El Homenaje a Raúl González Blanco

No pude ver el partido del muy devaluado Trofeo Santiago Bernabeu, pero si pude leer por tuiter como viene siendo mi costumbre, evitando contaminarme de noticias y comentarios de Marca y As, a pesar de que de vez en cuando leo sus páginas.

El trofeo se interpretó como un homenaje a Raúl. Un justo homenaje a aquel Raúl grande que todos recordamos. El primer Raúl, ese que además de comerse el césped tenía la capacidad para ser el delantero titular del Real Madrid. Aquel Raúl dejó paso a otro, que en herencia de anteriores capitanes, no ayudó a regenerar el vestuario con sangre nueva.

Raúl, como cualquier otro gran jugador, se resistió a ser suplente, pero por el camino algunos perdimos gran parte de la admiración. Se borró el recuerdo del Raúl fresco y veloz para dar paso a uno impreciso, inerte sobre el campo, que vivía de goles en el área pequeña sin aportar mucho más al equipo.

La necesidad de dar paso a nuevos jugadores choca muchas veces con el necesario respeto a aquellos que fueron grandes en el equipo. En todos los clubes ha supuesto una difícil transición pero en pocos ha tenido el impacto del Real Madrid. Porque este equipo como pocos se ha visto representando con sus jugadores. Lo que empezó con Bernabeu eligiendo a Molowny en vez de Di Stefano, más tarde obligó también a que Butragueño le dejase paso al propio Raúl o a que se vendiesen o no renovasen a jugadores tan carismáticos como Roberto Carlos, Mijatovic o Hierro, por citar solo a unos pocos.

Pero el Real Madrid no puede vivir ni de sus títulos pasados ni de las grandes leyendas, porque pocos clubes tienen la exigencia de ser cada día el más grande. Por eso, incluso jugadores como Raúl o Di Stefáno han de dejar paso a los que vienen por detrás.

Y ahí es donde confluyen muchos aspectos claves para evitar una traumática ruptura. La determinación del entrenador, la actitud del jugador, el apoyo del presidente y ,por supuesto, la presencia de jóvenes promesas. Esa gestión es la que garantiza una transición pacífica que pocas veces se da.

Y esa transición de muchos años fue la que provocó que muchos pensásemos que el mejor Raúl había pasado y que ese otro, más lento, más torpe, menos determinante, ya no tenía sitio en el Real Madrid. Lo mismo que en opinión de muchos ocurre ahora con Casillas, y lo mismo que seguro que pasará en cuatro o cinco años si se renueva a Cristiano Ronaldo.

Esa gestión puede ser ejemplar como en el caso de Giggs o Scholes en el caso del Manchester United, si se aúnan factores como un entrenador con personalidad, una grada que entiende que las leyendas seguirán siendolo aunque jueguen menos, y unos jugadores veteranos que asuman su rol de suplentes sabiendo que ellos también fueron jóvenes.

De lo que al final se trata es de que el Real Madrid siga siendo grande y para eso han de jugar los mejores. Se tiene que aplicar una meritocracia indispensable que a veces puede ser dolorosa, como cuando el entrenador de instituto no puede alinear a su hijo. Pero es por ese camino, y también por la vía posterior de homenajear a esos jugadores leyenda cuando se retiren, gracias a la cuál el Real Madrid tiene la grandeza actual. De lo contrario, Di Stefano no haría dado paso a los jugadores del Madrid Yeye, Camacho habría jugado con 40 años y Raúl jamás habría tenido la oportunidad de debutar dejando en el banquillo a Butragueño.

Raúl González Blanco, despertares

Como en película, Despertares, Raúl me ha dado estos últimos años la sensación de estar como parado, muerto diría, aunque siempre hacía un gesto automático que le permitía hacer un gol. Ese es Raúl, al menos el de los últimos años.Un jugador con escasas cualidades físicas pero que ha sabido aprovechar al máximo su mejor recurso, el olfato. Como si fuese un invidente que no ve o un sordo que no oye, Raúl ha acrecentado este olfato tras comprobar que la velocidad y la potencia ya no eran sus herramientas de juego.

El Raúl que utilizaba todas estas herramientas era el Raúl que nos enamoró a muchos. El joven chaval que además de comerse el mundo era capaz de conquistarlo. Ya te dicho en muchas ocasiones que para mi ese Raúl murió allá por el mundial de Corea, siendo sustituido por una versión limitada, que acentuaba su egosimo y una actitud egocéntrica en búsqueda de records que mientras le beneficiasen a él podían beneficiar al equipo.

