El adiós de Pepe

Se marcha Pepe del Real Madrid, uno de los mejores centrales del mundo durante la última década y el jugador que puso fin a la maldición de los centrales desde la retirada de Hierro. Antes que él, pasaron con más pena que gloria jugadores como Woodgate o Samuel e incluso canteranos como Mejías o Raúl Bravo.

Pero fue con Pepe cuando Real Madrid adquirió por un precio muy criticado entonces (30 millones de euros) a un central rapidísimo, impecable y agresivo al corte y con facilidad para jugar en un equipo que  tiene más poder ofensivo que defensivo. Luego ya, el ajuste con Ramos creó durante varios años la mejor pareja de Europa.

Durante todo este tiempo Pepe logró sobrevivir a la maldición de los centrales, al alto coste de su fichaje y a las suspicacias de la prensa, al famoso taconeado a Casquero e incluso a la guerra con Mourinho, con un abrupto final ante su principal valedor. A lo que no ha conseguido sobrevivir Pepe es a la competitividad extrema del Real Madrid y a su política de renovaciones.

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Para no engañar a nadie, diremos que Pepe no ha renovado con el Real Madrid porque no ha querido. Tampoco ha querido el club aceptar la propuesta del portugués que rompía con su modelo de renovaciones a partir de una determinada edad. Con 35 años por cumplir, el club en el que ha estado los últimos 10 años le ofrecía a Pepe la oportunidad de estar un año más y otro opcional. Una propuesta lógica teniendo en cuenta la edad del jugador, su proclividad a lesionarse y la competencia feroz en un puesto como el del central en el Real Madrid.

Su negativa ratifica a Varanne y a Ramos como la pareja titular, aúpa al tercer puesto a Nacho, aunque ha tenido un rendimiento como para considerarle titular, y abre la puerta a un cuarto central que con casi toda probabilidad será Vallejo, un prometedor chaval de Zaragoza que ha rendido de maravilla en Alemania.

La carrera de Pepe en el Real Madrid merecía otra despedida. Como la de Raúl o Casillas. Pero visto lo de Noccioni o Arbeloa, queda claro que son los jugadores los responsables de cómo se despiden. Como en cualquier otra empresa, uno puede salir bien o mal. Pepe ha decidido hacerlo por la puerta de atrás, sin la grandeza que demostró como mejor central del mundo. Y es una lástima, pero el Real Madrid no espera a nadie.

 

 

Arbeloa, capitán de capitanes

Arbeloa, capitán del Real Madrid

Arbeloa, capitán del Real Madrid. Fuente: Diario As

No hace falta llevar el brazalete para ser el capitán de un equipo. No hace falta ni siquiera ser uno de los jugadores claves ni incluso jugar como titular. Basta solamente con comportarse como un capitán; ese es el atributo más necesario para ocupar ese puesto.

De Alvaro Arbeloa algunos se acordarán solamente de sus últimos años. Para él, como para casi todos, los peores de su carrera. Otros ilustres madridistas antes que él vivieron sus últimos años en el banquillo como Butragueño o Sanchís. Y solamente unos pocos, tan pocos, que solo se me ocurre uno, Zinedine Zidane, se retiraron como titulares y siendo todavía jugadores de primerísimo nivel.

Así que en este caso hace falta echar la vista atrás y recordar al mejor Arbeloa, pleno de juventud y velocidad: al Arbeloa indispensable para todos sus entrenadores, sin excepción. Con Benítez en el Liverpool, Pelegrini y Mourinho en el Real Madrid y Del Bosque en la selección, Arbeloa fue titular indiscutible. Y lo fue por criterios futbolísticos exclusivamente. Por su inteligencia táctica, por su capacidad de marcaje y sus cualidades defensivas en general. Arbeloa ha sido uno de los grandes defensas de los últimos tiempos.

