La historia de Drazen Petrovic

Hoy se cumplen 18 años de la muerte de uno de los mejores baloncestistas europeos. La historia de Drazen Petrovic es la historia del talento puesto a disposición del trabajo. El genio de Sibenick ya destacaba de pequeño con un balón de baloncesto, pero lejos de conformarse, entrenaba solo todos los días su tiro hasta convertirse en una máquina de precisión cuasi perfecta.

Esa cualidad, del trabajo sin descanso, y no el talento, fue su seña de identidad. Lo fue cuando con 20 años maravilló a Europa con el Cybona de Zagreb, rompiendo todos los records, lo fue después en la única temporada con el Real Madrid, y lo sería después en la NBA, donde vivió sus momentos más duros.

Drazen Petrovic vivía para mejorar. Ni siquiera vivía para el baloncesto si no para ser mejor cada día, para hacer historia en cada partido. Lo hizo y de que manera en su primera etapa en Europa, donde llevó primero al Partizan a lo más alto de Europa con dos Copas de Europa y dos ligas. Y después, lo hizo también con la selección Yugoslavia, junto con un grupo de jóvenes jugadores como Divad, Kukoc, Radja, Paspali o Danilovic que se convertirían con el tiempo en los referentes europeos, ganando la plata olímpica en Seúl y después el oro en el Europeo, y en el mundial un año después, batiendo a la misma URSS que les habían arrebatado el oro de Seúl.

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Una de las mejores selecciones de todos los tiempos, Yugoslavia

Todos aquellos triunfos y reconocimientos individuales bien podían haber aplacado el temperamento y ansias de ganar y mejorar de Petrovic, que ya era sin duda uno de los mejores de Europa. Pero no, el genio de Sibenick no conocía el descanso ni tampoco parecía poner techo a su carrera. Y por supuesto, ese techo no podía estar en un lugar diferente que la NBA.

Por aquel entonces, en la NBA no jugaba ningún europeo no formado en la universidad americana. Al contrario de lo que ocurre hoy en día, el jugador europeo era mirado con desconfianza. Se decía que eran poco atléticos y no causaban la admiración de hoy en día.

Si bien el primer europeo fue Glouchkov, seguido de Fernando Martin, no se podía de decir de ninguno de los dos que hubiese realmente abierto la brecha. Más bien al contrario, por diversos motivos, sobre todo físicos, el resultado fue decepcionante.

Así pues, Petrovic se disponía en el draft de 1989 a romper aquella barrera como había roto otras muchas en su carrera. Lo acompañarían en su aventura dos rusos: Volkov y Marceulinus y dos yugoslavos, compañeros de selección y amigos por entonces (después la guerra les separaría tristemente): Divad y Paspalj. Cinco jugadores procedentes de los dos mejores equipos de Europa: la URRS y Yugoslavia. Curiosamente dos países que se romperían en mil pedazos, perdiendo su hegemonía.

Aquel paso debía ser el primero para lograr el éxito en la NBA. En los planes de Petrovic entraba una pequeña adaptación a una nueva liga mucho más física y potente que otras, un paulatino reconocimiento de su calidad y después la consagración, para más tarde alcanzar el éxito y convertirse quizá en uno de los cinco mejores jugadores del mundo. Al menos ese debía ser el plan inicial de un Petrovic que consideraba que no tenía límites. Al menos no límites humanos que no se pudiesen derribar con el trabajo y con el talento.

Por eso, no debió ser sencillo para el croata llegar a un equipo y jugar primero una media de 12 minutos y después verse casi relegado al banquillo. El, un jugador acostumbrado a jugar todas las posesiones importantes, acostumbrado a anotar 30 puntos, 40 puntos o incluso 62  como en la Recopa con el Real Madrid, de repente era un jugador secundario. Ni siquiera era de los suplentes habituales.

El genio de Sibenick debió pensar al ver sus 7.6 puntos de media en su primera temporada y sus tristes 583 puntos en total que para eso mejor quedarse en Europa donde cualquier equipo se pelearía por él. Podía marcar esos mismos puntos en 20 o 25 partidos sin despeinarse, como había demostrado en el Real Madrid.

Eso mismo pensaron  Paspalj y Volvok, dos fuera de serie que no encontraron la comprensión necesaria en la NBA, y se volvieron a Europa. Divad y Marceulinus sí encontraron su camino y de hecho harían después grandes temporadas.