Esto es lo que he criticado, la incapacidad de Raúl para irse a otro club e intentar triunfar.Justamente lo que está haciendo ahora, historia en un club menor.Ese paso que lo dió obligado por la llegada de Mourinho tendría que haberlo dado hace cuatro años, y muchos estaríamos disfrutando y aplaudiendo sus goles. Su lenta agonía en pos de el record de goles en la liga hizo que su juego se basase única y exclusivamente en meter su golito, sabiendo que fuera del área pequeña era incapaz de aportar ya ningún tipo de juego.

Y así fue precisamente su gol de ayer, dentro del área. Sin grandes alardes físicos, se zafó del defensa con un toque y pegó al balón como siempre ha hecho, entre fuerte y flojo, más bien mordida, pero dentro, que es lo que importa.

Así que puedo decir que me alegro por él, porque al fin y al cabo le ha dado mucha gloria al Madrid aunque también es cierto que él ha sido el gran beneficiado. También le ha dado algunas noches de penuria, pero supongo que eso forma parte del pasado que debemos olvidar.

Raúl González Blanco: el fin de una era (III)

Parte primera

Parte segunda

Su competitividad extrema fue lo que le llevó al éxito y también lo que le llevo a estar fuera de la selección, porque Luis entendió que perjudicaba más que ayudaba. La historia la cuentan los vencedores y por eso quizá estaríamos hablando de otra cosa si España no hubiese ganado la Eurocopa.

Lo cierto es que lo hizo, y por primera vez en mucho tiempo se vió a una selección liderada no por uno o dos jugadores, si no por un conjunto de ellos. Alternándose incluso el liderazgo, a pesar de la capitanía de Casillas, la actual selección española cuenta con un conjunto de jugadores tremendamente competitivos y ambiciosos que buscan gestas mayores. Xavi, Villa, Torres, Xabi Alonso o Puyol lideran esta selección como lo hicieron los Fernandos en el Madrid junto con Roberto Carlos o Raúl. Un liderazgo fuera del campo pero también en el mismo por calidad, goles y juego. España estaba por fin capacitada para ganar campeonatos porque sus jugadores habían asumido  que todos eran responsables de la victoria o derrota, y que no dependían de un solo jugador para tirar del carro. Todos tiraron de ese carro y lo hicieron juntos con mucha más fuerza que uno sólo.

Raúl González Blanco no fue nunca capaz de entender la necesidad de apartarse ante la llegada de nuevos y mejores jugadores. Siempre pensó que su cometido era liderar el Madrid sin excusas, sin tregua. Por su propio beneficio pero también por el beneficio del club. Como Di Stefano en su día, Raúl siempre ha querido ser titular y nunca lo ha negado. Pero existe una gran diferencia entre querer ser titular y  mecerlo, y querer ser titular pero ser consciente de que no lo mereces ni puedes serlo.

Esa consciencia de tus limitaciones no está al alcance de todos y por eso es muchas veces necesaria la figura de un entrenador, o un presidente en el caso de Di Stefano, capaz de tomar esa decisión por ti. Nadie lo hizo con Raúl y él tampoco supo apartarse como Emilio Butragueño en su día, también espoleado por Valdano. Tampoco se le puede pedir la retirada tal y como hizo Zidane en un gesto de grandeza y también de tremenda inteligencia al retirarse en su esplendor. Lo  intentó hacer Jordan y fracasó. No, no es fácil asumir que ya no puedes rendir al mismo nivel que antes. Y mucho menos si la prensa y la afición te dicen lo contrario.

El mayor enemigo de Raúl han sido los entrenadores, la prensa y la afición incapaces de pedir su suplencia y su retirada para mayor gloria suya. Porque si algo se le puede reprochar a Raúl en su carrera es que haya seguido jugando arrastrándose, casi literalmente, por los campos, dando una imagen de jugador empeñado en unos records que son solamente eso, records. Números absurdos que comparan los goles de jugadores como Zarra o Di Stefano con los de Raúl cuando éste ha necesitado el doble de partidos. Records que comparan distintas épocas, distintas edades y distintos méritos.  Records que no han beneficiado al club puesto que la mayoría de goles de Raúl han sido goles sin importancia, sin capacidad resolutiva. Goles de esos que bien podrían marcarse en los minutos de la basura.

