No diga baloncesto, diga Doncic

Doncic-2-680x393

No es ni la primera ni será la última vez que escriba acerca de Luka Doncic. De hecho, llevo haciéndolo desde hace varios años, antes de su explosión en el primer equipo y antes de que fuese obvio que estábamos ante un jugador histórico, de esos que aparecen cada 30 o 40 años. Es cierto que ya se vislumbraba un dominio sin igual en categorías inferiores. Con 1 o 2 años menos dominaba los partidos con números espectaculares.

Justamente lo mismo que hace ahora. Son solo 18 años y con menos años que cualquier otro jugador en cancha domina los partidos como vimos ayer contra el Valencia. Previamente habíamos visto su mejor actuación anotadora de siempre ante el Efes Pilsen, con 27 puntos.

Pero lo de ayer fue una exhibición global porque estuvo cerca del triple doble y dejó varias jugadas sensacionales. Jugadas que en algún caso me recordaron a Magic Johnson, cogiendo su propio rebote y llevando la pelota hasta el otro extremo para conseguir bien una canasta sensacional o bien una asistencia. También sus posteos me recuerdan al genial base de los Lakers.

Quizá a alguno le parezca excesiva la comparación, pero lo cierto es que ni Magic Johnson ni ningún otro jugador a la misma edad actual que Doncic tenían un dominio tan grande del juego. No podemos olvidar que desde hace dos años, el esloveno lleva jugando en primera línea ante grandes jugadores y equipos europeos, algo que constatamos en el reciente Europeo.

No, lo de Doncic ni es casual ni es algo que no siga una evolución natural. En breve se le quedará pequeña la Euroliga y la Liga ACB y tendrá que dar un salto a la NBA para competir con los mejores, esta vez sí. Tiene todas las cualidades no solo para ello, sino para superarles y convertirse en un jugador de leyenda.

Si con 18 años maneja así los conceptos de juego, en 2 o 3 años tras 70 u 80 partidos de NBA, con los mejores técnicos y mejorando sus defectos, puede convertirse en un jugador histórico, al nivel de los mejores de siempre. Jugadores como Petrovic en la Cibona de Zagrev  o Kukoc en la Jugoplastika destacaron sobre todo en primera línea europea a partir de los 20 años, aunque en el caso de Petrovic ya era una estrella en la liga yugoslava con 18 años.

El genio de Sibenik es el mayor parecido a Doncic, al menos en cuanto a precocidad porque Petrovic era un anotador nato, un killer, mientras que Doncic es un jugador más de equipo, más completo. Ayer Doncic logró 16 puntos, 10 asistencias y 7 rebotes. De hecho, su superioridad es parecida a la del propio Petrovic que literalmente hacía lo que quería

España campeona del Eurobasket 2015

España campeona del Eurobasket 2015

La selección española levantado el trofeo de campeona del eurobasket 2015

España volvió a proclamarse campeona de Europa, tras las victorias en Polonia 2009 y Lituania 2011. Los factores en común son el entrenador, Scariolo, que ha estado en los tres campeonatos y Felipe Reyes y Pau Gasol, especialmente este último, santo y seña del equipo, auténtico líder y jugador generacional que ha cambiado absolutamente la historia baloncestística de España y de Europa.

Con los Junior de oro, hace más de 15 años, comenzó a fraguarse una generación de jugadores ganadores comandados por Navarro, Reyes y Raúl López, precisamente con Pau Gasol en un segundo término. Pero a partir de ahí, el relevo lo comandó él y prácticamente desde su llegada España no ha parado de ganar medallas, con muy pocas excepciones. A lo mencionado hay que añadir el inolvidable oro del Mundial de Japón 2006 y las platas olímpicas de 2013 de Pekin 2008 y Londres 2014, además de una plata en el primer Eurobasket de Gasol y otro bronce sin él en la plantilla.

Unos números que solamente pueden equipararse en el panorama europeo a la mejor Yugoslavia, aquella selección formada por alguno de los mejores baloncestistas europeos de siempre, con Petrovic, Divac, Kukoc o Radja.

