Marta Domínguez se une al club de Alberto Contador

Marta Domínguez ha sido y es mi atleta preferida, como la de muchos españoles supongo. Y lo será seguramente, independientemente de su más que probable dopaje(en estos casos de investigación previa de la policía no suelo creer en la inocencia de los detenidos) porque los recuerdos es algo que difícilmente podemos cambiar. Y ese es el problema principal con el dopaje en España, que de nada sirve ilusionarnos con deportistas, si más tarde o más temprano nos enteramos de que competían haciendo trampas.

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Marta Domínguez corriendo en una competición oficial

Porque hacen trampas, que nadie se lleve a error. Individualmente cada deportista que se dopa es un tramposo porque habrá algunos (muy pocos seguramente) que no estén dispuestos a doparse para competir. Esos, son los nombres de desconocidos que jamás conoceremos. Deportistas anónimos cuyo único mérito fue llegar a la élite de un deporte y ser uno más de un pelotón o de una liga. Sin un triunfo, sin un nombre, sin un patrocinador, son deportistas anónimos. Muchos de ellos seguramente seguirían siendo anónimos por más que se dopasen, pero aún así siempre tendremos la duda de que hubiera pasado si nadie se hubiese dopado.

Y esa duda la podemos aplicar retrospectivamente a todo el deporte español de los últimos veinte años, desde que un tipo llamado Eufemiano Fuentes entró a colaborar con algunos estamentos deportivos.(este artículo es clave para entenderlo todo) Aquel hito, por entonces clave para modernizarse tecnológicamente como el resto de países punteros, fue en realidad el disparo de salida hacia la generalización del dopaje en nuestro deporte y paralelamente del éxito. Antes, el éxito se nos resistía,y ya había indicios de cuál sería el camino del éxito. Solamente nuestra propia cerrazón nos impidió ver lo evidente. Basta con buscar en Google casos de dopaje y Eufemiano Fuentes para comprobar que llevamos años y décadas con esta lacra.

Y si no habíamos sabido de más casos hasta ahora era porque conscientemente nos habíamos puesto una venda en los ojos. Una venda que nos hacía pensar que fuera el paisaje era bonito y maravilloso. Esa venda nos la pusimos todos, o casi todos porque unos pocos denunciaron el dopaje e hicieron lo posible para combatirlo. Fundamentalmente algún periodista y sobre todo la policía que siempre está para cumplir su deber.

Esa misma policía que fue ninguneada y despreciada cuando “EL PODER” decidió ignorar gran parte de la Operación Puerto. Y pongo esa palabra en mayúsculas porque sabemos que la Operación Puerto se paró en el momento en el que se empezó a especular con que había futbolistas y tenistas muy importantes involucrados. Había también, fijaos que gracia, atletas de primerísimo nivel cuyo nombre no salió a la luz.

¿Quizá Paquillo? ¿Quizá Marta Domínguez? Ambos quizás se han resuelto recientemente. Lo que para nosotros es un quizá para los policías que investigaron durante meses en aquella operación es una certeza. Más de doscientas bolsas de sangre, horas de grabaciones, documentos e información suficiente para hacer que nuestro país descendiese al infierno de los tramposos en tantos deportes y con tantas figuras que a nuestro lado el dopaje de la RDA sería un juego de niños.

Fijaos que cosas que uno de los motes de una de las bolsas de sangre estaba asociado al nombre “Rosa”. ¿quizá se refería a la cinta del pelo de Marta Dominguez? Porque ya casi tenemos la certeza de que la bolsa de A.C. era de Alberto Contador. Aquel corredor con un futuro extraordinario que se libró de caer en la operación Puerto porque EL PODER pensó que era un cartucho demasiado preciado. Otro que se libró fue Luis León Sánchez, hermano de Pedro León, y también involucrado en la Operación Galgo. De aquellos polvos estos lodos, y lo que queda por venir.

Cayeron otros muchos ciclistas, quizá pensando que como era un deporte sucio y con mal nombre no pasaba nada por incluir unos pocos más. El resto de deportes se librarían, cayendo en un olvido por parte de los muchos que sabían la verdad. Y entre esos estaba el mismo que viajaba con los deportistas españoles predicando el deporte limpio y vanagloriándose de los éxitos, Don Jaime Lisavestky. Un político responsable directo que ha mirado demasiadas veces hacia otro lado, como han mirado muchos otros.

Para ellos, en una balanza entre éxitos deportivos y limpieza del deporte ganaba siempre lo primero, casi a cualquier precio. Aunque ese precio fuese la muerte prematura de deportistas como Chava Jiménez. Aunque eso significase que los periodistas de otros países investigasen nuestros casos de dopaje. Aunque supusiese el descrédito futuro de nuestro deporte.