Son en definitiva goles por los que no recordaré a Raúl. Yo recordaré a Raúl por su primera y gran etapa en el Madrid. Le recordaré eternamente por su debut en el Zaragoza, la sensación que tenía de peligro inminente y sus “casi goles”; por su gol parecido al del Buitre  en Cádiz, contra el Atlético jugando con diez; por su gol, el aguanís, en la Intercontinental ganando el partido; o por sus dos goles contra el Manchester, pasando a la historia el primero de ellos como uno de los goles más espectaculares que he visto gracias a la soberbia jugada de Redondo y el desmarque de Raúl.

Esos goles, y no el del sábado, pasarán  a formar parte de mi memoria cada vez que alguien nombre a Raúl. El 7 blanco será para mí ese jugador eléctrico y goleador que creaba jugadas de peligro en cualquier lugar. El 7 blanco será por siempre ese jugador, y no el último que hemos visto: el de los churrigoles, el de los rechaces, el que se señalaba el número revindicativamente y con odio, el que se enfrentó en un pulso con el entrenador de España.

Mi recuerdo será siempre para aquel chaval que sonreía con ingenuidad,  y que formó parte de un bloque de ensueño que él mismo contribuyó a hacer más grande.

Raúl González Blanco: el fin de una era (II)

Primera parte

Su cuesta abajo lejos de ser un impedimento para Raúl, le hizo aún más fuerte, adquiriendo un poder desmesurado dentro de un vestuario tan jerárquico y difícil como el del Madrid. Avalado por sus 10 años en la élite y por su conocimiento del club, Raúl manejó el vestuario, apadrinando jugadores o crucificando a otros, apoyando a los entrenadores o dejándolos a su suerte. Sin mucho ruido, Raúl ha manejado el vestuario sabiéndose el más antiguo del lugar y el más importante de todos, por encima de entrenadores, presidentes o nuevas estrellas.

Este modelo de club no era nuevo, y provenía sobre todo de la etapa en la que Fernando Hierro controlaba con mano de acero el vestuario, tanto en el Madrid como en la selección. Y Raúl lo adoptó como algo natural, casi incluso necesario para la supervivencia del club.  Uniéndolo a la vieja doctrina madridista de enseñar a los jóvenes los valores del club y su funcionamiento, Raúl se arrogó unas  obligaciones y derechos que estaban casi por encima del entrenador y del presidente. Consciente o inconscientemente, su poder era tan grande que incluso los jóvenes valores destinados a derribar la puerta, como él hiciese años atrás, se veían cohibidos y acorbardados.

Este modelo, ya exportado por Fernando Hierro a la selección, lo intentó consolidar Raúl, apoyado también por una prensa que reclamaba del 7 -de España por aquella época- un liderazgo que Raúl ya no podía ni debía asumir. Al menos futbolísticamente. El mismo liderazgo que no permitía que otros jugadores más jóvenes y con más calidad, velocidad y potencia, explotasen. El liderazgo a veces se tiene pero otras muchas veces se otorga. Hay jugadores que necesitan sentirse apoyados para liderar. Otros en cambio necesitan un liderazgo compartido.

Toda esta situación, que no es más que un ejemplo típico de gestión de recursos humanos, fue rápidamente interpretada por Luis Aragonés. El sabio, con muchos años a sus espaldas de jugador y de entrenador, conocía perfectamente el rol de los jugadores veteranos y de los jóvenes.  Y sabía que la influencia de Raúl incomodaba a otros jugadores y no permitía que los jóvenes liderasen un proyecto que contaba con más talento que nunca. Por eso, el sabio decidió que ya era hora de un relevo generacional. Y lo hizo de la única manera que podría hacerlo, eliminando al máximo exponente de una época, Raúl González Blanco. Su manera de actuar no era nueva y ya muchos años atrás se hizo algo parecido con la quinta del buitre.

Y sin embargo, nunca una decisión  de un entrenador ha sido tan discutida y traumática para una selección de fútbol. La eliminación del que tiraba del carro suponía poco menos que dejar el carro a la buena de Dios. Sin líder, sin referencia, parecía que España se quedaba huérfana del que muchos consideraban el único capaz de llevar a la selección al triunfo, tal y como lo hiciese en el Real Madrid.

