El Impacto de la renovación de Messi

Ayer se anunció la renovación de Leo Messi por el F.C.Barcelona, la enésima, que será en realidad la octava una vez firmada. Ocho renovaciones en trece temporadas, que no está mal para alguien de la casa, que siente los colores. Cristiano Ronaldo ha renovado su contrato en 2 ocasiones en 8 temporadas, si sirve la comparación para valorar no solo las políticas de renovaciones de uno y otro equipo sino la actitud de ambos jugadores.

El problema para el F.C.Barcelona, en todo caso, tiene que ver con una política de renovaciones y de fichajes perjudicial desde el punto de vista económico, que no tanto deportivo, al menos si tenemos en cuenta un saldo más amplio de años que los últimos 2 o 3. Pero como bien comenta este interesantísimo artículo, dicha política acabará teniendo una gran repercusión deportiva, que ya ha empezado a mostrarse.

La renovación de Messi, la piedra filosofal sobre la que parece fluctuar el pasado, presente y futuro de este F.C.Barcelona supone simple y llanamente hipotecar económicamente al club. Sobre todo combinado con las renovaciones al alza de Neymar y Suárez.

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El sueldo de Messi será tan elevado que ni siquiera se sabe, aunque si se ha especulado lo suficiente sobre ello como para tener varias referencias. Una cifra de 46 millones de euros, que serían netos es la que se cifra en esta información, con lo que el gasto que tendría que afrontar el F.C.Barcelona sería de entorno a un desembolso anual de casi 90 millones de euros por temporada. Este gasto unido a la denominada prima de fichaje tanto de Messi como de otras renovaciones pasadas supone una cantidad de más de 100 millones de euros anuales.

Si el presupuesto del F.C.Barcelona ha sido esta temporada de casi 700 millones, el sueldo de Leo Messi supone más de 12% del total, a lo que habría que sumar lo que el Barcelona denomina primas de fichaje, que no es más que sueldo encubierto en las renovaciones de sus jugadores. Por decirlo de otra manera, todo lo que ingresa el F.C.Barcelona por ingresos de competiciones internacionales va a parar a pagar el sueldo de Leo Messi.

Esta renovación junto con la de Suárez y Neymar, que cobrarían ambos entre 32 y 50 millones respectivamente significa que los tres jugadores más importantes del F.C.Barcelona le suponen al club un 24% de su presupuesto. Y a diferencia del Real Madrid el retorno es solamente deportivo, en tanto en cuanto no tienen cedidos partes de sus derechos de imagen. Y si bien Neymar está en una edad en la que todavía puede seguir evolucionando, Messi y Suárez (30 años ambos) no están en el apogeo de su carrera.

Esta circunstancia coincide con otra no menos importante, el límite salarial impuesto por el Fair play financiero, y que en el caso del F.C. Barcelona supone unos gastos en salarios de casi un 70% sobre los ingresos totales. Un ratio de salarios sobre ingresos que en el caso del Real Madrid apenas alcanza el 50%, y que supone que a la hora de fichar y de realizar futuras renovaciones el club blaugrana esté seriamente comprometido.

Ese ratio tan negativo explica las dificultades del F.C.Barcelona para fichar jugadores, algo que les penaliza ahora especialmente con la nueva capacidad de los equipos ingleses y de los jeques para pagar cláusulas y salarios.

El F.C Barcelona a cambio de renovar a su mejor jugador por el salario más alto del planeta hipotecará su futuro y se verá incapaz de renovar a una plantilla que ya este año ha sido menos competitiva y a la que ya le empieza a pesar la edad de muchos de sus pesos pesados. Sin noticias de la cantera y tras un pésimo año pasado a nivel de fichajes, con más de 120 millones de euros invertidos, el F.C.Barcelona necesita renovar su plantilla para seguir competiendo con los fichajes de los equipos de la Premier y con un Real Madrid que desde varios años se lleva a los mejores jóvenes de España y del planeta.