La generación española ha contado con dos colosos como Gasol y Navarro y otros jugadores que han mostrado un rendimiento excepcional a lo largo de estos años como Reyes y ahora Llul, Chacho Rodríguez o Rudy. Y junto con todos los que han faltado: Marc Gasol o Calderón, más otros que ya no están como Jiménez o Garbajosa. Todos ellos han contribuido a años de éxitos y nos han acostumbrado a ver nuestro equipo casi siempre en el podio, compitiendo contra los mejores del momento.

Volver a ver a España como mejor selección europea en un campeonato en la que no partía de favorito con muchos de sus mejores jugadores fuera de la selección, demuestra que todavía queda parte del gen ganador que ha caracterizado a esta selección. A ello ha ayudado una mejora continua en el juego, incrementando el nivel defensivo desde el partido de Alemania y acertando más en ataque con la contribución de otros jugadores aparte de Gasol. Aunque finalmente ha sido el gigante de Sant Boi el auténtico motor, el jugador que ha recibido todos los “balones calientes” y el que desde su liderazgo y acierto ha hecho creer al resto de jugadores -apenas 8 en la rotación-, que era posible la victoria.

Estamos seguramente alguna ante el último gran campeonato de Gasol antes de su retirada, con la excepción de las Olimpiadas del año que viene en la que probablemente veremos a todos los veteranos acudiendo y a la mejor selección posible. Será esa nuestra última gran oportunidad de disfrutar de algo excepcional, un puñado de grandes jugadores en torno a una superestrella de nivel histórico a la altura de los más grandes de Europa de siempre.

Vendrán otros y veremos como algunos más jóvenes cogen su relevo, como su propio hermano, u otras nuevas estrellas, pero pasarán décadas hasta volver a ver a un jugador español de la talla-no solo física sino humana y técnica- de Gasol. Hemos asistido en este Europeo a la penúltima gran actuación de Pau, que con 35 años ha hecho su mejor campeonato, demostrando que sus ganas de representar y defender a esta selección siguen intactas.

Sirva su ejemplo para el resto de compañeros, tanto a nivel competitivo como profesional como de sentido común. El es nuestro mejor representante de la España deportiva y de la no deportiva. Y como él, el resto de jugadores que han demostrado su valía y entusiasmo como demostró en las emocionantes declaraciones finales Rudy Fernández  y como han demostrado siempre estos jugadores. Gente normal siendo deportistas de élite, sin más pretensiones que jugar al más alto nivel, competir e intentar ganar. El mejor ejemplo de los valores del deporte.

A todos ellos, gracias por hacernos sentir orgullosos de nuestro país y de nuestra selección.

La historia de Drazen Petrovic

Hoy se cumplen 18 años de la muerte de uno de los mejores baloncestistas europeos. La historia de Drazen Petrovic es la historia del talento puesto a disposición del trabajo. El genio de Sibenick ya destacaba de pequeño con un balón de baloncesto, pero lejos de conformarse, entrenaba solo todos los días su tiro hasta convertirse en una máquina de precisión cuasi perfecta.

Esa cualidad, del trabajo sin descanso, y no el talento, fue su seña de identidad. Lo fue cuando con 20 años maravilló a Europa con el Cybona de Zagreb, rompiendo todos los records, lo fue después en la única temporada con el Real Madrid, y lo sería después en la NBA, donde vivió sus momentos más duros.

Drazen Petrovic vivía para mejorar. Ni siquiera vivía para el baloncesto si no para ser mejor cada día, para hacer historia en cada partido. Lo hizo y de que manera en su primera etapa en Europa, donde llevó primero al Partizan a lo más alto de Europa con dos Copas de Europa y dos ligas. Y después, lo hizo también con la selección Yugoslavia, junto con un grupo de jóvenes jugadores como Divad, Kukoc, Radja, Paspali o Danilovic que se convertirían con el tiempo en los referentes europeos, ganando la plata olímpica en Seúl y después el oro en el Europeo, y en el mundial un año después, batiendo a la misma URSS que les habían arrebatado el oro de Seúl.

yugoslavia1990

Una de las mejores selecciones de todos los tiempos, Yugoslavia

Todos aquellos triunfos y reconocimientos individuales bien podían haber aplacado el temperamento y ansias de ganar y mejorar de Petrovic, que ya era sin duda uno de los mejores de Europa. Pero no, el genio de Sibenick no conocía el descanso ni tampoco parecía poner techo a su carrera. Y por supuesto, ese techo no podía estar en un lugar diferente que la NBA.

