Y ahora, ¿qué hacemos con Sergio Ramos?

Sergio Ramos

Sergio Ramos

Tenía escrito este artículo sobre Ramos hace un par de días, coincidiendo con la publicación del Diario As, por medio del siempre sibilino Relaño sobre el central madridista. Es curioso que estas cosas pasen solamente cuando los jugadores madridistas fallan en la selección y no en su club. Mientras juegan en el Real Madrid sus fallos se perdonan y son ídolos nacionales, pero al revés no parece ocurrir.

Ahora la lesión de varias semanas solamente pospone este debate, y quizá incluso lo agrava porque en ausencia del de Camas se afianzará otro central, previsiblemente será Varane junto con Pepe, o Nacho, si el portugués no está al 100%. La vuelta de Ramos será una prueba de fuego para Zidane.

En todo caso, lo que muchos madridistas no ciegos llevamos viendo ya muchos años, ahora lo ven también el resto de españoles: Ramos es un lastre. Son palabras gruesas lo se, y preferiría no pronunciarlas, pero ahora mismo Sergio Ramos atendiendo al desempeño de los últimos años, e incluyo el año de la décimo, no ha hecho más que una decena de buenos partidos.

 Y luego están sus goles, algunos de ellos providenciales. Pero también lo fueron el de Mijatovic en la séptima o Zidane en la novena y no por eso siguienron siendo titulares indiscutibles los siguientes 4 años.

 La hora de Ramos parece que llegó hace tiempo, y es que el central de Camas, en vez de aprender y mejorar con el tiempo, parece haber empeorado, tomando decisiones cada vez peores. Recuerda demasiado al caso Casillas y ya sabemos como acabó aquel…

 Ramos es ahora mismo uno de los 3 o 4 jugadores mejor pagados de la plantilla. Un sueldo que no está acorde a su nivel en el campo. Pero es el capitán y un jugador que ha sido muy importante para el equipo en el pasado. ¿Qué se hace con Ramos?

 La solución más obvia que es buscar a uno o dos centrales jóvenes (a Pepe le queda ya poco también) y que Ramos figure como tercer o cuarto central, parece una utopía. Así lo marcan los precedentes con la gestión de Casillas, Raúl y Hierro, previamente. Cada uno de ellos, por cierto, ha ido empeorando al siguiente. Parece que la selección natural es inversa en el Real Madrid y en vez de interpretar adecuadamente los fallos de sus predecesores en la gestión de su suplencia, los siguientes capitanes han hecho lo contrario.

 El problema no es menor, porque el Real Madrid no se puede permitir un central que cueste a penalty por cada dos partidos y a tarjeta por encuentro, más uno o dos errores graves. Bueno ni el Real Madrid ni ningún equipo.

 Ramos que fue un portento físico como pocos, suplía su falta de inteligencia táctica con muchísima velocidad y potencia, y también agresividad. Ahora, perdida la velocidad y potencia, solo queda agresividad, y eso, sin el timing adecuado da lugar a múltiples errores.

 La gestión del ocaso de Sergio Ramos como la de Cristiano Ronaldo, determinará el futuro a corto plazo de este Real Madrid. Dos jugadores con demasiado peso, taponando el liderazgo de otros jugadores ahora mismo más capaces defensivamente, y lastre tanto económico como deportivo. Pero esa pésima gestión no es nueva y lo más probable es que se resuelva igual de mal que las otras.

Otra vez Ramos: recado a Benítez

Parece que algunos todavía no entienden el refrán que dice que donde manda capitán no manda marinero. Esa máxima que también tiene que aplicarse en el fútbol parece que no aplica para Ramos. El central sevillista sale una y otra vez a la prensa para hablar y contestar públicamente a sus entrenadores o al presidente si hace falta. Es una constante que se viene repitiendo.

1444206765_extras_noticia_foton_7_1

No es un hecho cualquiera y por ahí se empiezan las crisis porque menoscaban la autoridad del entrenador. Ya pasó con Mourinho, pasó con Ancelotti al que defendió el de Camas y acaba de pasar con Benítez.

