara por los otros.

Obsérvese que en este texto es Arbeloa el que empieza la tángana y es Busquets el que le salva de las malvadas hordas chilenas y no al revés como ciertamente sucedió. Arbeloa salvó a Iniesta, Busquets a Arbeloa, Pedrito a Bsuquets y todo el bloque a estos revoltosos con la aquiescencia de un Del Bosquets congratulado viendo que la paz había vuelto a la selección. Aquí sí, unos se parten la cara por otros en un bella escena de hermandad y sintonía. Esta violencia gratuita tiene el sentido de otorgar al equipo una identidad y una unidad necesaria. A diferencia de lo ocurrido días atrás, esta tángana tiene ni más ni menos que como objetivo la unidad del combinado nacional, mientras que aquella pretendía justamente lo contrario, esto es,  romper el fútbol español nada más y nada menos que durante todo un clásico donde nunca se vió un grado tan alto de violencia.

Como prueba gráfica de que la selección española es un bloque unido dejo el vídeo de la tangana que demuestra que Mourinho ha traído al fútbol español la violencia.