Después llegó la relevancia de Arbeloa fuera de los terrenos de juego, y no por afán de protagonismo, sino por la necesidad de defender a su club y a sus compañeros. La época de Mourinho trajo consigo un aluvión de ataques contra un club que pretendía volver a su senda de triunfos. Y eso, en un contexto de dominio del F.C Barcelona en todos los niveles, también el futbolístico, supuso una batalla dentro y fuera del campo. Batalla por cierto que había comenzado mucho antes desde el Barcelona. Pero esa historia ya está contada.

Y ahí emergió Arbeloa como el capitán indiscutible de un club necesitado de ese liderazgo. El canterano no hizo otra cosa que tomar el relevo de otros grandes madridistas como Camacho, Santillana, Juanito o Hierro. Me imagino a todos esos jugadores haciendo el mismo uso de la palabra en redes sociales que Arbeloa, en defensa de su club y de sus compañeros.

Podríamos decir que Arbeloa no hizo nada a lo que no se viese obligado como madridista y compañero, pero desgraciadamente en los tiempos que corren, significarse como él en la defensa de unas ideas concretas pude traer muchos enemigos. Siempre es más fácil claudicar ante el enemigo y ahorrarse muchas críticas. Pero a ese tipo de futbolista nuestro protagonista nunca ha pertenecido. Y para él, siempre ha sido más importante salir en defensa del compañero, del entrenador-fuese quien fuese-, y en todo caso del club que le formó como futbolista de élite. Club al que siempre mostró su respeto y admiración.

Hay decenas de ejemplos de este comportamiento, propio de un capitán, de un gran capitán. Pero me voy a quedar solamente con dos, que para mí ejemplifican a la perfección el comportamiento de Arbeloa y su relación con compañeros y club.

El primer ejemplo se produce con la el auge de Carvajal y su titularidad en detrimento de Arbeloa. La juventud y calidad del primero relegó a un segundo plano a Alvaro. Una suplencia siempre difícil para quien como Arbeloa había sido siempre titular y ganado dos Eurocopas, un Mundial y una Copa de Europa. Y su reacción fue modélica, reconociendo públicamente el buen trabajo de su compañero y apoyándole en todo. Y no fueron meras declaraciones sino que el apoyo de Arbeloa a su compañero devino en amistad. Sin duda un ejemplo de profesionalidad.

El segundo ejemplo revela la personalidad de Arbeloa y es un claro ejemplo de como debe comportarse un capitán. Durante un partido contra el Getafe y ante las críticas de la grada a Benzema, Arbeloa pidió el apoyo para su compañero y consiguió revertir la situación. Su apoyo llegó más allá e incluso lo hizo meses más tarde con el conflicto del francés ante la justicia.

Este es el Arbeloa capitán, el compañero que echarán de menos tras su despedida. No hay muchos de su talla aunque cabe el consuelo de que más pronto que tarde le tendremos dentro del club ejerciendo su condición de madridista. No un madridista cualquiera, sino un perfil de futbolista inteligente y con criterio. Uno que defendió con honor y coraje su escudo, cuando fue titular o suplente. Cuando las cosas iban bien e iban mal. Cuando le aplaudían o le silbaban. Siempre.

Ha sido durante todos estos años el gran capitán del Real Madrid, y siempre un espartano más, siempre dispuesto a la batalla, siempre preparado.

¡Hasta siempre el espartano Arbeloa!

Iker Casillas se marcha al Oporto

Se marcha Iker Casillas del Real Madrid de forma similar a como lo hizo Raúl unos pocos años atrás, con la sensación por parte de muchos madridistas de que se ha estirado la cuerda al máximo, incapaz el jugador de adoptar una actitud semejante a la que adoptaron Xavi o Puyol en el Barcelona.

Iker Casillas en su rueda de prensa de despedida

Iker Casillas en su rueda de prensa de despedida

No era fácil, nunca lo es para los grandes futbolistas. Pero por eso deberían ser especialmente grandes, para ser capaces de echarse a un lado y beneficiar al club de su vida, al club que les dio la oportunidad de triunfar. El haber intentado permanecer a toda costa, en contra de su propio rendimiento futbolístico y promoviendo campañas de la siempre dañina prensa  es algo que muchos pensamos que es uno de los grandes errores de Iker Casillas.