Las palabras de Ramos: “Es un fallo de infantiles, pero no me quita el sueño. Benítez lo que me tenga que decir me lo dirá a la cara cuando me vea. No me preocupa ni me molesta. Todos cometemos errores y no los hacemos queriendo. Igual que se habla de mi error, se hablará de los cambios…”

Parece lógico que el entrenador haga reproches a sus jugadores, en púbico o en privado, pero es su labor el asegurarse el buen rendimiento de la plantilla. En ese contexto se explican sus críticas hacia Ramos, que dicho sea de paso cometió un terrible error en el penalti. La excusa de haber jugado infiltrado no le protege. Su misión no es jugar, sino jugar de manera excelente, acorde al salario que cobra como superestrella.

Y por supuesto, su función no es en ningún caso hablar de si los cambios fueron o no apropiados. En ninguna empresa los subordinados critican a sus jefes y cuando lo hacen hay o al menos debe haber consecuencias.

Resulta del todo intolerable que Ramos se escude de sus errores criticando los errores de Benítez. Eso sería como si Benítez justificase su derrota alegando que Florentino no le trajo a un delantero o a un medio.

Cada vez vemos a un Ramos más prepotente, ejerciendo ese caciquismo que tan bien conocen muchos madridistas. La renovación parece haber reforzado aún más su estatus. A partir de ahora cada error suyo se compensará con sus aciertos pasados. Si además de su flojo rendimiento en el campo se suma su pésimo comportamiento fuera del campo, tenemos el cocktail perfecto para que acabe implosionando el vestuario y Benítez con él.

Mi solución, cortar por lo sano. Banquillo para Ramos, reprimenda privada y/o pública y empezar a peinar el mercado en busca de un central. A la siguiente de Ramos se le pone a la venta públicamente y se ofrece al mejor postor.

Iker Casillas y los jugadores-leyenda

La historia de Iker Casillas estaba escrita desde que debutó hace catorce años en San Mames, pero por desgracia también estaba escrito su declive porque se ha vivido antes con otros jugadores. No fueron menos leyenda Butragueño o Raúl, dos 7 que abanderaron al Real Madrid en distintas épocas.

Como ellos, y como Alfredo Di Stéfano, en algún momento llega el declive físico o mental, o simplemente llega un jugador más joven o con mejores condiciones. Es ley de vida, aunque cuando llevas más de una década en la élite, en el club más reconocido del mundo, es muy difícil dejar paso y asumir eso con naturalidad.

No lo hizo el genial argentino que planteó un pulso a Santiago Bernabeú dándole a elegir entre él o Miguel Muñoz. También se resistió Raúl a pesar de que su declive físico era evidente. Solamente Butragueño se echó a un lado con resignación asumiendo que había perdido las condiciones físicas que le habían hecho un delantero impredecible con ese cambio de ritmo tan característico.

Casillas se ha enfrentado por segunda a una situación adversa en el Real Madrid. La primera vez fue cuando Del Bosque le quitó la titularidad en beneficio de César. El final de esa historia fue feliz y catapultó al de Móstoles a los altares del madridismo.

La situación actual de Casillas vuelve a poner en evidencia el mal endémico del Real Madrid desde que se fue Santiago Bernabeu y los jugadores pasaron a ser más importantes que el club. Su incapacidad y la de toda la prensa palmera para aceptar la suplencia ha llevado al madridismo a una ruptura entre los que pensamos que por encima de todos está la meritocracia .

Iker Casillas

Los jugadores-leyendas permanecen demasiado tiempo en el Real Madrid como jugadores en vez de ocupar su puesto como leyenda. Esa resistencia a abandonar la titularidad con honestidad es lo que diferencia por ejemplo al Real Madrid del Manchester United. Jugadores como Gigs o Scholes, auténticas leyendas asumen su suplencia con naturalidad. Siguen desempeñando su labor de leyenda pero son conscientes de que su aportación al equipo es menor.

Las declaraciones de Iker hablando de que lloró con su suplencia, de que es madridista de que nació y un largo y vergonzante etcétera demuestran que nuestros jugadores-leyendas no están dispuestos a asumir la suplencia como algo natural. Y más bien al contrario, azuzados también por esa prensa necesitada de ídolos creen que como leyendas no deben ocupar solamente un espacio en el museo del Real Madrid junto con el resto de trofeos sino también un puesto en la titularidad.