 

Un mercado de fichajes inflaccionista

 fichajes más caros de la historia

Algunos de los fichajes más caros de la historia

El mercado de fichajes en el fútbol está pasando por un periodo tremendamente inflacionista. Todo empezó el año pasado con la inyección monetaria en la Premier League inglesa  Un chorro de dinero que permitió que los clubes ingleses reventasen el mercado y que a su vez, los clubes vendedores pidiesen precios por sus jugadores, hasta antes impensables. Con la culminación final de Martial como fichaje estrella, con un posible coste total de cerca 80 millones de euros.

Hasta entonces se pagaban grandes cantidades de dinero pero por jugadores que reunían varias características específicas como su talento, su juventud, su experiencia o su capacidad comercial. Normalmente aquellos jugadores cuyo precio se situaba por encima de los 30 millones respondía a dos o tres de estos criterios juntos, siendo jugadores o contrastados o super promesas. Ya el año pasado, se situaron por encima de este precio jugadores como Otamendi (45 Millones) O Danilo(31) y varios otros.

Por ejemplo, el Real Madrid fichó a James por casi 85 millones. Una cantidad elevadísima, pero algo menos si se tenía en cuenta que había sido bota de oro del mundial, con algún gol espectacular, su juventud y sobre todo su impacto comercial en todo Latinoamérica. Ese mismo año, el Barcelona fichó a Suárez por una cantidad similar, sin duda, un jugador que garantizaba goles, con muchísima experiencia y uno de los tres mejores futbolistas del momento. Y antes, el Real Madrid había fichado por ejemplo a Cristiano, todo un balón de oro, robado al Manchester United por casi 100 millones de euros. Hablamos del mejor jugador del mundo del momento y toda una realidad.

Parece ser que lo de la campaña pasada el fútbol inglés se va a quedar corta y y en esta ya hemos visto algún fichaje de precio estrambótico como el de André Gómes por el Barcelona. Puede ascender a un total de 70 millones, un jugador que ni siquiera es titular indiscutible en su selección y tampoco en su club. Apenas 5 millones menos que James, ya un jugador relevante en el Mónaco y santo y seña de la selección colombiana. Pero sin duda lo de Higuain va a superar todo lo anterior.

No es que el argentino no sea un buen delantero, que lo es, pero ni por edad (ya 28) ni por rendimiento sostenido en el tiempo y tampoco por impacto comercial, es un jugador que vale ese precio. El mismo precio que pagó el Real Madrid por Cristiano Ronaldo, que contaba entonces con 24 años, y fue nombrado balón de oro, siendo el jugador más mediático del mundo.

La venta de Higuaín significa la posible salida de Pogba por 120 millones, otro precio absurdo teniendo en cuento los baremos presentados, que hasta entonces si presentaban varios de los fichajes más caros de la historia. Neymar, Cristiano Ronaldo, Bale, Zidane o Kaká presentan esas cualidades.

Veremos donde nos lleva este mercado, pero no tengo dudas de que esos precios que antes se pagaban por jugadores que sí garantizan ese retorno, tanto deportivo como comercial, ahora mismo es desproporcionado.

 

Contra 10, la Champion es más fácil

Felix Brych le enseña la tarjeta roja a Torres

Felix Brych le enseña la tarjeta roja a Torres

El F.C Barcelona fue capaz de ganar al Atlético de Madrid solamente cuando los rojiblancos se quedaron con 10. La segunda parte fue un asedio blaugrana contra un equipo que defendía un excelente resultado, el 0-1. Pero antes, al menos durante los primeros 25 minutos (tras el gol el Atlético de Madrid se echó atrás), el equipo rojiblanco daba la sensación de ser superior al Barcelona. Incluso se barruntaba el 0-2 con contraataques muy peligrosos. Los del ‘Cholo’ parecían ordenados y físicamente superiores a los de Luis Enrique.

La expulsión de Fernando Torres cambió todo el guión, o quizá solamente se cumplió el guión de siempre, por el cuál el Barcelona es medido con distinto rasero y casi siempre juega contra 10. Cuando se juega con el viento a favor siempre es mucho más fácil. Ya lo decía Mourinho, “¿pur qué?”. Uno lo llamó villarato, aunque todo empieza con Laporta y Villar.