Iker fue un gran portero hasta hace 3 o 4 años cuando su propio rendimiento decayó, fruto quizá de la edad, de la autocomplacencia o simplemente de factores mentales provocados por la falta de confianza. Y en eso, evidentemente influyó Mourinho, que en su segunda temporada vio esa bajada de rendimiento y trató de buscarle solución. Lo que se hizo con Iker no ha sido distinto a lo que se ha hecho con el resto de jugadores: traer competencia y exigirlo lo máximo al jugador, ni más ni menos. Pero desde algunos sectores se habló de manías, campañas…, cuando la realidad ha demostrado que Iker Casillas hace tiempo que dejó de ser un portero top.

El Real Madrid siempre ha sido el lugar del mundo más difícil para ser titular, porque  37 partidos buenos no justifican uno malo. Han pasado tantos buenos jugadores que el nivel de exigencia es altísimo. Y ahí Iker no supo estar a la altura y la mejor prueba de ello fue la final de la Champion League que se ganó a pesar suyo.

Atrás queda también una muy dudosa gestión de su capitanía y su labor como compañero. Pero también queda su magnífico rendimiento en sus mejores años, durante los cuáles llegó a ser el mejor portero del mundo. Lo comido por lo servido, más unos pocas decenas de millones de euros que se lleva el portero, incluyendo sus dos años de contrato.

El Real Madrid ha pagado sobradamente los servicios prestados por Iker y ha hecho mucho por un portero que se ha tenido que ir al Oporto con la carta de libertad, cobrando más de la mitad de su club de origen porque ningún otro club le quería. ¿Se imaginan que Courtois o Neur estuviesen en el mercado? En 2 días tendrían sus clubes encima de la mesa una docena de ofertas de los mejores clubes de Europa.

El ocaso deportivo de Iker es también el ocaso de su imagen, degradada a pasos agigantados a medida que íbamos viendo su comportamiento, su falta de entereza aguantando la suplencia, su falta de compañerismo sin salir a dar la cara por Diego López o su falta de escrúpulos al pedir cada céntimo de su contrato como condición a su salida. Todos esos que asimilan canterano y español con madridismo olvidan que jugadores como Zidane se fueron del club con la cabeza alta, perdonando el último año de contrato, mientras otros aguantaron hasta que la situación fue insostenible, sin perdonar un euro.

Quizá haya que redefinir el concepto de madridismo. O quizá haya que empezar a dejar ser indulgente con algunos jugadores por el simple hecho de ser canteranos y españoles y valorar la profesionalidad pura y dura de los jugadores, ya sean brasileños, alemanes, croatas o argentinos.

Con Casillas se ha repetido lo de Raúl, y quién sabe si se repetirá con Ramos si ahora se le renueva. Puede ser que el Real Madrid sea la institución deportiva más grande del mundo pero eso no parece impedir que se sigan cometiendo los mismos errores una y otra vez.

Ojalá Florentino aprenda. Y ojalá también lo haga Iker y algún día entienda lo importante que fue todo lo que le dio al Real Madrid pero también lo que le quitó en esos últimos años. Dicen que lo que se recuerda de los grandes viajes son los últimos días. Ese es el recuerdo que suele quedar. Con Iker pasará algo parecido, al menos ahora. Luego el tiempo nos hará recordar sus comienzos, al mejor Casillas, al de las paradas antológicas y grandes reflejos. Al jugador que representó en algún momento de verdad con su actitud luchadora  al madridismo.

Como el recuerdo es caprichoso y volátil quiero quedarme con esos sus mejores años:


Adiós Iker.

