El mordisco y la sanción a Luis Suárez

La sanción de la FIFA al jugador uruguayo acabo de rebajar su caché por lo menos a la mitad. En dos años, Suárez ha pasado de ser un buen jugador a devaluarse, a completar una excepcional temporada y ser pretendido por todos los clubes y a ver de nuevo su valor de mercado reducido.

El mordisco, demuestra la falta de inteligencia del jugador y además rebaja sustancialmente su imagen de marca, algo que hoy en día es fundamental para muchos clubes. No solamente es posible que el jugador deje al equipo con uno menos en un partido clave, sino que es posible que marcas multinacionales no quieran asociar su nombre al de Suárez.

Dicho esto, y sosteniendo siempre que yo siempre quiero en mi equipo a jugadores inteligentes, no deja de parecerme todo lo que gira en torno a la FIFA mucho de espectáculo público. Una suerte de circo mediático televisado.

Me explico. Que la acción de Suárez es indigna y sancionable es algo poco discutible. Pero que el límite no está bien trazado no lo es. ¿Es mejor un codazo a un mordisco? ¿Y una patada alevosa, un pellizco, un arañazo…? Se sanciona una acción aunque el árbitro no la pitó, ¿pero eso se hace siempre o solamente cuando lo captan las televisiones? ¿En qué casos?

Todas esas preguntas no tienen respuesta, y la FIFA, como la UEFA y la Federación española de fútbol, tres instituciones sinónimo de opacidad y mal funcionamiento, actúan por impulsos, con Comités designados al efecto, sin normas claras establecidas.

En este caso le ha tocado a Suárez, por ser su mordisco televisado en todo el mundo y por ser reincidente, pero a menudo se ven decenas de acciones más violentas y peligrosas para los futbolistas que no se sancionan siquiera por el árbitro, y que por supuesto también se sancionan a posteori. El rearbitraje  de los partidos, es por tanto selectivo, y eso es sin duda algo peligroso. O se tiende a la máxima de que todo lo que pasa dentro del campo se queda en el campo o por el contrario se abre la vía a rearbitrar los partidos, pero siempre con las normas preestablecidas.

Lo que no es de recibo es una fórmula mixta. Yo personalmente siempre he abogado por un arbitraje tecnológico, que permita arbitrar durante el partido todas las jugadas, gracias al uso de la tecnología. Limitar los errores arbitrales, juzgar al instante gracias a los múltiples avances que existen hoy en día, y ya, con la jugada sancionada emitir sanciones en función de la gravedad. Eso sí, prefijando previamente las normas de conducta y sus castigos.

No hacerlo supone un riesgo para el fútbol, con equipos más pequeños como Uruguay, sometidos al escarnio público de una FIFA siempre muy influenciable por los medios.

El mundial pierde a una de sus máximas estrellas, Uruguay cualquier posibilidad de llegar lejos y la FIFA se encuentra con la excusa perfecta para imponer sus normas. Nada bueno en mi modesta opinión.

El final del Caso Contador

El caso Contador es de principio a fin un conjunto de despropósitos que han acabado hoy con la sanción de dos años al ciclista. O al menos, este es el final si el corredor no recurre el veredicto del TAS en la justicia ordinaria. Todo el asunto pone en evidencia un deporte que todavía no ha entendido la necesidad de remar todos en una misma dirección. Y esa dirección no puede ser otra que reconocer el problema del dopaje del ciclismo. La connivencia de deportistas, entrenadores, equipos y federaciones e incluso organismos como la UCI no ayuda a sentar unas bases necesarias para atajar de raíz el problema. No es que sea sencillo hacerlo pero la vía adoptada por gran parte del entorno ciclista consistente en negar la existencia del dopaje desde tiempos inmemoriales no ayuda a asumir la importancia de renunciar a ello.

Tampoco ayudan unas normas y unas resoluciones incapaces de crear la necesaria seguridad jurídica para corredores. En el momento en que unos son sancionados y otros no por el mismo hecho todo el sistema entra en duda. Mientras haya unos países con unas normas distintas de otros y una importante politización del sistema va a ser difícil lograr la unificación de criterio. Existe en torno al dopaje una hipocresía consistente en criticarlo cuando es algo ajeno haciendo la vista gorda cuando se trata de algo propio. El paradigma de ello nuestro país, España, experta en esta hipocresía, la misma por cierto que niega la existencia de cualquier tipo de doping en el fútbol mientras acusa a deportes como el ciclismo.

Pero en todo caso, nada de esto debe restar importancia al hecho principal, el positivo de Alberto Contador y su falta de argumentos sólidos para probar su inocencia. Por tanto, conviene no llevarse a engaño y no utilizar el pésimo funcionamientos de todas las instancias para disminuir la culpa del ciclista. El ciclista, Alberto Contador, un fuera de serie sin duda de este deporte, dio positivo y se dopó mediante un conocido procedimiento. Y suya también fue la decisión de prorrogar un asunto que se ha dilatado demasiado en el tiempo. Bien es cierto que los plazos de comunicación así como la propia resolución del TAS dejan una la sensación de que el proceso ha sido anómalo.

 Aunque no habría existido ninguna anomalía si el propio corredor y su entorno hubiesen hecho lo adecuado y también lo que no hace casi ningún ciclista. Supongo que es mucho más difícil salir a la palestra y reconocer lo que todos sabíamos, asumir como un hombre y como un deportista la sanción por hacer trampas y de paso aprovechar eso para desvelar los trapos sucios del deporte. Es mucho pedir a Contador y a cualquiera pero es lo que debería haberse hecho en vez de utilizar la estrategia seguida. Una estrategia consistente en utilizar la opinión pública y los propios fallos del sistema para obtener un veredicto favorable.

 Así, Contador consiguió el apoyo público e incluso político hasta del presidente del gobierno lo que se tradujo en una dejación de funciones por parte de la Federación española de Ciclismo. En vez de sancionar al corredor como correspondía, la federación para evitar ser los malos de la película decidieron dejarlo en manos del TAS, ante el recurso presentado por la UCI y la AMA. Una decisión errónea y cobarde que ha provocado que meses después Contador sea sancionado. Lo que no fuimos capaz de realizar en nuestro propio país lo hicieron en un organismo internacional. Mientras nuestros Secretarios de Deporte, de federación, políticos y prensa defendían con uñas y dientes a Contador a sabiendas de la existencia evidente de un positivo, la prensa extranjera y los organismos internacionales acusaban al corredor de dopaje.

 Ahora Contador se enfrenta a una sanción de dos años, con carácter retroactivo, con la consiguiente pérdida  de Tour y Giro y la prohibición de correr hasta agosto. La misma sanción que hubiera obtenido si hubiese reconocido su dopaje o si la Federación española no se hubiese dejado llevar por su patrioterismo. A cambio, los amantes del deporte consideraríamos a Contador por lo menos un tipo valiente y a la federación una organización seria que defiende los valores del deporte.

 Nada me sabe peor que ver como un gran corredor como Alberto Contador que ha entrenado desde niño para ser un campeón es ahora sancionado. Cada caso de dopaje y cada correspondiente sanción hacen un daño terrible a la credibilidad del deporte. Por eso, en vez de aferrarnos a inocencias injustificables y a pruebas imposibles convendría desde el primer momento denunciar y criticar sin ambages a todos aquellos relacionados directa o indirectamente con el dopaje.