Los números y las imágenes del partido de ayer no engañan. Es cierto que Fernando Torres no está acertado. Y se puede tolerar su expulsión, muy rigurosa, si luego el árbitro mantiene ese listón. Lo curioso es que un minuto después, Busquets hizo una entrada similar que no se saldó con amarilla. Claro, luego el mediocentro fue amonestado con una amarilla que debía haber sido roja.

Pero más flagrante aún es comprobar la impunidad de Suárez. El uruguayo es un delantero espectacular. Siempre lo fue. Pero mientras que en Inglaterra no se le permitían sus múltiples acciones antideportivas, desde que está en el Barcelona parece impune. Si con el Real Madrid debió ser expulsado por un codazo a Ramos, ayer debió serlo doblemente por sendas agresiones sin balón. Un puñetazo a Felipe Luis y esta patada a Juanfran. Pues resultó que estuvo en el campo los 90 minutos y le dio tiempo a marcar dos goles. Fernando Torres solo pudo marcar uno antes de ser expulsado.

Los números son aún más curiosos y nos dejan un partido en el que el Barcelona hizo más faltas. Sí, a pesar de tener el doble de posesión. Si el Atlético hizo 16 faltas, el Barcelona hizo 19. Las sanciones fueron muy distintas, 9 amarillas al Atlético de Madrid (y una roja por doble amarilla) y solamente 3 para el Barcelona.

Que cada cuál juzgue como considere. Roberto Fernández, el secretario técnico del Barcelona, fue más allá en su ópera bufa, y dijo que el árbitro habría perjudicado a los dos. Debe ser la nueva política de comunicación del Barcelona de tratar al resto como imbéciles. Y funciona, porque poco escándalo se ha armado, al menos en la prensa tradicional. Ni siquiera el entrenador rojiblanco dijo nada a pesar de que en la pretemporada tuvo la valentía de acusar al Real Madrid. El ‘Cholo’, que tuvo la desfachatez de decir en julio, ¡en julio!, que la liga estaba peligrosamente preparada para el Real Madrid, decidió ayer callar.

Solamente Filipe Luis explotó y dejo varias declaraciones, resumen de lo que piensan muchas aficionados:

“No sé qué tienen que hacer los jugadores del Barça para que les expulsen justamente como nosotros”

‘Me reafirmo lo que dije el otro día, al Barsa le pasan todo, y a los rivales no le pasan nada”

En todo caso, como decía en el artículo de ayer, si el Atlético de Madrid se llevaba un resultado positivo, y el 2-1 no es malo, la eliminatoria podía ser robijlanca en el Caderón. Siempre y cuando, claro, el árbitro no vuelva a decantar la balanza. Así que perded toda esperanza…

Lluvia de valores

En el tercer año del post-guardiolismo, el Barcelona vive una de las crisis de imagen más fuerte que se le recuerda. Sus principales estrellas, Neymar y Messi se hallan en plenos procesos judiciales por falta de transparencia con Hacienda, el club ha sido suspendido sin fichar durante un año por la FIFA, máximo organismo deportivo, y su fichaje más caro del año y segundo en la historia, Luis Suárez, no puede jugar por la sanción impuesta tras su mordisco a un rival durante un mundial.

Este Barcelona parece que a medida que ha comenzado a perder títulos y a no ser el club dominante, ha olvidado con rapidez su discurso predominante de los valores y la humildad. Un discurso que motivó que el Barcelona no pareciese solamente superior a nivel deportivo sino también a nivel ético y moral. Con numerosos jugadores provenientes de la Masía, el patrocinio de UNICEF, la figura de Messi como máximo exponente de la humildad y el ascendente de Guardiola como gurú del fútbol y persona dotada de un áurea especial, como si su capacidad deportiva estuviese supeditada a sus valores personales, el Barcelona fue el equipo al que todos querían parecerse.

Tanto fue así, que desde la Ciudad Condal se daban constantes lecciones de cómo perder, cómo ganar, como comportarse. Aunque a veces no concordasen con la realidad, lo cierto es que la campaña propagandística fue excepcional. Incluso el año pasado, todavía jugadores como Piqué o el recién fichado Tata Martino, se atrevían a criticar el fichaje de Bale, por ser un gasto excesivo. Sin atender a aquello de ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el ojo propio, esa actitud ha caracterizado a este Barcelona durante los últimos años.