Raúl González Blanco: el fin de una era (II)

Primera parte

Su cuesta abajo lejos de ser un impedimento para Raúl, le hizo aún más fuerte, adquiriendo un poder desmesurado dentro de un vestuario tan jerárquico y difícil como el del Madrid. Avalado por sus 10 años en la élite y por su conocimiento del club, Raúl manejó el vestuario, apadrinando jugadores o crucificando a otros, apoyando a los entrenadores o dejándolos a su suerte. Sin mucho ruido, Raúl ha manejado el vestuario sabiéndose el más antiguo del lugar y el más importante de todos, por encima de entrenadores, presidentes o nuevas estrellas.

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Hierro colocándole el brazalete de capitán a Raúl

Este modelo de club no era nuevo, y provenía sobre todo de la etapa en la que Fernando Hierro controlaba con mano de acero el vestuario, tanto en el Madrid como en la selección. Y Raúl lo adoptó como algo natural, casi incluso necesario para la supervivencia del club.  Uniéndolo a la vieja doctrina madridista de enseñar a los jóvenes los valores del club y su funcionamiento, Raúl se arrogó unas  obligaciones y derechos que estaban casi por encima del entrenador y del presidente. Consciente o inconscientemente, su poder era tan grande que incluso los jóvenes valores destinados a derribar la puerta, como él hiciese años atrás, se veían cohibidos y acorbardados.

Este modelo, ya exportado por Fernando Hierro a la selección, lo intentó consolidar Raúl, apoyado también por una prensa que reclamaba del 7 -de España por aquella época- un liderazgo que Raúl ya no podía ni debía asumir. Al menos futbolísticamente. El mismo liderazgo que no permitía que otros jugadores más jóvenes y con más calidad, velocidad y potencia, explotasen. El liderazgo a veces se tiene pero otras muchas veces se otorga. Hay jugadores que necesitan sentirse apoyados para liderar. Otros en cambio necesitan un liderazgo compartido.

Toda esta situación, que no es más que un ejemplo típico de gestión de recursos humanos, fue rápidamente interpretada por Luis Aragonés. El sabio, con muchos años a sus espaldas de jugador y de entrenador, conocía perfectamente el rol de los jugadores veteranos y de los jóvenes.  Y sabía que la influencia de Raúl incomodaba a otros jugadores y no permitía que los jóvenes liderasen un proyecto que contaba con más talento que nunca. Por eso, el sabio decidió que ya era hora de un relevo generacional. Y lo hizo de la única manera que podría hacerlo, eliminando al máximo exponente de una época, Raúl González Blanco. Su manera de actuar no era nueva y ya muchos años atrás se hizo algo parecido con la quinta del buitre.

Y sin embargo, nunca una decisión  de un entrenador ha sido tan discutida y traumática para una selección de fútbol. La eliminación del que tiraba del carro suponía poco menos que dejar el carro a la buena de Dios. Sin líder, sin referencia, parecía que España se quedaba huérfana del que muchos consideraban el único capaz de llevar a la selección al triunfo, tal y como lo hiciese en el Real Madrid.

Por el camino, muchos se olvidaban que Raúl no había liderado al Madrid al estilo de Maradona con Argentina o Nápoles, si no que más bien lo había liderado al estilo de Pelé con Brasil, junto con otros grandísimos jugadores. Como Pelé con Garrincha, Didí  o Zagallo y otros jugadores de primer orden mundial, Raúl contó para liderar al Madrid con jugadores tan carismáticos como Fernando Redondo, Fernando Hierro o Roberto Carlos primero, y con Luis Figo o Zidane después.

Se trataba por tanto de un liderazgo compartido que no sólo ejerció Raúl, y sin el cuál seguramente Raúl no habría pasado a los anales de la historia como no lo hicieron muchos otros delanteros con más cualidades que él. El 7, supo sin embargo aprovechar sus oportunidades y fue capaz de rendir incluso por encima de su capacidad y de sus limitados recursos. Raúl sería el ejemplo de empleado terriblemente eficiente, que con pocos recursos es capaz de sacar adelante el trabajo brillantemente. Raúl fue capaz de exprimir su capacidad competitiva hasta la extenuación, hasta el absurdo incluso, contabilizando récords, cargados de valor histórico pero carentes de épica y de importancia real para el día a día del equipo.