La posesión, ese gran impostor

Las semifinales de la Champion League han dejado como gran perdedor a Pep Guardiola. No tanto al Bayern de Munich que demostró su potencial el año pasado ganando el triplete, sino al técnico catalán y a su concepto extremo del fútbol de posesión. Llegó incluso a decir en rueda de prensa tras el partido que habían perdido por no controlar el balón en la primera parte.

El juego del Real Madrid con un 35% de posesión dice lo contrario, pero también lo dice la otra semifinal, con dos equipos que básicamente juegan a no dominar el juego a través de la posesión. Buscan, más bien al contrario, dominar el juego a través de una defensa férrea y de un juego muy táctico y ordenado.

El tiki-taka entendido no como aquel juego maravilloso que nos dejó la España de Luis Aragonés o incluso el Barcelona de Guardiola, sino como sistema extremo donde es más importante retener el balón a toda costa, antes de arriesgarlo con un regate o un tiro, ha sufrido una gran debacle.

Xavi como máximo exponente del tiki-taka

Xavi como máximo exponente del tiki-taka

Ese estilo de juego vive hoy sus días más bajos, a pesar de que hace no tanto parecía la única solución posible para lograr el triunfo. Durante el exitoso primer año de Guardiola parecía que ese estilo era el único posible e incluso en el Real Madrid surgieron los aduladores y aquellos que pensaban que esa era la única vía para el éxito. Parecían no saber todos estos que el fútbol son ciclos y que el fútbol del Real Madrid nunca ha sido precisamente de toque-toque, sino más bien un fútbol vertical, de control de balón en ocasiones pero concediendo muchas ocasiones.

Luego llegó Mourihno y venció por primera vez al equipo de Pep en aquella inolvidable eliminatoria en la que el Inter primero ganó en la ida 3-1 y después aguantó de manera estoica con diez jugadores, cediendo solamente un 1-0. La eliminatoria de los aspersores comenzó a sembrar las dudas en el tiki-taka como único modelo posible, como un modelo radical, imposible de cambiar hasta en las circunstancias más adversas.

En los siguientes años la lucha cuerpo a cuerpo entre Pep Guardiola y José Mourihno acabó con el primero exiliado en New York y con el segundo exhausto en Madrid, tras vencer, eso sí al Barcelona finalmente y lograr una inigualable liga de 100 puntos.  Esa fue la segunda gran estocada de Mourihno, tras la primera con el Inter.

El precio que pagó Mourinho fue un desgaste total del que también se contagió un Real Madrid que en su última temporada no ganó nada.  El precio que pagó el Barcelona fue mucho menor y a pesar de que el tiki-taka, el estilo de juego de la posesión por la posesión vivió su capítulo más sangrante contra el Bayern de Munich,  pareció paliarse logrando ganar una liga que el Real Madrid regaló en los primeros partidos de la temporada.

Ese triunfo palió el dolor de una derrota ante el Bayern de Munich que debió hacer saltar todas las alarmas, pero que pareció provocar el efecto contrario. El club siguió creyendo ciegamente en el mismo estilo y jugadores, a pesar de que ya eran tres las claras advertencias.

Con un nuevo entrenador y el fichaje estrella de Neymar, el Barcelona se creyó su propio discurso, ignorando la máxima del fútbol que habla de ciclos naturales. Ciclos cuyo fin es inevitable pero que deben gestionarse de la mejor manera posible para evitar muchos años vagando en el desierto. Solamente tenían que haber visto al vecino. El Real Madrid  gestionó pésimamente el ocaso galáctico.

La llegada del Tata, con los primeros resultados del año pareció nuevamente un acierto, aunque en realidad era un nuevo parche que mientras duró puesto cumplió su función. Con el Atlético de Madrid como equipo de moda, y con el Real Madrid sin el corsé de Mourinho y nuevos jugadores de refresco, se empezó a ver a un equipo en decadencia.

La decadencia llegó incluso al discurso, con Xavi Hernández afirmando aquello del “resultado es un impostor”. Esa frase escondió en realidad la impotencia de un equipo que había antepuesto el estilo al resultado no por convicción sino por necesidad. Porque el Barcelona ya no ganaba como antes no porque mantuviese el estilo sino porque no podía.