 Ahora que el escándalo se cierne de manera inexorable sobre el club, de todas las maneras posibles, no parece no obstante tan grande el impacto como debería. Es como si el club hubiese logrado establecer un escudo defensivo por el cuál todos los escándalos que ocurren no están directamente relacionados con su gestión, y tuviese que ver con las acciones injustas o perversas de terceros, llámense Hacienda, Fifa o incluso hasta Florentino Pérez. Todo vale para justificar lo injustificable.

 Recuerda en cierta manera al caso de políticos corruptos, que se aferran a su cargo y a su imagen de inocentes hasta el último suspiro, aunque existen pruebas suficientes para demostrar lo contrario. En este caso, también hay ciudadanos dispuestos a jalear a sus ídolos, aunque estos hayan defraudado a la misma Hacienda a la que ellos tienen que pagar religiosamente año a año

 Tras confirmarse la imputación de Leo Messi, no tardará la prensa enemiga en cargar contra las estrellas del Real Madrid y contra el club. Se tratará de buscar una brecha a través de la cuál igualar las culpas, para poder meter en el mismo saco a “los dos grandes” y así mitigar las culpas o sino esparcir la mierda.

 Lo cierto es que si esto hubiese sido al revés y Cristiano, ese odioso portugués, hubiese dejado de pagar a Hacienda 4 millones; Bale,en vez de costar los 96 que se dijeron, hubiese costado casi el doble, James no hubiese podido debutar por morder a un rival durante un mundial y el Real Madrid estuviese durante un año sin fichar por fichar de manera irregular a menores, el impacto habría sido no del doble sino del triple. Faltarían periodistas para pedir la dimisión de todos los directivos y pedir la expulsión del club de los jugadores faltos de los valores madridistas. También habría estado el club en permanente revisión y escrutinio por los aficionados de otros equipos, escandalizados con el robo a Hacienda de las estrellas del Real Madrid.

 Fíjense si sería así, que el Real Madrid actual recibe críticas de todos lados, por fichar a los jugadores con su dinero,acorde con la legalidad,  por la cantidad que le parece adecuada, pagando a Hacienda y con acuerdo con los clubes de origen.

 Así que imagínense por un instante a Cristiano Ronaldo y a Bale entrando a la vez en un juzgado, con Florentino Pérez imputado en el proceso también. Eso sería un escándalo gigantesco, el mismo que ahora vivimos con este Barcelona.

¿Hay racismo en el fútbol?

Hace pocos días las noticias echaban humo con los insultos de Suárez a Evra. Decía la noticia que le había llamado negro hasta siete veces. Hoy mismo, se da en los periódicos amarillistas españoles otra noticia sobre un insulto racista de un aficionado a un jugador, con los consabidos precedentes de Luis Aragonés y Reyes y otros muchos.

Luis Suárez insultando a Evra

Luis Suárez insultando a Patrice Evra. Fuente: (AP Photo/Tim Hales, file)

Todos ellos parecen casos flagrantes de racismo, o al menos se venden así, cuando en realidad no dejan de ser expresiones cuyo objetivo es menospreciar, insultar, ofender o alterar al rival. Y dentro de estas expresiones caben desde insultos racistas, xenófobos hasta insultos de todo tipo y condición de los que podríamos poner aquí una lista tan larga que no cabrían en varios post. Y, sin embargo, nunca nadie se ha ofendido porque a un portero se le llame “puta de cabaret”, a un jugador “maricón”, a otro cornudo (Cholo Simeone) y a la mayoría hijos de su santísima madre. Insultos por los que muchos en la calle no dudarían en partirte la cara y que en el fútbol y en el resto de deportes son meras expresiones que se utilizan para ofender al adversario.

