España eliminada: el tiempo perdido

La selección española cayó ayer ante Rusia en uno de los partidos más aburridos que recuerdo en general, y en particular a España. Me recordó a la triste selección de Del Bosque, en sus últimos coletazos, cuando primaba la defensa del estilo por encima de la meritocracia, la lógica y el propio fútbol. Un estilo de posesión y pase sin generación de peligro, en una antítesis de lo que debe ser el ataque de un equipo mediante centros peligrosos, tiros a puerta, desborde y en general acciones ofensivas de riesgo.

Lo contrario de eso que antes se llamaba fútbol de ataque y ahora los puristas llaman atacar con balón es lo que hizo ayer España, ante una selección rusa que solamente tuvo que defender con inteligencia e intensidad, juntar líneas y esperar el paso inevitable de los minutos. No necesitó la presencia de ninguna gran estrella, ni una gran heroicidad, más allá de las dos paradas de su portero en la ronda de penaltys. Solo necesitó la propia inacción de una selección que se ha parecido más a un barco a la deriva, sin capitán ni timonel, que a un equipo que tenía claro el puerto de destino. En este caso, se trataba solamente de esperar el naufragio que finalmente llegó.

Y al naufragio asistieron prácticamente todos los jugadores, en estado de shock y desconcierto a solamente 48 horas del inicio del mundial. El único que quiso evitar la triste deriva con una asombrosa tenacidad fue Isco. Tremendamente voluntarioso y acertado como en sus mejores días, Isco ha tratado durante este mundial de ganar el tiempo perdido. Ese tiempo que 4 años atrás no le quiso conceder Del Bosque y que  es siempre el gran enemigo del jugador es el que ha tratado de ganar Isco a la desesperada, caracoleando aquí y allá, pasando y corriendo sin saber que desde antes del primer partido el barco tenía una avería irreparable.

Pero ni Isco ni ningún otro fueron capaces de devolver a España una identidad trazada durante dos años con gran esfuerzo y tesón por Lopetegui. En solo 48 horas el pulcro y bien capitaneado barco de la selección española, parecía de pronto un triste bajel con marineros de mirada perdida y un capitán impostado, nombrado a mayor gloria del nuevo armador, el inefable Rubiales.

Resultado de imagen de lopetegui y rubialesEs sin duda Rubiales el gran responsable de este fracaso, porque es el único elemento nuevo en una ecuación en la que la selección hasta ahora contaba prácticamente todos sus partidos por victorias, con algunos partidos especialmente meritorios. Con un juego definido, soluciones y variables tácticas y sobre todo un grupo de jugadores comprometidos con su entrenador al que  consideraban su líder y guía

Contenía la selección de Lopetegui el esfuerzo de dos años haciendo una dificilísima transición. Acumulado el trabajo por la inacción de Del Bosque, le tocó al ahora entrenador del Real Madrid incorporar a todos los nuevos jugadores que ya destacaban en sus equipos, como Saúl, Koke o Asensio y que no mucho antes lo habían hecho con las selecciones inferiores. La incorporación de todos esos jugadores fue paulatina, hasta encontrar el estilo,  intentándolos mezclar con los últimos veteranos como Ramos, Piqué, Silva o Iniesta.

Cuesta mucho encontrar unos jugadores y dotarles de estilo propio, y eso es lo que consiguió Lopetegui. Retomó gran parte del trabajo de Luis Aragonés y le devolvió parte del fútbol directo, sin perder muchas de las cualidades que ha tenido nuestra selección gracias a la presencia de jugadores de toque como Silva, Iniesta o Isco.

