Se busca capitán para el Real Madrid

El “affair Ronaldo”, mas allá de servir para atizar sin parar a su principal protagonista, sirve también para poner de manifiesto muchos otros aspectos de un club que desde hace demasiado tiempo tiene demasiadas disfuncionalidades.

 Una de ellas que ahora se aprecia con nitidez es la figura del capitán. En el Real Madrid el capitán se elige no por votación o por designación como ocurre en Inglaterra, si no por antigüedad. Actualmente son capitanes por este factor Casillas, Ramos, Higuain y Marcelo. Ninguno de los cuatro ha atestiguado una cualidad especial para ejercer la capitanía más allá de su antigüedad. Es más, en algún caso podrían ser incluso malos capitanes por diversas razones: egoísmos propios, falta de inteligencia, profesionalidad…

 Hay que remontarse a Fernando Hierro para encontrar al último gran capitán del Real Madrid. Un capitán lo es dentro del campo ejerciendo como tal la labor, ayudando a compañeros o reprendiéndoles, hablando con el árbitro y también por supuesto levantado los trofeos y portando el brazalete. Pero mucho más importante es su labor interna dentro del vestuario como canalizador de los problemas entre compañeros. Y como ejemplo y modelo. Hierro, vilipendiado por un sector de la prensa si realizaba esta labor.

El capitán perfecto además sabe realizar las declaraciones fuera del terreno cuando es adecuado: bien defendiendo a su club, a sus compañeros o poniendo en valor lo que le pueda interesar al club.

 La pregunta es, ¿representa Casillas algo de esto? ¿Alguien ha escuchado a Casillas salir a defender a Pepe? ¿Alguien ha escuchado durante estos días a Casillas diciendo algo sobre lo de Ronaldo?

 Quizá podría haber dado un paso adelante y hacer como hizo Arbeloa con sus magníficas declaraciones:

“Le queremos. Es un compañero fundamental para nosotros. Es un ídolo excepcional. Nuestro jugador franquicia. Es un fenómeno. Un miembro de la familia al que vamos a ayudar”.

Arbeloa aplaudiendo a Benzema

Arbeloa aplaudiendo a Benzema

Aquí es donde se ve de verdad a los auténticos capitanes. Aquellos que hacen declaraciones con sentido, remando siempre en la dirección del club. Arbeloa lo viene haciendo durante varios años. Otros como Casillas no aparecen en estos momentos mientras que jugadores como Higuain o Xabi directamente escurren el bulto. No se trata de hacer declaraciones que agraden a todo el mundo. No se trata de aspirar a ser el Premio Príncipe de Asturias si no de proteger a tu club y defender sus intereses.

 Y luego está Pepe. El portugués si es el auténtico capitán emocional del Real Madrid. Un jugador especial que siente más al Real Madrid que cualquier español. Un jugador que demuestra en sus múltiples gestos su compromiso con el club y su intención de ayudar a sus compañeros. No lo invento, hay decenas de imágenes con Pepe hablando con canteranos, saludando con cariño a fichajes como Modric, separando a jugadores o yendo a la gresca. Algo que ya hacia Hierro.

 Si por mi fuese Arbeloa y Pepe serían los capitanes.

Raúl González Blanco: el fin de una era (II)

Primera parte

Su cuesta abajo lejos de ser un impedimento para Raúl, le hizo aún más fuerte, adquiriendo un poder desmesurado dentro de un vestuario tan jerárquico y difícil como el del Madrid. Avalado por sus 10 años en la élite y por su conocimiento del club, Raúl manejó el vestuario, apadrinando jugadores o crucificando a otros, apoyando a los entrenadores o dejándolos a su suerte. Sin mucho ruido, Raúl ha manejado el vestuario sabiéndose el más antiguo del lugar y el más importante de todos, por encima de entrenadores, presidentes o nuevas estrellas.

Hierro-Raúl

Hierro colocándole el brazalete de capitán a Raúl

Este modelo de club no era nuevo, y provenía sobre todo de la etapa en la que Fernando Hierro controlaba con mano de acero el vestuario, tanto en el Madrid como en la selección. Y Raúl lo adoptó como algo natural, casi incluso necesario para la supervivencia del club.  Uniéndolo a la vieja doctrina madridista de enseñar a los jóvenes los valores del club y su funcionamiento, Raúl se arrogó unas  obligaciones y derechos que estaban casi por encima del entrenador y del presidente. Consciente o inconscientemente, su poder era tan grande que incluso los jóvenes valores destinados a derribar la puerta, como él hiciese años atrás, se veían cohibidos y acorbardados.

Este modelo, ya exportado por Fernando Hierro a la selección, lo intentó consolidar Raúl, apoyado también por una prensa que reclamaba del 7 -de España por aquella época- un liderazgo que Raúl ya no podía ni debía asumir. Al menos futbolísticamente. El mismo liderazgo que no permitía que otros jugadores más jóvenes y con más calidad, velocidad y potencia, explotasen. El liderazgo a veces se tiene pero otras muchas veces se otorga. Hay jugadores que necesitan sentirse apoyados para liderar. Otros en cambio necesitan un liderazgo compartido.

Toda esta situación, que no es más que un ejemplo típico de gestión de recursos humanos, fue rápidamente interpretada por Luis Aragonés. El sabio, con muchos años a sus espaldas de jugador y de entrenador, conocía perfectamente el rol de los jugadores veteranos y de los jóvenes.  Y sabía que la influencia de Raúl incomodaba a otros jugadores y no permitía que los jóvenes liderasen un proyecto que contaba con más talento que nunca. Por eso, el sabio decidió que ya era hora de un relevo generacional. Y lo hizo de la única manera que podría hacerlo, eliminando al máximo exponente de una época, Raúl González Blanco. Su manera de actuar no era nueva y ya muchos años atrás se hizo algo parecido con la quinta del buitre.

Y sin embargo, nunca una decisión  de un entrenador ha sido tan discutida y traumática para una selección de fútbol. La eliminación del que tiraba del carro suponía poco menos que dejar el carro a la buena de Dios. Sin líder, sin referencia, parecía que España se quedaba huérfana del que muchos consideraban el único capaz de llevar a la selección al triunfo, tal y como lo hiciese en el Real Madrid.

Por el camino, muchos se olvidaban que Raúl no había liderado al Madrid al estilo de Maradona con Argentina o Nápoles, si no que más bien lo había liderado al estilo de Pelé con Brasil, junto con otros grandísimos jugadores. Como Pelé con Garrincha, Didí  o Zagallo y otros jugadores de primer orden mundial, Raúl contó para liderar al Madrid con jugadores tan carismáticos como Fernando Redondo, Fernando Hierro o Roberto Carlos primero, y con Luis Figo o Zidane después.

Se trataba por tanto de un liderazgo compartido que no sólo ejerció Raúl, y sin el cuál seguramente Raúl no habría pasado a los anales de la historia como no lo hicieron muchos otros delanteros con más cualidades que él. El 7, supo sin embargo aprovechar sus oportunidades y fue capaz de rendir incluso por encima de su capacidad y de sus limitados recursos. Raúl sería el ejemplo de empleado terriblemente eficiente, que con pocos recursos es capaz de sacar adelante el trabajo brillantemente. Raúl fue capaz de exprimir su capacidad competitiva hasta la extenuación, hasta el absurdo incluso, contabilizando récords, cargados de valor histórico pero carentes de épica y de importancia real para el día a día del equipo.