Su competitividad extrema fue lo que le llevó al éxito y también lo que le llevo a estar fuera de la selección, porque Luis entendió que perjudicaba más que ayudaba. La historia la cuentan los vencedores y por eso quizá estaríamos hablando de otra cosa si España no hubiese ganado la Eurocopa.
Lo cierto es que lo hizo, y por primera vez en mucho tiempo se vió a una selección liderada no por uno o dos jugadores, si no por un conjunto de ellos. Alternándose incluso el liderazgo, a pesar de la capitanía de Casillas, la actual selección española cuenta con un conjunto de jugadores tremendamente competitivos y ambiciosos que buscan gestas mayores. Xavi, Villa, Torres, Xabi Alonso o Puyol lideran esta selección como lo hicieron los Fernandos en el Madrid junto con Roberto Carlos o Raúl. Un liderazgo fuera del campo pero también en el mismo por calidad, goles y juego. España estaba por fin capacitada para ganar campeonatos porque sus jugadores habían asumido que todos eran responsables de la victoria o derrota, y que no dependían de un solo jugador para tirar del carro. Todos tiraron de ese carro y lo hicieron juntos con mucha más fuerza que uno sólo.
Raúl González Blanco no fue nunca capaz de entender la necesidad de apartarse ante la llegada de nuevos y mejores jugadores. Siempre pensó que su cometido era liderar el Madrid sin excusas, sin tregua. Por su propio beneficio pero también por el beneficio del club. Como Di Stefano en su día, Raúl siempre ha querido ser titular y nunca lo ha negado. Pero existe una gran diferencia entre querer ser titular y mecerlo, y querer ser titular pero ser consciente de que no lo mereces ni puedes serlo.
Esa consciencia de tus limitaciones no está al alcance de todos y por eso es muchas veces necesaria la figura de un entrenador, o un presidente en el caso de Di Stefano, capaz de tomar esa decisión por ti. Nadie lo hizo con Raúl y él tampoco supo apartarse como Emilio Butragueño en su día, también espoleado por Valdano. Tampoco se le puede pedir la retirada tal y como hizo Zidane en un gesto de grandeza y también de tremenda inteligencia al retirarse en su esplendor. Lo intentó hacer Jordan y fracasó. No, no es fácil asumir que ya no puedes rendir al mismo nivel que antes. Y mucho menos si la prensa y la afición te dicen lo contrario.
El mayor enemigo de Raúl han sido los entrenadores, la prensa y la afición incapaces de pedir su suplencia y su retirada para mayor gloria suya. Porque si algo se le puede reprochar a Raúl en su carrera es que haya seguido jugando arrastrándose, casi literalmente, por los campos, dando una imagen de jugador empeñado en unos records que son solamente eso, records. Números absurdos que comparan los goles de jugadores como Zarra o Di Stefano con los de Raúl cuando éste ha necesitado el doble de partidos. Records que comparan distintas épocas, distintas edades y distintos méritos. Records que no han beneficiado al club puesto que la mayoría de goles de Raúl han sido goles sin importancia, sin capacidad resolutiva. Goles de esos que bien podrían marcarse en los minutos de la basura.
Son en definitiva goles por los que no recordaré a Raúl. Yo recordaré a Raúl por su primera y gran etapa en el Madrid. Le recordaré eternamente por su debut en el Zaragoza, la sensación que tenía de peligro inminente y sus “casi goles”; por su gol parecido al del Buitre en Cádiz, contra el Atlético jugando con diez; por su gol, el aguanís, en la Intercontinental ganando el partido; o por sus dos goles contra el Manchester, pasando a la historia el primero de ellos como uno de los goles más espectaculares que he visto gracias a la soberbia jugada de Redondo y el desmarque de Raúl.
Esos goles, y no el del sábado, pasarán a formar parte de mi memoria cada vez que alguien nombre a Raúl. El 7 blanco será para mí ese jugador eléctrico y goleador que creaba jugadas de peligro en cualquier lugar. El 7 blanco será por siempre ese jugador, y no el último que hemos visto: el de los churrigoles, el de los rechaces, el que se señalaba el número revindicativamente y con odio, el que se enfrentó en un pulso con el entrenador de España.
Mi recuerdo será siempre para aquel chaval que sonreía con ingenuidad, y que formó parte de un bloque de ensueño que él mismo contribuyó a hacer más grande.