El mejor ejemplo de ese fútbol lo hizo precisamente la España de Luis Aragonés hace algo más de 10 años, justo contra el mismo rival que ayer parecía un muro infranqueable, Rusia. Fue en esa Eurocopa del 2008 donde España se convirtió en una potencia ganadora y competitiva. Y fue durante las semifinales cuando mejor se vislumbraron las cualidades de la España de Luis, tras meses de trabajo, renovando una selección por entonces caduca. Aquella Rusia que se plantó como una de las favoritas, con estrellas como Arsavhin salió tan vapuleada que seguramente la victoria de ayer haya significado para ellos la justa y necesaria venganza

Diez años después, la selección parece haber perdido todo rastro, tanto de aquella España de Luis como de la España de Lopetegui. Sin un capitán dirigiendo el barco, el equipo ha sido incapaz de cogerle el pulso al campeonato y ha vuelto casi por inercia a lo que pensaban que era la eterna fórmula del éxito, un tiqui-taca insustancial, caduco, casi vergonzante. Un juego aburrido, con tanto mérito o demérito como el de la propia Rusia, sin arriesgar ninguno de los dos, pero con la diferencia de que un conjunto lo hacía por falta de recursos, como único modo de supervivencia y otro lo hacía con exceso de recursos, con alguno de los mejores jugadores del mundo, pero por falta de ideas.

Y así muere definitivamente el tiqui-taca como concepto innegociable e intransigente, y con él muere una selección española que ha perdido estos dos años de Lopetegui más todos los anteriores. Cuesta muchísimo esfuerzo armar un equipo ganador y compaginar exitosamente varias generaciones de futbolistas, combinando veteranía e inexperiencia.

Pero cuesta muy poco destruir todo eso por un ataque de orgullo. Y ese orgullo y sobre todo, la nefasta prensa española obsesionada por el Real Madrid, es lo que ha llevado a España a una eliminación en octavos, en una de las mejores oportunidades de la historia de levantar un mundial sin cruzarse con apenas selecciones favoritas.

Dirán que fue culpa de Florentino, Lopetegui, De Egea o Piqué, pero la realidad es que solo fue culpa de Rubiales, que comienza su mandato con una cacicada con la que palidecería el mismísimo Villar.

Piqué y la independencia

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Lo que sucede en torno a Piqué se puede extrapolar al resto de la sociedad. Durante años se han tolerado sus declaraciones y salidas de tono  y se han justificado sus acciones como gamberradas y sin embargo, censurado a sus críticos. Se decía aquello de que a Piqué lo pitaban los madridistas e incluso algunos jugadores relevantes del Real Madrid salieron en su defensa. Una actitud parecida al resto de la sociedad y los medios con respecto a la independencia de Cataluña.

La misma actitud se adoptó con el F.C.Barcelona, con el que se ha sido indulgente con sus excesos hasta lo absurdo. Su consentimiento expreso de manifestaciones antiespañolas en su estadio y su clarísima alineación con el independentismo era algo que no suscitaba apenas críticas hasta hace dos telediarios (literalmente). Unos telediarios que ya no podían hacer abstracción del apoyo expreso del F.C.Barcelona al proceso secesionista, el mismo que uno de sus máximos representantes, Piqué. Porque, por si alguien todavía no se había enterado, apoyar el derecho a decidir es el señuelo para apoyar después la independencia.

Muchos otros se han querido engañar, diciendo que no hay que mezclar deporte con política. Pero a veces la política trasciende ampliamente al deporte y llega el momento de situarse de un lado o de otro. Y aquí llegamos al caso Piqué y a su presencia en la selección.

Decía un tuitero de cuyo nick no me acuerdo que no se le pide a un futbolista que sea patriótico pero al menos no antipatriótico. Todos sabemos que la selección española es un trampolín de prestigio y dinero y también sabemos que el fútbol no deja de ser algo mercantil, a pesar de que de fondo genere un tremendo forofismo. Y la selección, aunque lleve los colores de su país, no deja de ser un grupo de jugadores gestionados desde una asociación que no depende directa ni claramente del estado y se parece más a una asociación privada que a una pública.

