Humillante derrota del Real Madrid por 0-4 ante el Barcelona

La humillante derrota por 0-4 del Real Madrid ante el Barcelona prácticamente certifica la defunción deportiva de Benítez como entrenador. No se trata solamente de la manera en la que se ha perdido, sino del mensaje que queda claro después del partido de hoy: los jugadores no confían en él. Tampoco lo hace la afición, por cierto, que ya andaba quejumbrosa cuando se ganaba. Y por supuesto tampoco Florentino Pérez aunque también es responsable de lo que sucede, al igual que los jugadores.

Gol durante el Real Madrid Barcelona

Keylor Navas batido por Suárez

 Pero claro está que es mucho más fácil despedir al entrenador que además de eso, convocar elecciones, vender a 4 o 5 jugadores (en mi opinión los 4 capitanes más Cristiano Ronaldo) y apostar por un modelo deportivo completamente nuevo. Un modelo, en realidad sencillo, en el que mande el entrenador, que configura la plantilla junto con un director técnico. Los jugadores son meros empleados cuyo único cometido es jugar y obedecer órdenes, y el presidente, es el representante del club y gestor económico, pero no quien traza la política deportiva del club a toda costa.

 Ahora, si hablamos del partido, el Barcelona no fue el equipo super hegemónico ni dominante de antaño, sino que el Real Madrid fue un equipo empequeñecido, hundido. Neymar y Suárez se bastaron y sobraron para masacrar a toda la defensa, y en ataque daba igual si era Bale, James o Cristiano.

 Evidentemente los jugadores ni estaban ni querían jugar ese partido. Llámese cama o falta de actitud o falta de forma física, pero este mismo Real Madrid el año pasado le metió un repaso a este mismo Barcelona en el Bernabeu.

 Benítez no ha sabido convencerles con su sistema y tampoco ha sido coherente con sus propias ideas. Este sistema no se ha jugado en todo el año. Es más, el éxito de su Madrid ha venido con Casemiro como medio centro. Luego ya, el poner a Marcelo, Benzema y Ramos por voluntad popular, estando los tres lesionados, habla también de cómo ha claudicado ante la presión.

 Pero como decía más arriba, el problema no puede ser solo Benítez, ya que sin él, antes ya se perdieron todas las ligas anteriores en los últimos 7 años, menos la del récord de puntos de Mou. El problema va más allá, tiene que ver con un modelo deportivo, con un rival que evidentemente le ha ganado la partida en muchos aspectos: Neymar superior a Bale, Suárez más importante para el equipo que James, entrenadores que se acoplan al equipo. Eso sumado a otros errores históricos como la marcha de Etoo, el fichaje de Beckham y no de Ronaldihno contribuyen a ese éxito.

 Lo cierto es que ya son muchas las goleadas del Barcelona en la última década, muestra clara del predominio culé y de que el Real Madrid está haciendo las cosas mucho peor que su rival. Los títulos en liga de uno y otro equipo lo evidencian. Es hora de cambiar de modelo, no solo nombres de entrenadores ni nuevos fichajes.

El día que Alemania destrozó a Brasil

Los alemanes son el único pueblo que ha perdido dos guerras y se han vuelto a levantar, más fuerte, más preciso, más alemán. Unas características que las aplican en todos los aspectos de su vida, desde la manera en la que construyen máquinas hasta la manera en la que juegan al fútbol.

La historia de la Alemania futbolística es la historia de un equipo que pase lo que pase siempre está preparado para competir. Puede tener un equipo de grandes estrellas o de jugadores sin nombre. Un entrenador malo o uno excelente. Pero lo que siempre tiene es esa capacidad para no dar nunca un partido por perdido, para estar siempre presente.

Si a esa cualidad se le suma la presencia de una excepcional generación de jugadores, un buen entrenador, frustraciones pasadas y un rival frágil, el resultado bien pudiera ser el 1-7 que vimos ayer.

En un equipo con jugadores como Ozil, Muller, Klose o el ayer suplente Gotze, destacó Khedira, el panzer alemán, el box to box que todos pensamos que sería ese jugador de trote percherón, pinta de actor porno y toque de balón más práctico que estético. El madridista junto a otro posible madridista, Kross, el modelo perfecto de jugador alemán, destrozaron a Brasil en solo 179 segundos. El tiempo que transcurrió desde el primer gol hasta el quinto.

Quizá sea demasiado castigo para una selección como la brasileña, a pesar de que su desempeño en el mundial había sido hasta ahora más bien rácano. Nadie merece recibir semejante paliza, un partido que quedará para siempre en el recuerdo, por inesperado y por enfrentarse entre sí dos equipos teóricamente parejos. Como el 0-4 de este año del Real Madrid al Bayer de Munich, el 5-0 del Milán al Real Madrid o el 4-0 del Milán al Barcelona, son todas goleadas que quedan para siempre en la historia y que normalmente tienen un gran impacto en el equipo que la ha recibido.

Con Brasil el impacto no es solo ser eliminado en su propia mundial, la destitución inmediata de su entrenador, y el desprestigio de todos sus jugadores, sino que esa derrota pesará durante los próximos cuatro años hasta que Brasil pueda resarcirse en el mundial.

Para ello tendrá que volver a recuperar la identidad que siempre le caracterizó y que empezó a perder con Dunga como entrenador. Cuando un aficionado cualquiera al fútbol piensa en Brasil, piensa en los grandes delanteros y mediocampista. Inmediatamente te acuerdas de Ronaldo, Romario, Rivaldo, Ronaldihno o Kaká, por mencionar algunos de los más grandes en las dos últimas décadas. En ocasiones muchos de estos jugadores jugaron juntos, conformando auténticos equipazos, selecciones de ensueño y de magia, que podían ganar o perder mundiales pero que sabías que garantizaban siempre el puro espectáculo.

Una selección en la que han jugado defensas eternos como Cafú o Roberto Carlos, medios como Mauro Silva o Mazinho y leyendas como Pelé o Zico, no puede tener en sus filas a jugadores de segunda fila como Fred(¿), Bernad(?) o Hulk. Y tampoco puede tener a dos jugadores de diez con capacidad ofensiva.

Este Brasil, como el del último mundial, se ha encontrado con una generación de jugadores ramplones, de poca calidad. Y la prueba de ello es que excepto Neymar ningún otro jugador de los ofensivos de Brasil se encuentra entre los 30 mejores jugadores del mundo.

Este factor es aún más preocupante cuando el equipo se convierte en un coladero en cuanto falta el central titular, Thiago Silva. La baja del defensa del PSG fue mucho más determinante que la de Neymar, y mostró las vergüenzas del peor Brasil que se recuerda.