La titularidad por decreto a los jugadores-leyenda directamente se confronta con la meritocracia y eclipsa a los jugadores jóvenes. Algo que ocurrió con Hierro, o Raúl por hablar de los más recientes podrá seguir ocurriendo en el futuro con los Ramos, Morata, Jesé…

Por todo esto era tan importante que un jugador como Iker Casillas, que en las dos últimas temporadas había estado a años luz de su mejor rendimiento y que vio como Diego López aseguraba mejor la portería, fuese siendo suplente, al menos si su nivel no mejoraba. No fue así, y de aquellos polvos, estos lodos. Diego López está en el Milán, Keylor ahora mismo supongo que andará preguntándose para qué pagaron por él 10 milllones, y otros porteros refulgentes como Ter Stegen, Courtois u Oblak están en otros clubes.

El endiosamiento de estos jugadores-leyenda les lleva a pensar que merecen la titularidad por derecho propio. Se evita la autocrítica y se cae en la autocomplacencia.

Se busca capitán para el Real Madrid

El “affair Ronaldo”, mas allá de servir para atizar sin parar a su principal protagonista, sirve también para poner de manifiesto muchos otros aspectos de un club que desde hace demasiado tiempo tiene demasiadas disfuncionalidades.

 Una de ellas que ahora se aprecia con nitidez es la figura del capitán. En el Real Madrid el capitán se elige no por votación o por designación como ocurre en Inglaterra, si no por antigüedad. Actualmente son capitanes por este factor Casillas, Ramos, Higuain y Marcelo. Ninguno de los cuatro ha atestiguado una cualidad especial para ejercer la capitanía más allá de su antigüedad. Es más, en algún caso podrían ser incluso malos capitanes por diversas razones: egoísmos propios, falta de inteligencia, profesionalidad…

 Hay que remontarse a Fernando Hierro para encontrar al último gran capitán del Real Madrid. Un capitán lo es dentro del campo ejerciendo como tal la labor, ayudando a compañeros o reprendiéndoles, hablando con el árbitro y también por supuesto levantado los trofeos y portando el brazalete. Pero mucho más importante es su labor interna dentro del vestuario como canalizador de los problemas entre compañeros. Y como ejemplo y modelo. Hierro, vilipendiado por un sector de la prensa si realizaba esta labor.

El capitán perfecto además sabe realizar las declaraciones fuera del terreno cuando es adecuado: bien defendiendo a su club, a sus compañeros o poniendo en valor lo que le pueda interesar al club.

 La pregunta es, ¿representa Casillas algo de esto? ¿Alguien ha escuchado a Casillas salir a defender a Pepe? ¿Alguien ha escuchado durante estos días a Casillas diciendo algo sobre lo de Ronaldo?

 Quizá podría haber dado un paso adelante y hacer como hizo Arbeloa con sus magníficas declaraciones:

“Le queremos. Es un compañero fundamental para nosotros. Es un ídolo excepcional. Nuestro jugador franquicia. Es un fenómeno. Un miembro de la familia al que vamos a ayudar”.

Arbeloa aplaudiendo a Benzema

Arbeloa aplaudiendo a Benzema

Aquí es donde se ve de verdad a los auténticos capitanes. Aquellos que hacen declaraciones con sentido, remando siempre en la dirección del club. Arbeloa lo viene haciendo durante varios años. Otros como Casillas no aparecen en estos momentos mientras que jugadores como Higuain o Xabi directamente escurren el bulto. No se trata de hacer declaraciones que agraden a todo el mundo. No se trata de aspirar a ser el Premio Príncipe de Asturias si no de proteger a tu club y defender sus intereses.

 Y luego está Pepe. El portugués si es el auténtico capitán emocional del Real Madrid. Un jugador especial que siente más al Real Madrid que cualquier español. Un jugador que demuestra en sus múltiples gestos su compromiso con el club y su intención de ayudar a sus compañeros. No lo invento, hay decenas de imágenes con Pepe hablando con canteranos, saludando con cariño a fichajes como Modric, separando a jugadores o yendo a la gresca. Algo que ya hacia Hierro.

 Si por mi fuese Arbeloa y Pepe serían los capitanes.