Por el camino, muchos se olvidaban que Raúl no había liderado al Madrid al estilo de Maradona con Argentina o Nápoles, si no que más bien lo había liderado al estilo de Pelé con Brasil, junto con otros grandísimos jugadores. Como Pelé con Garrincha, Didí  o Zagallo y otros jugadores de primer orden mundial, Raúl contó para liderar al Madrid con jugadores tan carismáticos como Fernando Redondo, Fernando Hierro o Roberto Carlos primero, y con Luis Figo o Zidane después.

Se trataba por tanto de un liderazgo compartido que no sólo ejerció Raúl, y sin el cuál seguramente Raúl no habría pasado a los anales de la historia como no lo hicieron muchos otros delanteros con más cualidades que Raúl. El 7, supo sin embargo aprovechar sus oportunidades y fue capaz de rendir incluso por encima de su capacidad y de sus limitados recursos. Raúl sería el ejemplo de empleado terriblemente eficiente, que con pocos recursos es capaz de sacar adelante el trabajo brillantemente. Raúl fue capaz de exprimir su capacidad competitiva hasta la extenuación, hasta el absurdo incluso, contabilizando records, cargados de valor histórico pero carentes de épica y de importancia real para el día a día del equipo.

Raúl González Blanco:el fin de una era (I)

Aquí comienza una trilogía que publicaré en los próximos días.El protagonista, el mismo que para bien o para mal lo ha sido en el Real Madrid desde que debutará allá por el siglo XX, hace 16 años.

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El sábado Raúl González Blanco marcó su penúltimo gol con el Real Madrid y quizá jugó uno de sus últimos partidos. No sabemos cuántos jugará hasta saber exactamente el alcance de su lesión, pero si sabemos que es capaz de marcar su último gol en cualquier momento. La manera de celebrar el gol y el hecho de que se llevase el balón del partido nos hace pensar que Raúl podría estar pensando en su marcha del Real Madrid.

Soy de esos definidos como antiraulistas, a pesar de que en mi tierna infancia mi padre me dijo que no fuese antinada ni dijese la palabra odio. El antiraulismo no es más que una corriente que reniega del status quo y del inmovilismo que muchas veces atenaza nuestras sociedades y por extensión el fútbol. No hay nada tan nocivo como quedarse en el pasado  y rememorar viejos éxitos sin ser capaz de evolucionar. Y eso es justamente lo que ha representado Raúl todos estos años, el éxito pasado y el fracaso presente. Porque si el 7 representa para muchos madridistas las tres copas de Europa y uno de los periodos más brillantes del madridismo, también debe representar un duro periodo de consecutivas eliminaciones en Europa y un mediocre e indeterminado juego en la liga.

Raúl  quemó etapas en su juventud tan rápidamente que pasó de ser un chaval aficionado al fútbol a un curtido futbolista. Pasó de joven promesa del Real Madrid, promesa del fútbol español, delantero titular del Real Madrid, jugador referencia del Madrid, jugador referencia de la selección hasta ser uno de los jugadores más destacados a nivel internacional en apenas dos años. Su ascensión fue tan fulgurante que apenas le dio tiempo a pasar los periodos de dudas propios de cualquier joven que ha de ganarse su puesto. Raúl se asentó como delantero titular del Real Madrid con tal contundencia que parecía que su capacidad goleadora y de liderar el equipo iba a ser eterna.

Y sin embargo, su ascensión fue tan rápida como lento su descenso. Y no porque no hubiese señales inequívocas de su menor rendimiento, sino por la cobardía e incapacidad de muchos entrenadores que seguían viendo en el 7 al que debía liderar el Madrid. Un equipo que contaba con jóvenes promesas que veían como se les comparaban, no con el Raúl de entonces, sino con el primer Raúl, que con 17 años derribó la puerta, no ya del filial sino del tercer equipo con una fuerza no vista hasta entonces. Un Raúl que ya no era la ni la sombra de aquel chaval imberbe, que parecía electricidad pura y que fue capaz de anotar una veintena de goles jugando por la banda izquierda.

Era aquel Raúl una década después, un calco al mismo Butragueño que se había visto obligado a retirarse, empujado precisamente por éste. La diferencia era que ningún entrenador se atrevió a apostar por jugadores más jóvenes a pesar de la evidencia del ocaso del 7 blanco que a pesar de su bajo rendimiento seguía metiendo goles, más por la inercia de jugar todos los minutos de delantero titular que por jugadas propias. Ya no era un delantero que se crease sus propios goles. Sin apenas velocidad, sin regate  y sin potencia, Raúl vivió del área como un rematador cualquiera, como un vulgar jugador que necesita sus goles para justificar su sueldo y no como un delantero titular de un Real Madrid que siempre requiere un rendimiento entre los 5 mejores del mundo.

