La puta épica

La épica le debe mucho al Real Madrid. En los últimos tiempos cuesta no identificar esa palabra con el Real Madrid, pero con partidos como el de hoy es imposible no hacerlo.

Tanto están asociados, que el eterno rival, el F.C. Barcelona ha querido incorporar este concepto, ganando el otro día en el minuto 92 en el Bernabéu y remontando antes al PSG en la Champion. Ahora bien, cuando se gana contra 10 como contra el Real Madrid o cuando la remontada sirve para caer más tarde contra la Juventus por 3-0, entonces la épica pierde su significado.

La épica del Real Madrid seguramente haya provocado entre sus millones de aficionados, varias decenas de infartos, o como mínimo habrá hecho que miles de sus aficionados hayan envejecido con rapidez. Con partidos como el de la final de la décima, ligas como la de Capello o con temporadas como la actual de Zidane, el aficionado blanco envejece más rápido. Pero al mismo tiempo disfruta el doble las victorias de su equipo.

La épica tiene que tener ciertos elementos de infortunio, como el penalti fallado por Cristiano Ronaldo ante el que seguramente sea el mejor parapenaltys de la historia, Diego Alves. La mitad más uno del estadio sabíamos que se fallaría ese penalti y que ese fallo supondría que el equipo sufriese hasta el penalti.

Quizá alguno habría preferido hoy que se marcase ese penalti, con un 2-0 tranquilo y sosegado o quizá un partido mecánico del Real Madrid, una contundente goleada, sin ir más lejos como el 2-6 del otro día ante el Deportivo de la Coruña. Uno de esos partidos rutinarios, sin gracia, en el que los goles caen uno detrás de otro y a partir del 3º apenas se disfrutan y se aplauden por inercia.

La otra opción es lo de hoy y lo de gran parte de la temporada (hasta 8 goles ha marcado el Real Madrid en los últimos 10 minutos) el gol de la épica, con sufrimiento previo, con el 1-1. Un empate del Valencia como marcan los cánones, con gol de un ex.canterano, tras una falta absurda de Casemiro y con Keylor Navas menos “gatuno” de lo que debería.

Cuando eso pasa a poco menos de 8 minutos del final ya se sabe lo que toca en el Bernabéu: toque de corneta. De pronto, donde antes había un equipo de ritmo lento y cansino, aparece un equipo dinámico, con una vitalidad propia de chavales de 18 años, jugando cada balón como si fuese la última jugada de sus vidas

Mientras eso ocurre, el aficionado tiene un ojo en el videomarcador, comprobando como ahora el tiempo pasa más rápido, y otro ojo en el terreno de juego, esperando que el balón pase rápidamente a los pies de los jugadores madridistas. Entre medias, muchos nervios y la sensación de que la épica nunca llegará. Por eso es épica, porque no se espera.

Y así es como ha llegado el gol de Marcelo, después de una buena jugada de Morata. Un 2-1 que mantiene al Real Madrid en la lucha por la liga, y que acentúa el mito de la flor de Zidane. Hoy, el técnico francés apostó con James, que le devolvió la confianza con un gran partido, al contrario que Benzema. Pero llegados a este punto, los destinos de Zidane son inescrutables y sus decisiones deben tener la lógica de quien fue antes un jugador de super élite. Sobre todo no habrá discusión mientras lleguen las victorias y los títulos. Aunque sean por la vía de la épica.