Raúl González Blanco: el fin de una era (I)

El sábado Raúl González Blanco marcó su penúltimo gol con el Real Madrid y quizá jugó uno de sus últimos partidos. No sabemos cuántos jugará hasta saber exactamente el alcance de su lesión, pero si sabemos que es capaz de marcar su último gol en cualquier momento. La manera de celebrar el gol y el hecho de que se llevase el balón del partido nos hace pensar que Raúl podría estar pensando en su marcha del Real Madrid.

Soy de esos definidos como antiraulistas, a pesar de que en mi tierna infancia mi padre me dijo que no fuese antinada ni dijese la palabra odio. El antiraulismo no es más que una corriente que reniega del status quo y del inmovilismo que muchas veces atenaza nuestras sociedades y por extensión el fútbol. No hay nada tan nocivo como quedarse en el pasado  y rememorar viejos éxitos sin ser capaz de evolucionar. Y eso es justamente lo que ha representado Raúl todos estos años, el éxito pasado y el fracaso presente. Porque si el 7 representa para muchos madridistas las tres copas de Europa y uno de los periodos más brillantes del madridismo, también debe representar un duro periodo de consecutivas eliminaciones en Europa y un mediocre e indeterminado juego en la liga.

Raúl  quemó etapas en su juventud tan rápidamente que pasó de ser un chaval aficionado al fútbol a un curtido futbolista. Pasó de joven promesa del Real Madrid, promesa del fútbol español, delantero titular del Real Madrid, jugador referencia del Madrid, jugador referencia de la selección hasta ser uno de los jugadores más destacados a nivel internacional en apenas dos años. Su ascensión fue tan fulgurante que apenas le dio tiempo a pasar los periodos de dudas propios de cualquier joven que ha de ganarse su puesto. Raúl se asentó como delantero titular del Real Madrid con tal contundencia que parecía que su capacidad goleadora y de liderar el equipo iba a ser eterna.

Raul-Romareda

Debut de Raúl con 17 años en la Romareda

Y sin embargo, su ascensión fue tan rápida como lento su descenso. Y no porque no hubiese señales inequívocas de su menor rendimiento, sino por la cobardía e incapacidad de muchos entrenadores que seguían viendo en el 7 al que debía liderar el Madrid. Un equipo que contaba con jóvenes promesas que veían como se les comparaban, no con el Raúl de entonces, sino con el primer Raúl, que con 17 años derribó la puerta, no ya del filial sino del tercer equipo con una fuerza no vista hasta entonces. Un Raúl que ya no era la ni la sombra de aquel chaval imberbe, que parecía electricidad pura y que fue capaz de anotar una veintena de goles jugando por la banda izquierda.

Era aquel Raúl una década después, un calco al mismo Butragueño que se había visto obligado a retirarse, empujado precisamente por éste. La diferencia era que ningún entrenador se atrevió a apostar por jugadores más jóvenes a pesar de la evidencia del ocaso del 7 blanco que a pesar de su bajo rendimiento seguía metiendo goles, más por la inercia de jugar todos los minutos de delantero titular que por jugadas propias. Ya no era un delantero que se crease sus propios goles. Sin apenas velocidad, sin regate  y sin potencia, Raúl vivió del área como un rematador cualquiera, como un vulgar jugador que necesita sus goles para justificar su sueldo y no como un delantero titular de un Real Madrid que siempre requiere un rendimiento entre los 5 mejores del mundo.

Con todo,  sus goles y sobre todo su pasado, su jerarquía y ascendencia sobre prensa y afición sirvieron para mantenerle en la titularidad a pesar de hacer muchos menos méritos que otros jóvenes que con muchos menos minutos creaban más peligro, juego y goles. Cegados por sus records y con el recuerdo de algunos de sus maravillosos partidos como aquel 2-3 en Old Traford o su primer gol en el fondo norte del Bernabeu, los periodistas, los aficionados, madridistas o no, y lo que se llama el entorno siguió apoyando incondicionalmente a un jugador que lo había sido todo pero que estaba camino de una más que evidente cuesta abajo.

 Raúl González Blanco: El fin de una era (II)