Pero a pesar de todo, cuando juega la selección se hace bajo los colores de la nación española y se hace sonar también el himno del país, y aficionados y jugadores entienden que al final el resultado representa el éxito de esa nación a nivel deportivo.

Parece por tanto lógico que un jugador que lleve los colores de España, que no la roja, si no se siente español que al menos no se sienta antiespañol. Porque no olvidemos que como elemento sustancial al nacionalismo figura tanto el amor a un concepto propio de nación como el odio hacia otra. Y en el caso del nacionalismo catalán el odio va dirigido hacia España como atestigua el adoctrinamiento allí llevado a cabo y las recientes imágenes y manifestaciones, aunque Piqué diga lo contrario.

Y por este motivo, tiene más sentido que juegue un nacionalizado, que aún siendo originariamente de otro país, siente gratitud por ese nuevo país que le ha acogido y que le da la oportunidad de jugar en la selección. La mayoría de las personas extranjeras que se han nacionalizado se sienten tan agradecidas que muchas de ellas expresan más amor por España que muchos españoles.

Pero incluso, aún siendo extremadamente incoherentes se podría permitir la presencia de jugadores que sean antipatriotas pero que no lo parezcan demasiado. Tal fue el caso de Guardiola o de Xavi y de algún otro. Esa venda en los ojos se podría justificar con un futuro cambio de actitud, aunque tampoco sería comprensible.

Pero lo de Piqué con sus declaraciones y su actitud, que no es actual y que viene de muy lejos ha demostrado que para él la selección es un vehículo meramente mercantial y monetario y que lo desprecia profundamente. Da igual si se ha partido la cara una o dos veces, lo habrá ello por interés propio y ese beneficio aportado es infinitamente menor que el perjuicio realizado con sus declaraciones.

Así pues, Piqué debería renunciar a la selección si fuese coherente y Lopetegui debería apartarlo si además de coherente tuviese las agallas que tanto se han echado de menos durante estos años.

La selección española de fútbol

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Desde hace algún tiempo me he venido desconectando de la selección, coincidiendo sobre todo con la época central de Del Bosque, que no fue capaz de aportar casi nada a la selección y si de viciar algunos de los defectos ya existentes, como la permanencia de jugadores ya pasados o de un excesivo uso del toque sin efectividad.

Todo eso se vio reflejado en los dos últimos torneos que jugó España, y no fue hasta que ya era insostenible cuando se decidió el relevo de un seleccionador y de una parte de los jugadores, que ya debían dar paso a nuevas generaciones.

Me sorprendió por ello ver el otro día a una selección de fútbol casi nueva, compuesta por la columna vertebral de una de las mejores sub 21 que hemos tenido, con jugadores como Morata, Thiago, De Egea y Koke. Apenas quedaban Silva y Busquets dentro de las viejas glorias, y la ausencia de Ramos y Piqué nos permitió ver a otros dos centrales, más frescos, menos vistos, como Nacho y Piqué.  Silva será reemplazado tarde o temprano por jugadores como Asensio o quizá Isco o algún otro. Lo de Busquets ya será más difícil porque encontrar un jugador de sus características no es sencillo.

El lateral derecho parece bien cubierto por Carvajal y Vitolo aporta frescura al equipo. Hay más piezas esperando para el futuro como el central del Real Madrid, Vallejo, cedido a un equipo alemán y algún otro jugador de la actual sub21.

Creo que ese es el camino que debe tomar Lopetegui y aunque la alineación del otro día estuviese marcada por las bajas de jugadores como Iniesta, Ramos, Piqué o Diego Costa, debe ser valiente, como lo fue Aragonés en su día, y apostar por los más jóvenes, algunos de ellos ya titulares de sus equipos y otros llamando con fuerza. Ello no quita que pueda apostar por 2 o 3 piezas de veteranos, pero siempre y cuando su nivel sea óptimo y no meramente por su nombre o por su pasado.

SI lo hace así, quizá podamos volver a disfrutar de una selección campeona.