El golpe de la Copa del Rey y la eliminación ante el Atlético de Madrid en una eliminatoria pésima del equipo blaugrana ha sido la puntilla a un modelo que necesita regenerarse.

Un golpe, que  paradójicamente parece agravarse con la derrota de un Bayern de Munich que practica el mismo estilo de juego que el Barcelona, y que parecía una especie de versión 3.0 del fútbol ya caduco del último Barcelona.

El fin del Tiki-taka: Bayern de Munich 4 – Barcelona 0

Bayern de Munich 4 -0 F.C Barcelona

Bayern de Munich 4 -0 F.C Barcelona

El Barcelona F.C perdió ayer 4 a 0 con un 68% de posesión a su favor. Lo que antes se argumentaba como justificante del éxito, ayer justifica lo contrario, el fracaso de un modelo que llevado al extremo y sin otros componentes absolutamente necesarios no puede garantizar por sí mismo la victoria.

 Argumentaba Xavi, siempre atento a la propaganda neotikitakera que los alemanes habían sido más fuertes físicamente. La realidad es el Bayern de Munich ganó ayer porque fue superior física y tácticamente al igual que el Barcelona ha cimentado parte de su éxito en esos dos componentes.

 De hecho, la gran diferencia entre este Barcelona de Tito y el primer Barcelona de Guardiola es la presión asfixiante que realizaba el equipo y la muy buena colocación táctica. Aquel Barcelona seguía teniendo la posesión pero sobre todo le atacaban muy poco y recibía pocos goles.

 Por eso, la posesión por sí misma no garantiza nada, solamente el control del balón, que no del partido. En un escenario como el de ayer, el Bayern de Munich estaba mucho más cómodo permitiendo que el Barcelona tocase sin peligro y creando peligro con ataques fulgurantes que sobando el balón sin acercarse al área.

 El Bayern de Munich remató ayer al Barcelona y lo hirió de muerte aunque ya había sido el Real Madrid el que le había asestado varios golpes mortales de necesidad. El 1-2 del año pasado en liga y el 1-3 de este año en la Copa de Rey no son más que versiones pasadas del partido de ayer.

 Este Barcelona, que algunos se han empeñado en señalar que es el mejor equipo del mundo ha dejado de serlo hace dos años. Lo fue con el triplete y el doblete de Guardiola pero empezó a dejar de serlo en el segundo año de Mourinho. Fue el año pasado cuando se constató que este Barcelona aún siendo un gran equipo era inferior por ejemplo al Real Madrid, que le arrebató la liga. De igual manera durante el presente curso se ha visto a un Barcelona débil en muchos partidos, no solo contra el Real Madrid al que lleva partidos sin ganar. En los últimos 5 partidos de Champion League solamente ha ganado uno, al Milán, que no es el equipo italiano más poderoso.

La liga, ganada casi en octubre, por desidia y dejadez del Real Madrid aunque con brillantez por la cantidad de puntos y partidos ganados, quizá sea uno de los últimos coletazos de un Barcelona cuyo ciclo exitoso comenzó hace ya casi cinco años. Un largo ciclo que como todos se acaba. Al menos en cuanto al dominio arrollador mostrado.

 Seguirá teniendo un gran equipo y podrá optar año a año a todos los títulos pero ya con más dudas. Con Messi todavía con años por delante y con otra serie de muy buenos jugadores este Barcelona será un gran rival pero para ello deberá realizar ajustes en una plantilla que empieza a hacer aguas. Con jugadores veteranos como Puyol o Xavi, con Valdés a punto de marcharse, con fichajes como Song fracasados y con canteranos verdes todavía como la lechuga como Bartra, este equipo va a necesitar una importante restructuración.

 El modelo posesión y cantera sirve  cuando el equipo está a tope físicamente y cuando los canteranos se adaptan perfectamente al equipo. Y sobre todo cuando Messi, el finalizador del Tiki Taka está fino. Y de igual manera, el modelo de este Bayern o del mejor Real Madrid se sustenta en un equipo físicamente fuerte y tácticamente comprometido.

 No son los valores ni la humildad ni el origen de los jugadores, y a veces ni siquiera lo bien que se lleva el equipo. Lo que nos han contado estos años es una gran mentira y para ganar, además de un modelo de juego se necesita jugadores que corren más o igual que el rival, algo de suerte y mucho acierto