No tuvieron en cuenta, todos estos que ahora estarán pensando en lo que van a decirnos a los ciudadanos, que cuanto más alto subes más fuerte caes, sobre todo cuando hablamos de hacer trampas y de dopaje.

Dirán algunos que todos se dopan y que es la única manera de competir. No seré yo quien niegue lo primero, pero sí lo segundo. ¿Queremos ser admirados porque nuestros deportistas son capaces de doparse sin que les pillen? O preferimos ser admirados porque nuestros deportistas compiten como pueden prevaliéndose únicamente de su capacidad.

Sé que lo que aquí subyace es algo más que la realidad del deporte español. Hay una realidad del deporte mundial que nos indica claramente que muchos récords y muchas marcas tienen una explicación en el dopaje.

Pero a pesar de todo, un individuo y un país tiene que ser capaz de abstraerse de ese mal conjunto. Y lo tiene que hacer porque es lo moralmente correcto, y porque ese es el único camino para acabar con esa lacra que se llama dopaje. Podremos entrar en consideraciones de todo tipo acerca de qué se considera dopaje y de si los deportes obligan a doparse para ser competitivo, pero al final, siempre podremos pensar que porque lo hagan muchos no quiere decir que sea lo necesario ni lo bueno. El refranero español, sabio como pocos, nos lo dice: “Mal de muchos consuelo de pocos”

Esta es, señores, la realidad de nuestro país. Alguien sensato pensará que si han “cazado” a Alberto Contador y a Marta Domínguez, dos buques insignias de nuestro deporte, también podrá cazar dentro de no demasiado a otros deportistas tan importantes o más. Ponedle el nombre que queráis y retrotraeros casi cuanto queráis, porque ahora ya sabemos que nuestro deporte está tan sucio que dentro de poco las alcantarillas van a rebosar, pero no de mierda, sino de cientos de sustancias dopantes.

El futuro del Ciclismo y del Dopaje

El positivo de Alberto Contador ha removido los cimientos del ciclismo, todavía inestables tras muchos años de convulsiones y numerosos dopajes. Representaba Contador el ciclismo limpio pero también el ciclismo de ataque. Dos ingredientes más del pasado que del presente. Y lo hacía, porque había proclamado no pocas veces su compromiso con el ciclismo limpio y porque había demostrado en las etapas de montaña su ambición por atacar siempre.

Por eso, y por sus tres Tours, su positivo es un mazazo para el ciclismo, pero también para el deporte en general. Como si de una epidemia se tratase, empiezan a salir ciclistas contando sus experiencias, se reabren casos de deportistas previsiblemente dopados y se plantean debates en torno al dopaje.

Hacía, en uno de los post sobre “la verdad del caso Contador” la pregunta de cuando empezó el dopaje en el ciclismo. No lo sabemos a ciencia cierta pero si sabemos que prácticamente ha existido desde comienzos de siglo (dieron positivo desde Merckr hasta Delgado). La diferencia era que al principio eran casos aislados de unos pocos «adelantados», mientras que después se insitucionalizó de alguna manera, siendo los propios equipos los instigadores del dopaje. Eso sí, antes en el Tour las diferencias entre los ciclistas eran  más grandes y por supuesto los tiempos en acabar las etapas mucho mayores que ahora. Habría que preguntarse si es normal que después de recorrer 3.000 kilómetros en tres semanas esas diferencias sean normales. Sabemos que la especie humana mejora pero lo hace también porque la ciencia avanza.

Y sin embargo, el deporte tiene que seguir y también el ciclismo, ese deporte que nos gusta por el esfuerzo que hacen los deportistas, por la necesidad de tomar decisiones sobre si atacar o no atacar en segundos, y por las estrageias de los equipos. Son muchos los ingredientes que hacen el ciclismo atractivo, y por eso, aunque estamos acostumbrados a las super etapas de montaña, habría que plantearse ajustar las etapas a la capacidad de los corredores.

De lo contrario, los corredores tienen que ajustar sus cuerpos a las etapas, y ahí es cuando aparece el dopaje.  Se define éste por el C.O.I como aquel artificio potencialmente peligroso para la salud o susceptible de mejorar el rendimiento o la presencia en el cuerpo de un deportista de una sustancia o la constatación de un método prohibido en la lista del Código Antidopaje.

Como vemos la definición es amplia y se podría incluir incluso enl propio entrenamiento en altura. Recientemente unos australianos han inventado una especie de cámara para entrenar en altura sin tener que desplazarse, ¿es eso dopaje? Y lanzo otra pregunta, ¿si el dopaje no representase un riesgo para la salud estaría justificado su uso para el ciclismo? Porque este es el debate que hay que plantear.

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