El objetivo es ofender a toda costa, utilizando todo tipo de expresiones que puedan molestar especialmente al rival. Hay jugadores especialistas en provocar en el rival la mayor de las iras. Uno de los mejores ejemplos fue el insulto de Materazzi a Zidane. ¿Alguien se alarmó porque el italiano insultase gravemente a Zidane? No, eso es parte del juego y Zidane como profesional lo sabe y debe controlar sus impulsos. ¿Habría sido diferente si le hubiesen llamado moro de mierda? Pues tampoco, porque la intención de Matezzati habría sido la misma, sacar al adversario del rival, y no al contrario ofender a una etnia o discriminarla.

Porque cuando se habla de racismo con esa facilidad, en realidad se pierde la esencia de lo que es. El racismo como tal es la defensa racial de una etnia, y la discriminación racial es por tanto la exacerbación de esa defensa menospreciando al resto. La xenofobía, otro mal extendido está ligado a la discriminación de extranjeros.

Honestamente no veo ninguno de estos conceptos en el insulto de Suárez a Evra. Aunque le hubiese llamado 500 veces negro, ni el contexto de sus palabras ni la situación real me hace pensar que se trate de racismo. ¿Intenta Suárez discriminar a un jugador negro, habiendo más negros en su equipo?¿Y cómo lo discrimina? ¿Insultándole? ¿La intención de Suárez con ese insulto es manifestar su superioridad como blanco sobre un negro como Evra?¿O por el contrario su intención es ofender a Evra para descentrarle, cuando le estaba defendiendo bastante bien?

Yo entiendo que en países como Gran Bretaña o Francia exista una gran sensibilidad  contra los comportamientos racistas. Lo entiendo sinceramente porque es algo grave que afecta a la libertad básica de las personas. Pero lo que no se puede hacer es fuegos de artificios ni demagogias con este tipo de comportamientos.

Si escarmentando a Suárez por llamar a otro jugador negro creen que atajan la raíz del problema se equivocan porque esa no es la raíz, ni la toca siquiera. La raíz de ese problema si existiese en el fútbol estaría en la existencia de una estructura que favoreciese comportamientos racistas, cosa que no ocurre.

La FIFA y la UEFA, “rino y dino”, “dino y rino”, se llenan la boca con la palabra discriminación racial y lo único que hacen en realidad es amplificar unas situaciones que lejos de ser casos de racismo son actos impulsivos cuya intención es ofender al contrario. Ni creo que Suárez considere a Evra mejor o peor por ser negro, ni creo que Busquets cuando llamó mono a Marcelo tuviese una intención distinta que sacar a Marcelo del partido. Ninguna de las dos acciones debería ser objeto de investigación y por más artículos contra el racismo que tenga la UEFA, deben referirse a los casos de verdad, que alguno habrá.

El insulto aislado, o del conjunto de una afición, me da igual, tendrá por objeto generalmente la ofensa, en general, de los jugadores. Ofensa que es cierto que a veces llega demasiado lejos. He escuchado como los aficionados de un equipo gritaban extasiados y ufanos que el hijo de Mijatovic se iba a morir y he escuchado también referencias bastante repugnantes a la triste muerte de Puerta. He escuchado insultos divertidos e irritantes, dolorosos y banales, colectivos e individuales, pero todos ellos, incluso los más duros me han parecido intentos, a veces desesperados, de descentrar al rival.

Todos ellos deben quedar en el campo como expresiones del fútbol, porque de lo contrario deberíamos monitorizar los partidos con 50.000 cámaras, una por aficionado. El jugador de fútbol cuando se hace profesional ya descuenta que le insultarán, como los árbitros, y aunque a veces se pueda sorprender por la dureza de los insultos debe entender como profesional, que la intención de los mismos es descentrarle.

Por eso, cuando un jugador habla de insultos racistas o de otro tipo, en realidad demuestra que los insultos le han descentrado. La afición ha logrado su objetivo. Si mañana los grandes jugadores enumerasen los cinco insultos más graves que le han dicho, nos quedaríamos todos de piedra. No dudo que defensas y adversarios dirán todo tipo de barbaridad para intentar que los grandes rivales se descentren. Por tanto, la denuncia de Evra es poco profesional porque el insulto ha logrado su objetivo y ha demostrado que a Evra todavía le falta entender que es el fútbol.