Raúl González Blanco: el fin de una era (II)

Primera parte

Su cuesta abajo lejos de ser un impedimento para Raúl, le hizo aún más fuerte, adquiriendo un poder desmesurado dentro de un vestuario tan jerárquico y difícil como el del Madrid. Avalado por sus 10 años en la élite y por su conocimiento del club, Raúl manejó el vestuario, apadrinando jugadores o crucificando a otros, apoyando a los entrenadores o dejándolos a su suerte. Sin mucho ruido, Raúl ha manejado el vestuario sabiéndose el más antiguo del lugar y el más importante de todos, por encima de entrenadores, presidentes o nuevas estrellas.

Hierro-Raúl

Hierro colocándole el brazalete de capitán a Raúl

Este modelo de club no era nuevo, y provenía sobre todo de la etapa en la que Fernando Hierro controlaba con mano de acero el vestuario, tanto en el Madrid como en la selección. Y Raúl lo adoptó como algo natural, casi incluso necesario para la supervivencia del club.  Uniéndolo a la vieja doctrina madridista de enseñar a los jóvenes los valores del club y su funcionamiento, Raúl se arrogó unas  obligaciones y derechos que estaban casi por encima del entrenador y del presidente. Consciente o inconscientemente, su poder era tan grande que incluso los jóvenes valores destinados a derribar la puerta, como él hiciese años atrás, se veían cohibidos y acorbardados.

Este modelo, ya exportado por Fernando Hierro a la selección, lo intentó consolidar Raúl, apoyado también por una prensa que reclamaba del 7 -de España por aquella época- un liderazgo que Raúl ya no podía ni debía asumir. Al menos futbolísticamente. El mismo liderazgo que no permitía que otros jugadores más jóvenes y con más calidad, velocidad y potencia, explotasen. El liderazgo a veces se tiene pero otras muchas veces se otorga. Hay jugadores que necesitan sentirse apoyados para liderar. Otros en cambio necesitan un liderazgo compartido.

Toda esta situación, que no es más que un ejemplo típico de gestión de recursos humanos, fue rápidamente interpretada por Luis Aragonés. El sabio, con muchos años a sus espaldas de jugador y de entrenador, conocía perfectamente el rol de los jugadores veteranos y de los jóvenes.  Y sabía que la influencia de Raúl incomodaba a otros jugadores y no permitía que los jóvenes liderasen un proyecto que contaba con más talento que nunca. Por eso, el sabio decidió que ya era hora de un relevo generacional. Y lo hizo de la única manera que podría hacerlo, eliminando al máximo exponente de una época, Raúl González Blanco. Su manera de actuar no era nueva y ya muchos años atrás se hizo algo parecido con la quinta del buitre.

Y sin embargo, nunca una decisión  de un entrenador ha sido tan discutida y traumática para una selección de fútbol. La eliminación del que tiraba del carro suponía poco menos que dejar el carro a la buena de Dios. Sin líder, sin referencia, parecía que España se quedaba huérfana del que muchos consideraban el único capaz de llevar a la selección al triunfo, tal y como lo hiciese en el Real Madrid.

Por el camino, muchos se olvidaban que Raúl no había liderado al Madrid al estilo de Maradona con Argentina o Nápoles, si no que más bien lo había liderado al estilo de Pelé con Brasil, junto con otros grandísimos jugadores. Como Pelé con Garrincha, Didí  o Zagallo y otros jugadores de primer orden mundial, Raúl contó para liderar al Madrid con jugadores tan carismáticos como Fernando Redondo, Fernando Hierro o Roberto Carlos primero, y con Luis Figo o Zidane después.

Se trataba por tanto de un liderazgo compartido que no sólo ejerció Raúl, y sin el cuál seguramente Raúl no habría pasado a los anales de la historia como no lo hicieron muchos otros delanteros con más cualidades que él. El 7, supo sin embargo aprovechar sus oportunidades y fue capaz de rendir incluso por encima de su capacidad y de sus limitados recursos. Raúl sería el ejemplo de empleado terriblemente eficiente, que con pocos recursos es capaz de sacar adelante el trabajo brillantemente. Raúl fue capaz de exprimir su capacidad competitiva hasta la extenuación, hasta el absurdo incluso, contabilizando récords, cargados de valor histórico pero carentes de épica y de importancia real para el día a día del equipo.