Lopetegui en la delgada línea roja

El pasado sábado el Real Madrid cayó en el Bernabeu por 1-2 contra el Levante. No es una derrota más, es el certificado de defunción de Lopetegui, que no parece capaz de enderezar el rumbo de un equipo que ha perdido demasiados partidos, y que sobre todo transmite sensaciones muy negativas.

Más allá de los resultados, a veces se pueden encontrar en los partidos sensaciones positivas, signos de que el equipo va a empezar a funcionar, o de que los resultados no se ajustan al juego desplegada. Lo cierto es que este Real Madrid con el record negativo de minutos sin marcar, desprende sensaciones negativas. Porque a ese registro se une una pasmosa facilidad para recibir goles en contra.

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Y son dos losas muy pesadas, que tienen que ver con una dinámica de equipo que no funciona, con jugadores que juegan incómodos, y con un sistema de juego que no logra sacar de cada uno su mejor versión, si no la peor. Me recuerda en demasía al Real Madrid de Benítez, con la diferencia de que aquel Madrid a estas alturas de temporada no llevaba el número de derrotas actual. La diferencia también estuvo en el desempeño de los rivales, pero aún así, las sensaciones son parecidas.

Se sabía que sin Cristiano Ronaldo y sin Zidane iba a ser una transición complicada, pero nadie podía imaginar que ya a principios de noviembre se dudaría del entrenador y el club se vería obligado a trazar un cambio de rumbo. Pero eso es lo que está a punto de pasar. Parece complicado que Lopetegui logre salvarse. La cuerda siempre se rompe por el lado más débil, y como el club no puede despedir de golpe a 6 jugadores, probablemente la solución más sencilla sea sustituir al entrenador y esperar que uno nuevo de un vuelco a la situación. Esperar la llegada de otro Zidane.

Para que eso no pase tendrían que ocurrir varias cosas, y improbables y que normalmente no se dan en el fútbol. El Real Madrid de pronto tendría que reaccionar. Pasaría por ganar en el Camp Nou y mantener una racha de victorias que asentase al equipo. Tampoco debería ser tan difícil para un equipo como el Madrid ganar los próximos 4 o 5 partidos, pero sí lo es si tenemos en cuenta el pasado inmediato, con partidos que se cuentan prácticamente por derrotas.

Y en realidad es un Real Madrid no tan distinto del que ha ganado las últimas tres copas de Europa. A excepción de Cristiano Ronaldo, el resto siguen siendo los fabulosos jugadores de hace unos meses. Tipos como Ramos, Marcelo, Modric, Kroos o Bale que lo han ganado todo a nivel de clubes.

Pero lo difícil es cambiar el estado de ánimo sin tocar nada. Quizá lo lograse una victoria en el Camp Nou. Espera un Barsa sin Messi, que como el Madrid sin Ronaldo es mucho menos equipo. No es el Barcelona fiable de otros años y está sumido en su propia transición, que será aún mayor sin el argentino. Pero aún así, para este Madrid capaz solamente de marcar 1 gol solamente en los últimos 5 partidos parece un mundo ganar en feudo blaugrana. Son 4 derrotas y 1 empate.

Un balance muy negativo, que aún así deja al equipo a solo 4 puntos del líder, el Barcelona, y por supuesto, con todas las opciones abiertas en Champion. El fútbol es impredecible y como decía más arriba una victoria el próximo domingo podría de pronto cambiar el estado de ánimo madridista. Aunque no podemos olvidar los precedentes y las sensaciones y están parecen ir en dirección contraria a los intereses de Lopetegui. Es hora de comprobar si es técnico para el Real Madrid o si, al igual que Benítez, es solo un entrenador más que pasó por el club con más pena que gloria.

Mourinho se marcha: la muerte tenía un precio

Mourihno se marchá. Vendrá otro entrenador y se ganarán algunos títulos:  ligas como antes de Mourinho cuando no haya un Barcelona potente, o quizá alguna Copa del Rey y es posible que incluso la décima. Y el Real Madrid seguirá siendo el mismo club vetusto en pleno Siglo XXI, incapaz de acometer los cambios profundos que una vez le distinguieron como el mejor club del Siglo XX.

Esa visión que tuvo Bernabeu, esa visión frente a los cambios, creando primero una competición europea, levantando después un estadio ejemplar y no permitiendo por último que ningún jugador, entrenador o empleado estuviese por encima del club, es lo que hizo grande al Real Madrid.

Se podrán seguir ganando títulos sin cumplir esa necesaria y vital transformación pero difícilmente veremos un club moderno, explotando al máximo sus gigantescas capacidades. Y así, el Real Madrid algún día será un Benfica más, un equipo que vivirá con el recuerdo de épocas pasadas, de grandes títulos. El Real Madrid como cualquier gigante empresarial no ha sabido entender la necesidad de seguir adaptándose a los cambios. Cuando menos te lo esperas llega otro que te sustituye y que te reemplaza como número 1. La historia está llena de googles pujantes que se convirtieron en dueños y de empresas como Nokia que murieron lentamente hasta ser una simple compañía más. Ese proceso se está produciendo también con el Real Madrid pero lentamente.

El Real Madrid fue ideado no para ser un equipo más, sino para liderar constantemente el cambio, para ser siempre el número uno. Y para eso hacía falta una estructura moderna y sobre todo un presidente que entendiese que los futbolistas a pesar de ser millonarios e ídolos de masas, son solamente empleados. Y como tales hay que tratarles, sometidos a la necesaria jerarquía de cualquier entidad. Esa meritocracia que quiso imponer Mourinho luchando contra todo y todos, hasta contra su propio presidente ha sido  el detonante que ha hecho que el mejor entrenador del mundo y el mejor líder que ha tenido el Real Madrid en muchos años, se vaya por la puerta de atrás, abandonado por el club y traicionado por los jugadores. El entrenador del que mejor han hablado en todos los clubes en los que ha estado, el tipo por el que sus plantillas matarían, se va del Real Madrid con la plantilla dividida por un veletismo incentivado por la prensa.

Otros llegarán que harán mejor a Mourinho. Veremos los partidos de antaño en los que el Real Madrid era goleado en plazas de equipos pequeños, humillado por rivales inferiores, sometido al capricho de sus futbolistas, secuestrado por una prensa todopoderosa. Eso, que es lo que habíamos visto antes de Mourinho, lo veremos también después porque el entrenador que venga será necesariamente un pelele y un cobarde en el momento que acepte el puesto sin pedir antes el despido inmediato de Casillas, justamente lo que ha querido evitar Florentino Pérez.

Su cobardía es su propia sentencia de muerte, incapaz de entender que el señorío no es permitir que la prensa influya en el club ni que los pesos pesados influyan en las decisiones del entrenador.

Quizá venga un entrenador que no le meta el dedo en el ojo a nadie, que no se enfade ni se queje cuando su equipo pierde, que no se enfrente con la prensa, que no diga las verdades que nadie quiere escuchar. Ese, será el mismo entrenador que a cambio de esa paz permitirá que sean los jugadores los que le hagan las alineaciones. Y ese será el precio que Florentino tendrá que pagar a cambio de la muerte del único que intentó evitar lo inevitable, el secuestro del club.