Con todo,  sus goles y sobre todo su pasado, su jerarquía y ascendencia sobre prensa y afición sirvieron para mantenerle en la titularidad a pesar de hacer muchos menos méritos que otros jóvenes que con muchos menos minutos creaban más peligro, juego y goles. Cegados por sus records y con el recuerdo de algunos de sus maravillosos partidos como aquel 2-3 en Old Traford o su primer gol en el fondo norte del Bernabeu, los periodistas, los aficionados, madridistas o no, y lo que se llama el entorno siguió apoyando incondicionalmente a un jugador que lo había sido todo pero que estaba camino de una más que evidente cuesta abajo.

 

Raul González Blanco, la hora de la retirada

Hubo una época en la que la presencia de Raúl en el campo bastaba para que el Real Madrid ganase partidos. Su sola presencia atemorizaba defensas. Raúl era un jugador eléctrico,atento y hasta rápido.

Sin embargo, aquel Raúl hace tiempo que nos abandonó, y por desgracia para los que le admiramos entonces,  ahora vemos a un jugador que no infunde temor en las defensas, que no llega a los contraataques, que baja al mediocampo a arañar algún balón y que más que animar a su equipo lo desanima.

Cuando veo a este Raúl me cuesta recordar a aquel otro que puso de moda el aguanís en la final de la Intercontinental. Aquel jugador cuyo primer gol fue un disparo precioso a la escuadra y que marcó un gol antológico contra el Atletico de Madrid en el calderón. En cambio, cuando veo a Zidane recuerdo su increíble gol de volea, y con Hugo Sanchez  me vienen a la mente sus chilenas.

Raúl, en cambio, ha sacrificado ese bonito recuerdo por un puñado de records. Pero no hablamos de los records de verdad. Aquellos que miden a los mejores jugadores en el paso del tiempo. Records de balones de oro o títulos individuales similares. Hablamos del record al más longevo, al que más partidos tiene, al que más minutos acumula.

Todavía hoy nos hablan del Raúl ganador y competitivo, del gran capitán, del 7 de España, del pichichi, del más listo de la clase o del goleador. Pero no nos hablan de dignidad y de respeto. Dignidad de acabar una carrera en lo más alto y no en lo más bajo. Y respeto por los miles de aficionados que una vez aplaudimos a Raúl y valoramos sus cualidades.

Pero no , no es solamente culpa de Raúl y de la prensa mediática, también es culpa de los entrenadores cobardes que uno tras otro han puesto a Raúl de titular, no por méritos deportivos sino por miedo. Estos entrenadores pensaban que complaciendo a Raúl quizá pudiesen garantizarse un año más de renovación. Dedicieron sacrificar la proyección de jóvenes jugadores para a cambio aplacar el ansia de records de Raul.

Sacrificar a Raúl, dirán  algunos,  es sacrificar los valores y el espíritu del madridismo. Y sin embargo, el madridismo ni empezó ni acabará en Raúl. A veces parece incluso que Raúl ha sido el único gran delantero del Madrid. Da la sensación de que antes  de Raúl no hubo nada y de que después tampoco habrá nada. Raúl ha sido un gran jugador, pero como otros tan grandes o más, tan madridistas o más, tendrá que retirarse algún día.

Decía una portada de un periódico, de esos que llaman deportivos, pero que son amarillistas que Raúl se retirará cuando quiera. Apelando a sus valores, a su madridismo a su supuesta capacidad de resolución, se proponía casi un cheque en blanco para quien ya tenía un contrato vitalicio.

Y yo, que fui raulista y ahora pido a gritos su jubilación, pienso en que lo que pasaría si Don Santiago Bernabeu levantase la cabeza. El si tuvo arrestros para decirle al mejor jugador en la historia del Madrid -este sí- que su etapa en el Madrid se había acabado. Di Stefano,como Raúl, pensaba que estaba por encima del club y pidió su titularidad. Al final Bernabeu no cedió y se fue por la puerta de atrás al Español para terminar allí sus días como futbolista.

Después de Di Stefano llegarían otros grandes delanteros, algunos tan representativos y madridistas -este sí canterano de pura cepa- como Butragueño. Un jugador que aceptó su suplencia y en cuanto pudo se retiró, a mayor gloria suya y del club. Sabía que quería ser recordado no por sus records sino por sus goles.

