Doncic: la sonrisa de un jugón

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Doncic sonríe como un niño, como el chico de 18 años que es, consciente ya de su talento y de su impacto en el baloncesto, pero incapaz de dejar de sonreír cuando hace cosas geniales. Tiene esa sonrisa a la que se refería Andrés Montés, la sonrisa de los jugones. «¿Por qué todos los jugones sonríen igual, Daimiel?», le decía este a su compañero de retransmisiones cada vez que un jugón de la NBA hacía algo espectacular.

Y la respuesta es que todos ellos sonríen porque cuando hacen jugadas maravillosas, al alcance de unos pocos, se vuelven a sentir como niños, sorprendidos y maravillados ante lo que puede ofrecer la vida. En este caso el baloncesto.

Y lo que Doncic puede ofrecerle a ese mundo, aparte de su sonrisa de jugón, es la evolución de un juego que como cualquier otra actividad humana no ha parado de evolucionar. Cuando uno recuerda al gigante Fernando Romay, de 2,13, uno de los primeros pivots de ese tamaño, le vienen imágenes de un jugador torpe, que no salía de la zona porque apenas sabía botar el balón, y cuya función era coger rebotes fáciles, cerca de él, canastas cerca del aro e intimidar.

Pero el baloncesto no tardó en evolucionar hasta encontrar a jugadores como Pau Gasol, del mismo tamaño que Fernando Romay, pero con una movilidad y unas condiciones totalmente diferentes. Pau podía moverse con una agilidad asombrosa por toda la zona, correr contraataques, y por supuesto gozada de un talento casi infinito para generarse sus propios tiros, con un movimiento de pies y manos impresionante.

La última evolución ha llevado a que en la NBA (el verdadero núcleo de talento mundial)  jugadores del tamaño de Pau Gasol,  ya sean capaces de realizar  tiros de 2 o de 3 como un alero o un escolta. Ya vimos como Pau y Marc Gasol -por citar a dos- eran capaces de realizar esta jugada con éxito, pero todavía estaban lejos de perfeccionar dicha faceta. Ahora vemos como Porzingis, de 2,21, es capaz de hacer la mismas cosas que Pau Gasol, y además tirar de tres con extrema facilidad.

Y esa misma evolución ha hecho que jugadores de 2,11 como Antetokunmpo puedan entrar a canasta y moverse por todo el ataque como un escolta, o que haya bases como Ben Simmons, de 2,10, con capacidad para asistir y hacer todo lo demás.

Porzingis, denominado el unicornio, acompaña al resto no ya de futuros cracks, sino presentes, hacia una evolución del baloncesto con jugadores totales, que todo lo pueden hacer. Y ahí es donde entra Luka Doncic.

El esloveno puede también manejar todas las habilidades mencionadas. Es capaz de todo y en cada partido sorprende un poco más. Ayer hizo varias jugadas geniales en un mismo partido, una de ellas una serie de crossover mangíficos, que en la NBA se repetirían una y otra vez.

Su repertorio de jugadas mágicas parece ilimitado y en cada partido hace varias de esas que para cualquier otro jugador sería la jugada de su vida. Para él es una más: triples lejanos, sobre la bocina, entradas a canasta, asistencias imposibles, altísima efectividad en el tiro, control del juego, capacidad de rebotear…

Lo llamativo es que todavía tiene 18 años. Y será así hasta el próximo 28 de febrero, cuando cumpla 19 y lleve ya más de 3 años en la élite europea, primero como un cadete que aprende de sus compañeros, después con un rol importante en la plantilla y finalmente como auténtico líder de todo un Real Madrid.

Doncic con su edad es el más precoz en todo. Sus estadísticas, su comportamiento, todo, hace de él ya uno de los mejores de Europa, si no el mejor. Es tan difícil encontrar un precedente que hay que compararlo con Petrovic o Sabonis, que a esa edad triunfaban aunque de manera distinta. Estaban en otro tipo de equipos, con otro tipo de estructura del baloncesto mundial y europeo.

Con Doncic, la evolución ha traído un unicornio de 18 años, ya preparado para luchar cara a cara con los mejores bases de Europa, muchos de ellos jugadores de altísimo nivel (para Europa y para la NBA). Su liderazgo en el campo y su capacidad para asombrar en cada partido hace que cada vez sea más difícil no ya discutirle el número 1 del draft de la NBA sino que vaya a ser allí uno de los mejores de siempre.

Y eso, porque si en España ya es un supercrack, en la mejor liga del mundo, rodeado de los mejores jugadores, entrenadores, técnicos, podrá ver moldeado su juego de la misma manera que jugadores como Porzingis o Antetuokompo que a la edad de Doncic todavía eran secundarios con proyección. Ellos mismos, como el polaco, son conscientes de lo que se viene

Doncic ya es protagonista del Real Madrid y de su selección, un líder de 18 años con la sonrisa de un niño pero con la mentalidad de un veterano de 35 años. 

¡HASTA SIEMPRE JUGON!

Esta mañana me he dado cuenta de la influencia de Andrés Montes en mi vida.Como casi siempre he saludado a un compañero de trabajo con un «que pasa jugón», y rápidamente me he dado cuenta de que nunca más escucharemos los increíbles motes de Montes.

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No seguí su primer periodo en las retransmisiones de la NBA, pero ya por entonces sabía que existía un tipo que se dedicaba a poner motes geniales a los jugadores. Casi todos ellos jugones, pero algunos eran american grafiti, el cartero, chocolate blando o la pasión turca. Ya por entonces me recuerdo riéndome con las expresiones de Andrés Montes que años más tarde pude compartir con el resto de aficionados al deporte gracias a su entrada en el fútbol.

Como casi todos los personajes llamativos, a Montes o le querías o le odiabas. Reconozco que en algunos partidos se hacía insoportable sus continuos comentarios, aunque en muchos otros ayudaban a verlos. En definitiva, Andrés Montes ha contribuido a expandir el deporte, comentando infinidad de partidos, popularizando motes divertidismos y acertadísimos en la mayoría de los casos. Desde el Espartaco de Felipe Reyes hasta el Ricky Business, pronunciados con esa pasión, pasarán a la historia de los motes.

Cada vez que los vuelva a pronunciar, y me muera de risa con ellos, me acordaré de que fue gracias a un tipo de estética curiosa, con su eterna pajarita y con sus cánticos simplemente indescriptibles. Su «que bueno eres Mcgrady» o su «vaya piedraaaa Vilmaaaa» forman ya parte de mi vocabulario. Le debo por tanto a Andrés Montes mucho por aportarme una visión distinta de las retransmisiones y por hacerme disfrutar con el deporte.

Porque la vida puede ser maravillosa, lo que nos toca es disfrutarla al máximo mientras podamos.

¡¡¡Muchas Gracias Jugóoooooooooon!!!