Por aquel entonces, en la NBA no jugaba ningún europeo no formado en la universidad americana. Al contrario de lo que ocurre hoy en día, el jugador europeo era mirado con desconfianza. Se decía que eran poco atléticos y no causaban la admiración de hoy en día.

Si bien el primer europeo fue Glouchkov, seguido de Fernando Martin, no se podía de decir de ninguno de los dos que hubiese realmente abierto la brecha. Más bien al contrario, por diversos motivos, sobre todo físicos, el resultado fue decepcionante.

Así pues, Petrovic se disponía en el draft de 1989 a romper aquella barrera como había roto otras muchas en su carrera. Lo acompañarían en su aventura dos rusos: Volkov y Marceulinus y dos yugoslavos, compañeros de selección y amigos por entonces (después la guerra les separaría tristemente): Divad y Paspalj. Cinco jugadores procedentes de los dos mejores equipos de Europa: la URRS y Yugoslavia. Curiosamente dos países que se romperían en mil pedazos, perdiendo su hegemonía.

Aquel paso debía ser el primero para lograr el éxito en la NBA. En los planes de Petrovic entraba una pequeña adaptación a una nueva liga mucho más física y potente que otras, un paulatino reconocimiento de su calidad y después la consagración, para más tarde alcanzar el éxito y convertirse quizá en uno de los cinco mejores jugadores del mundo. Al menos ese debía ser el plan inicial de un Petrovic que consideraba que no tenía límites. Al menos no límites humanos que no se pudiesen derribar con el trabajo y con el talento.

Por eso, no debió ser sencillo para el croata llegar a un equipo y jugar primero una media de 12 minutos y después verse casi relegado al banquillo. El, un jugador acostumbrado a jugar todas las posesiones importantes, acostumbrado a anotar 30 puntos, 40 puntos o incluso 62  como en la Recopa con el Real Madrid, de repente era un jugador secundario. Ni siquiera era de los suplentes habituales.

El genio de Sibenick debió pensar al ver sus 7.6 puntos de media en su primera temporada y sus tristes 583 puntos en total que para eso mejor quedarse en Europa donde cualquier equipo se pelearía por él. Podía marcar esos mismos puntos en 20 o 25 partidos sin despeinarse, como había demostrado en el Real Madrid.

Eso mismo pensaron  Paspalj y Volvok, dos fuera de serie que no encontraron la comprensión necesaria en la NBA, y se volvieron a Europa. Divad y Marceulinus sí encontraron su camino y de hecho harían después grandes temporadas.

No, Petrovic no podía fracasar allí donde otros europeos estaban teniendo éxito. Petrovic no era uno más, ni siquiera uno más de un grupo especial. Petrovic era simplemente el mejor, el jugador total, el jugador que debía jugarse todos los tiros. O al menos, eso pensaba él que pedía los tiros en los entrenamientos y se mostraba confiado de sus posibilidades. Y sin embargo, su entrenador en los Portland Trail blazers no pensaba como él y más aún, le había relegado a un papel ya no secundario sino casi apartado jugando unos pobres 8 minutos por partido.

Bien es cierto que jugaban en su posición Clyde Drexler, Terry  Porter o Ansia Law, jugadores contrastados y de mucha calidad. Pero no pensaba así el croata ni quizá tampoco algunos de sus compañeros que veían como en cada entrenamiento Petrovic metía una detrás de otra sin parar. Eso mismo hacía el genio de Sibenick después de los entrenamientos. Se machacaba sin parar como en su infancia, buscando de esa manera la solución a su suplencia.