No, Petrovic no podía fracasar allí donde otros europeos estaban teniendo éxito. Petrovic no era uno más, ni siquiera uno más de un grupo especial. Petrovic era simplemente el mejor, el jugador total, el jugador que debía jugarse todos los tiros. O al menos, eso pensaba él que pedía los tiros en los entrenamientos y se mostraba confiado de sus posibilidades. Y sin embargo, su entrenador en los Portland Trail blazers no pensaba como él y más aún, le había relegado a un papel ya no secundario sino casi apartado jugando unos pobres 8 minutos por partido.

Bien es cierto que jugaban en su posición Clyde Drexler, Terry  Porter o Ansia Law, jugadores contrastados y de mucha calidad. Pero no pensaba así el croata ni quizá tampoco algunos de sus compañeros que veían como en cada entrenamiento Petrovic metía una detrás de otra sin parar. Eso mismo hacía el genio de Sibenick después de los entrenamientos. Se machacaba sin parar como en su infancia, buscando de esa manera la solución a su suplencia.

Esa solución vendría sin embargo gracias a la llamada de los New Jersey Nets. El equipo neoyorkino se dio cuenta de que detrás de aquel joven apasionado que apenas jugaba se escondía un gran jugador. El mismo que había asombrado a Europa entera. Sí, pero Europa no es Estados Unidos, pensaban los más desconfiados.

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Drazen Petrovic con los Nets

Petrovic demostraría que si se parecían, y que los europeos estaban capacitados para triunfar en la NBA.  Fue en las dos siguientes campañas donde Petrovic enseñó a Estados Unidos parte de su potencial. Promedió en la primera campaña 20.6 puntos y en la segunda 22.3, llevando a su equipo a los Playoffs.

No eran solamente los números, si no la actitud de Petrovic lo que hacía pensar que estaba llamado para cotas más altas. Jugando prácticamente todos los partidos y todos los minutos, Petrovic obtuvo la confianza que no tuvo en Portland. Entradas a canasta, triples en carrera o asistencias geniales mostraron al verdadero Petrovic. A un jugador sin embargo que con 29 años todavía estaba en la cúspide de su carrera con hambre suficiente para convertirse en uno de los mejores jugadores de la liga.

Un trágico accidente nos arrebató al genio de Sibenick para siempre. No sabremos donde podría haber llegado pero nos ha dejado su legado. Y no solo en forma de vídeos maravillosos sino también el legado de que con trabajo se puede lograr todo lo que uno quiera. Al menos eso pensaba Petrovic y le funcionó.

Dejo un artículo con más información sobre este gran jugador, y tres vídeos sobre Petrovic, especialmente emocionante el de “Once Brothers”, la amistad de Divad y Petrovic y como se rompió por la guerra.

Petrovic y su sobrino Marco

Impresionante documental: Once brothers


Documental sobre Petrovic

"Firma Invitada": Gasolution

Comienza hoy una nueva sección en el blog, “la firma invitada”. Se trata de conocer otras opiniones de lectores y amigos,respetando el espíritu de esta página, es decir, hablar de deporte. Está abierto a todo el mundo, me podeís mandar un mail con vuestras sugerencias a cgarcia10@live.com

Hoy abrirá la sección mi buen amigo y gran conocedor del deporte, Javier Oltra. Estoy convencido de que os gustará el artículo y espero también contar con él para más ocasiones.

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Empiezo diciendo que para mí es pura satisfacción ser la primera firma invitada en este blog. A partir de aquí se me ocurren varios temas, de actualidad y de recuerdos de los que me gustaría tratar: la crisis del barça y la envidia del Madrid (Sylvinho dixit), la copa Davis, Phelps y su pipa (lo que llevaría a hablar del dopaje en general), el bajo nivel de la liga española (sin representantes en UEFA, y mal colocados en Champions), la ¿convocatoria? de Raúl para el partido contra Turquia, etc…

 Sin embargo gracias a Pau Gasol voy a hablar de basket. Pau ha sido el segundo español en jugar la NBA, pero también el primero en triunfar: número 3 del draft (por Atlanta) Rookie del año, allstar, jugador de la semana, triple dobles, campeón del mundo júnior y sénior, subcampeón de la NBA y ahora jugador del mes. El currículo es largo y extenso, y conocido de sobra por todos. Fernando Martín fue el primero en llegar a la NBA, y por ello justamente homenajeado por Rudy en el concurso de mates, pero Pau es el que abrió las puertas.  Desde 2001 son varios jugadores los que han ido llegando (y saliendo) de la NBA, Raúl, Calderón, Sergio Rodríguez, Garbajosa, Rudy y Marc. Además se espera a Ricky, Llull e incluso a Fran Vázquez que recordemos, es un número 11 del draft.

