Real Madrid – Sevilla, un partido cada vez más caliente

Si nos guiamos por los últimos cinco enfrentamientos entre Real Madrid y Sevilla en el Bernabeu deberíamos pronosticar un partido con goles y con probable victoria local.

2005/06: Real Madrid-Sevilla: 4-2

2006/07: Real Madrid-Sevilla: 3-2

2007/08: Real Madrid-Sevilla: 3-1

2008/09: Real Madrid-Sevilla: 3-4

2009/10: Real Madrid-Sevilla: 3-2

Es un partido que se  ha convertido en una continua revancha ya que a domicilio el Real Madrid ha sufrido también severas derrotas.

La relación entre ambos equipos es aparentemente cordial a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con el Valencia, con una rivalidad enconada que se transmite desde la grada. La grada sevillista en cambio quiere la victoria de su equipo pero lo hace sin profesar ese odio visceral hacia el equipo grande. Y eso, a pesar de que jugadores tan emblemáticos como Zamorano o Suker fueron fichados por el Real Madrid.

El Sevilla, sin esos jugadores pero con otros, ha estado muy cerca de los grandes e incluso por encima en aquel año en el que fue “er mehó equipo der mundo”. Aquella frase fue casi una seña de identidad de su presidente Del Nido, casi tanto como su eslogan actual acerca de los derechos televisivos.

Lo cierto es que Del Nido sabe perfectamente navegar entre aguas salvajes, para eso abogado, y mientras denuncia una cosa hace la contraria. Un buen ejemplo ha sido su política de vender a sus mejores jugadores. Mientras predicaba la imposibilidad de vender a sus estrellas, negociaba por otro lado su venta. Consciente de la necesidad de ello para aligerar los gastos, el Sevilla ha sido capaz de mantenerse en la élite, vendiendo muy caro y comprando muy barato.

Uno de sus mejores compradores ha sido precisamente el Real Madrid, que pagó auténticas millonadas por jugadores como Ramos o Baptista. Este último salió del club, injustamente en mi opinión, pero el primero se ha consolidado como capitán. Lo ha hecho más por el paso del tiempo que por su evolución. Sergio Ramos es de los pocos jugadores que ha involucionado en cinco años. Recuerdo a aquel chaval de 19 años que jugaba en el Sevilla. Todo fuerza y coraje, parecía llamado a ser una leyenda en el fútbol, un nuevo Maldini, o al menos una aproximación porque dudo que salga otro como el italiano. Metía goles de tiros de falta, subía la banda con una frescura y claridad envidiable y parecía por momentos liderar incluso a su equipo.

Todas aquellas virtudes que se vieron durante su primer año se han ido diluyedo durante el transcurso de los años. Dicen que es más difícil el segundo año que el primero, por aquello de la consolidación. En el caso de Ramos se podría aplicar en genérico a los siguientes años, porque desde entonces han sido más sus partidos mediocres que sus partidos espectaculares.

Como si ya hubiese alcanzado la excelencia se ha estancado sin evolucionar, perdiendo cada vez más su popularidad entre un público que empieza a sospechar que Ramos está más preocupado por su vida social que por su vida futbolística. Una actitud, por cierto, muy típica de los jóvenes que llegan al Real Madrid (Raúl, Casillas, Sneijder…), pero que normalmente duraba como mucho un par de años. En Ramos se ha convertido en algo perpetuo.

La misma perpetuidad que parece haberse instalado en los comentarios de Del Nido, siempre en contra del equipo blanco. Quizá olvide el dirigente sevillista como Florentino Pérez pactó con él el fichaje de Ramos precisamente para que pareciese que en realidad habían pagado su claúsula y no habían podido retenerlo.

En todo caso, Del Nido es consciente de la importancia de los equipos grandes para seguir llevando a buen puerto su política de venta a precio de oro por jugadores fichados a precio de trigo. El último gran ejemplo la venta de Alves, un jugador que por cierto estaba prácticamente cerrado por el Real Madrid. Quizá por ello, ahora se sienta más barcelonista que el mejor canterano. El síndrome Luis Enrique es como se llama. El mismo que afectó a Etoó.

Un síndrome que curiosamente no se encuentra a la inversa o al menos yo lo desconozco, quizá porque el Real Madrid es menos corporativo en ese sentido. Lo hemos visto recientemente con las declaraciones de Iker Casillas afirmando que Messi era el mejor del mundo. Tuvo que ser Di Stéfano, poco sospechoso de no tener los valores blancos, el que dijese que el mejor era Cristiano, «que para eso está en nuestro equipo».

Detalles en definitiva, como la reciente declaración de Del Nido diciendo que Messi es un crack y Cristiano Ronaldo un buen jugador. Una provocación en toda regla que si viniese de Florentino sería poco menos que un escándalo. Esa es precisamente la gran virtud y el gran defecto del mandatario blanco, su escasa presencia en los medios. Aunque para eso está Valdano, o Butragueño o Pardeza. Aunque simplificandolo mejor dejarlo todo en manos de Mourinho, ¿no creen?