Así que no nos equivoquemos con Raúl. El Real Madrid debe seguir su historia sin Raúl y éste debe ser capaz de asumir que ya ha dado lo mejor al Real Madrid. Porque no nos engañemos, el Real Madrid le ha dado mucho más a Raúl que al contrario.EL Madrid le dió primero una cantera en la que desarrollarse y después un club en el que hacerse grande. Raúl es lo que es por el Madrid y todos los títulos que ha conseguido, que no han sido pocos, los ha pagado el madrid y con creces.Ni más ni menos que a 7 millones de euros al año desde hace ya bastante tiempo.

Y sin embargo, todavía vemos como se cuestionan a los jóvenes delanteros en defensa de un Raúl que si se pusiese una careta no jugaría ni siquiera en segunda división.

Dicen que lo difícil no es llegar sino mantenerse. Y yo añado, y retirarse a tiempo.

5 aspectos que no me gustan de Pellegrini

Pellegrini es un tipo educado, con buena imagen y se supone que mano izquierda. Pero como entrenador ha demostrado ser más bien un alineador que un verdadero entrenador.

En mi opinión, un buen entrenador es la persona que gana partidos desde el banquillo, con cambios acertados, variantes tácticas o que es capaz de motivar a un grupo especialmente. También es aquella persona que sabe sacar el 110% de los jugadores. Poco o nada de esto ha hecho Pellegrini. Aquí van 5 aspectos que no me gustan desde Pellegrini.

1) Permanencia de Raúl. Sus dos últimos partidos como titular demuestran que Pellegrini confía en él. Es cierto que no ha sido siempre titular pero si es un hecho que es uno de los jugadores que más partidos ha jugado. A pesar del patente bajo rendimiento de Raúl, no sólo en goles, sino en juego, su permanencia en el equipo sigue siendo indiscutible. Es posible que todavía los éxitos pasados de Raúl, que no son pocos ni los discuto, nublen a muchas personas, y entre ellas a Pellegrini. Pero lo cierto es que dar minutos a Raúl como si fuese un canterano lo único que provoca es que otros jóvenes prometedores estén dejando de sumar minutos. Además, no permite despegar al equipo y adquirir personalidad propia. Raúl es el pasado. Tuvo su momento de gloria y lo aprovecho. Y ahora (y hace por lo menos 5 años) debería haber dado un paso atrás. El apoyo mediático tan brutal que tiene ha provocado que todavía hoy se oigan voces que reclaman la titularidad de un jugador que no sería titular en ningún equipo de primera si no mirásemos el carnet de identidad. Es hora de despertar del efecto Raúl. Dejo un vídeo con demasiadas verdades que a veces no hemos querido ver ni escuchar:

2) La apuesta por Guti. Nunca sabremos si Guti fue apartado, se lesionó de verdad o de mentira, pero lo cierto es que a Pellegrini le gusta Guti. Los mismos argumentos esgrimidos para Raúl sirven para el “motero de Torrelodones” . Sólo que en este caso se agravan con el comportamiento del 14. Hace tiempo que habría que haber apartado a Guti ,no sólo por sus declaraciones sino por su comportamiento. Más triste aún es que siga siendo capitán. Por más que sea un problema del club también lo es de Pellegrini y no ha sido capaz de resolverlo. Darle la manija a Guti ahora que el Madrid se juega los títulos es no haber visto los últimos 4 años del Madrid. Habiendo jugadores jóvenes y con ganas como Van der Vaart o Granero, la apuesta por Guti, que no olvidemos que tiene 33 años, demuestra un plan muy cortoplacista. Todos los minutos que sume Guti se los restará a los que de verdad son el futuro del Madrid.

3) El cuadrado mágico. No nos engañemos, Pellegrini apuesta por lo mismo que Luxemburgo y no es otra cosa que un juego con interiores que caigan de vez en cuando a las bandas. Este juego sobrecarga a los laterales que tienen que ser no sólo atletas si no también jugadores de alto nivel técnico que puedan llegar a la línea de fondo y resolver. Este cuadrado provoca un apelotonamiento de jugadores en el medio de campo espectacular. Jugadores que normalmente necesitan espacio como Ronaldo, Benzema, Higuain o Kaká se estorban muchas veces entre ellos. Este sistema significa desaprovechar un impresionante capital futbolístico.

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