Pau es un jugador con buenas virtudes individuales, tanto ofensivas como defensivas. Si bien priman las primeras, hay que resaltar que es injusta la fama de blando que le colgaron en la NBA y que poco a poco se va quitando como puede. Sin embargo, más allá de sus capacidades individuales, lo que realmente aporta al baloncesto es labor de equipo. Como número uno de Memphis tenía buenos números. Como lugarteniente de Bryant los ha mejorado.  Phil Jackson ha encontrado una mina en Pau, pues lucha, rinde, y no discute a Kobe. Eso se nota en que poco a poco en LA le dan más balones en ataque. El resultado ya lo conocemos: JUGADOR DEL MES en febrero.

Poco más le queda a Pau por conseguir, aunque hay que resaltar que es un caníbal de los registros, al más puro estilo Raúl González o Rafa Nadal. En un mundo egoísta como es la NBA las marcas individuales se antojan complicadas, por lo que ser máximo anotador/reboteador/asistente/taponador/etcétera, es poco menos que una utopía. Y el MVP de la liga no llega ni a ser un sueño. Para hacernos a la idea de lo que cuesta, en la temporada 2005/2006 Nowitzky promedió más de 26 puntos y 10 rebotes para obtener ese premio.

Sin embargo, con el permiso de Celtics, Cavs, y Magic, Pau podría ser el primer español en conseguir un anillo de la NBA, este mismo año. Y si sigue como hasta ahora, el segundo europeo en ser nombrado MVP de las finales tras Tony Parker. Y si esta posibilidad real se cumple, yo me voy a Cibeles, Neptuno, Colón y el bar de debajo de mi casa a celebrarlo. Que así sea.

El trofeo de Navidad, una tradición rota

Muchos de mis mejores recuerdos navideños tienen que ver con el Trofeo de Navidad del Real Madrid. Durante varios años mi padre compraba entradas para todos los familiares a los que les gustaba algo el baloncesto.Y así nos juntabamos de 10 a 15 personas para ver las semifinales y finales de este mítico torneo.
En su momento era seguramente el Torneo no oficial más importante del mundo, no sólo porque lo oganizaba el Real Madrid, el equipo europeo más laureado, sino porque había auténticos rivales de nivel.El Maccabi de Tel Avic, las selecciones de Yusgolavia o Rusia o la mítica Jugoplastica de Toni Kukoc disputaron este torneo. Se suele decir mucho aquello de que para el Real Madrid no hay partidos amistosos y a buen seguro que el Trofeo de Navidad nunca fue un torneo de amistosos sino la defensa de su propio torneo para el Real Madrid, y la adjudicación del Torneo más prestigosio del momento para el resto de los equipos.

Quizá mis recuerdos me traicionen pero recuerdo mucha intensidad en los partidos, mucha emoción y sobre todo un ambiente espectacular.Se juntaban la euforia propia de estas épocas navideñas con un espectáculo con los mejores jugadores del momento.

Por desgracia, como otras muchas buenas tradiciones y costumbres se ha ido perdiendo y hoy en día es, cuando se celebra, un torneo de pega entre el Real Madrid y un rival menor. También es cierto que hubo una vez en que los mejores jugadores europeos estaban precisamente en Europa, y en la NBA sólo había un par de superestrellas europeas a los que Europa se les quedaba pequeña, y que eran jugadores secundarios en los Estados Unidos.Hoy en día, cada vez que un jugador se asoma al máximo nivel es rápidamente drafteado, y nos tenemos que conformar con ver por la televisión a nuestros mejores europeos. Por aquel entonces también el Real Madrid tenía a los mejores, y no quedan tan lejos los tiempos del mejor pivot de la historia europea, Sabonis, o de un joven Petrovic.

Aquellos recuerdos navideños difícilmente se podrán repetir, pero al menos el Real Madrid debería aspirar a mantener un Trofeo que le ayudó a hacerse un poquito mas grande y que además desde hace ya varios años lleva el nombre del fallecido Fernando Martin. Aunque sólo sea por respeto a nuesto primer jugador NBA y a un símbolo del baloncesto español, el Real Madrid debería organizar un Trofeo con los mejores equipos europeos y algún equipo NBA.

Así quizá nos acordemos de que una vez pasaron  por las canchas del Real Madrid Petrovic,Kukoc o Divac.