Esa solución vendría sin embargo gracias a la llamada de los New Jersey Nets. El equipo neoyorkino se dio cuenta de que detrás de aquel joven apasionado que apenas jugaba se escondía un gran jugador. El mismo que había asombrado a Europa entera. Sí, pero Europa no es Estados Unidos, pensaban los más desconfiados.

drazen_petrovic_0

Drazen Petrovic con los Nets

Petrovic demostraría que si se parecían, y que los europeos estaban capacitados para triunfar en la NBA.  Fue en las dos siguientes campañas donde Petrovic enseñó a Estados Unidos parte de su potencial. Promedió en la primera campaña 20.6 puntos y en la segunda 22.3, llevando a su equipo a los Playoffs.

No eran solamente los números, si no la actitud de Petrovic lo que hacía pensar que estaba llamado para cotas más altas. Jugando prácticamente todos los partidos y todos los minutos, Petrovic obtuvo la confianza que no tuvo en Portland. Entradas a canasta, triples en carrera o asistencias geniales mostraron al verdadero Petrovic. A un jugador sin embargo que con 29 años todavía estaba en la cúspide de su carrera con hambre suficiente para convertirse en uno de los mejores jugadores de la liga.

Un trágico accidente nos arrebató al genio de Sibenick para siempre. No sabremos donde podría haber llegado pero nos ha dejado su legado. Y no solo en forma de vídeos maravillosos sino también el legado de que con trabajo se puede lograr todo lo que uno quiera. Al menos eso pensaba Petrovic y le funcionó.

Dejo un artículo con más información sobre este gran jugador, y tres vídeos sobre Petrovic, especialmente emocionante el de “Once Brothers”, la amistad de Divad y Petrovic y como se rompió por la guerra.

Petrovic y su sobrino Marco

Impresionante documental: Once brothers


Documental sobre Petrovic

El trofeo de Navidad, una tradición rota

Muchos de mis mejores recuerdos navideños tienen que ver con el Trofeo de Navidad del Real Madrid. Durante varios años mi padre compraba entradas para todos los familiares a los que les gustaba algo el baloncesto.Y así nos juntabamos de 10 a 15 personas para ver las semifinales y finales de este mítico torneo.
En su momento era seguramente el Torneo no oficial más importante del mundo, no sólo porque lo oganizaba el Real Madrid, el equipo europeo más laureado, sino porque había auténticos rivales de nivel.El Maccabi de Tel Avic, las selecciones de Yusgolavia o Rusia o la mítica Jugoplastica de Toni Kukoc disputaron este torneo. Se suele decir mucho aquello de que para el Real Madrid no hay partidos amistosos y a buen seguro que el Trofeo de Navidad nunca fue un torneo de amistosos sino la defensa de su propio torneo para el Real Madrid, y la adjudicación del Torneo más prestigosio del momento para el resto de los equipos.

Quizá mis recuerdos me traicionen pero recuerdo mucha intensidad en los partidos, mucha emoción y sobre todo un ambiente espectacular.Se juntaban la euforia propia de estas épocas navideñas con un espectáculo con los mejores jugadores del momento.

Por desgracia, como otras muchas buenas tradiciones y costumbres se ha ido perdiendo y hoy en día es, cuando se celebra, un torneo de pega entre el Real Madrid y un rival menor. También es cierto que hubo una vez en que los mejores jugadores europeos estaban precisamente en Europa, y en la NBA sólo había un par de superestrellas europeas a los que Europa se les quedaba pequeña, y que eran jugadores secundarios en los Estados Unidos.Hoy en día, cada vez que un jugador se asoma al máximo nivel es rápidamente drafteado, y nos tenemos que conformar con ver por la televisión a nuestros mejores europeos. Por aquel entonces también el Real Madrid tenía a los mejores, y no quedan tan lejos los tiempos del mejor pivot de la historia europea, Sabonis, o de un joven Petrovic.

Aquellos recuerdos navideños difícilmente se podrán repetir, pero al menos el Real Madrid debería aspirar a mantener un Trofeo que le ayudó a hacerse un poquito mas grande y que además desde hace ya varios años lleva el nombre del fallecido Fernando Martin. Aunque sólo sea por respeto a nuesto primer jugador NBA y a un símbolo del baloncesto español, el Real Madrid debería organizar un Trofeo con los mejores equipos europeos y algún equipo NBA.

Así quizá nos acordemos de que una vez pasaron  por las canchas del Real Madrid Petrovic,Kukoc o Divac.